lunes, 9 de junio de 2025

046 - Guillena


Queridos amigos,

Una vez más recorro llanuras infinitas, donde la soledad se hace tangible y la única compañía son tus sentimientos y pensamientos. En estos parajes, si no estás en paz contigo mismo, más vale optar por el transporte público.

Mis pasos resuenan con fuerza en el silencio, pero dentro de mí sé que no camino solo. Me acompañan las personas que quiero, por las que sería capaz de todo, por difícil que fuera. Vienen conmigo quienes me apoyan, quienes me envían fuerza y ánimo. También viajan mis ilusiones, y esa fe inquebrantable por hacerlas realidad. Y, cómo no, viaja también mi locura, esa que no conoce límites. En fin… que esto ya parece una romería.

Por otra parte, soy muy consciente de que en mi interior coexisten dos almas en perfecta simbiosis: una espiritual, que busca la luz; y otra guerrera, que no teme la oscuridad. Unidas como un matrimonio bien avenido, guían mis pasos hacia retos complejos, envueltas en la férrea calma y disciplina de pudiera tener un templario.

Hoy contaré otra anécdota, esta vez vinculada a la educación: Caminando a pleno sol hacia Guillena por una pista de tierra, he tenido la fortuna de que me sobrepasara a toda velocidad un coche Mercedes de alta gama, depositando en mi persona una nube de polvo. “Con dó cojóne..”, que diría un malagueño. Se ve que no ha quedado satisfecho el conductor, un hombre con unas seis décadas de antigüedad a sus espaldas. Así que, pasados unos minutos, de regreso, repite la misma acción, dejándome en esta ocasión bien rebozado de polvo, como una croqueta lista para echar a la sartén. ¡Nivel Dios el de este “señor”!

Más tarde y por la misma pista, se acerca un tractor portando mangueras para canalizar el agua. Antes de llegar a mi altura, toca el claxon y se detiene para que pase. Nos saludamos, y hablamos unos minutos antes de despedirnos. Ahora no hay polvo, hay educación; y además, emanando de una persona de campo, tantas veces menospreciadas.

En mi avance, observo grandes fincas con plantaciones que no soy capaz de identificar. A lo lejos veo dos personas trabajando sobre líneas de cultivo trazadas con precisión quirúrgica. Empujado por la curiosidad, me dirijo hacia ellos. Al llegar me encuentro con dos hombres de Senegal: Amadou y Bagnomo. Tras indicar que trabajan en el cultivo de sandías, me intereso por sus vidas. En sus rostros se puede leer el sufrimiento y la nostalgia, muy probablemente por sus respectivas familias. Antes de despedirnos, les dedico unas palabras de ánimo y de bienvenida a España.

Acompañado de un calor insoportable, alcanzo Guillena, mi destino en el día de hoy. Esta ciudad, situada en la comarca de la Vega del Guadalquivir, es una zona de transición entre la campiña sevillana y las estribaciones de Sierra Morena. Sus orígenes se remontan a tiempos prehistóricos, como lo demuestran diversos hallazgos arqueológicos en la zona. Sin embargo, el primer asentamiento documentado se sitúa en época romana, cuando la villa formaba parte de la red agrícola que abastecía a Hispalis (la actual Sevilla). Posteriormente, durante la dominación islámica, Guillena adquirió importancia como punto defensivo y agrícola, siendo conocida como Walyana. Posteriormente, en el siglo XIII, pasó a formar parte del reino de Castilla, integrándose en la estructura feudal de la época.

Entre sus monumentos más destacados se encuentran: la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de la Granada; la Torre del Agua, una antigua estructura hidráulica que forma parte del sistema de riego tradicional; la Fuente de las Pilas, situada en el casco histórico, es uno de los lugares más emblemáticos y representa la importancia del agua en la vida cotidiana del pueblo; y finalmente, el Castillo de las Guardas.

Guillena también cuenta con otro tipo de patrimonio, cómo puede ser el Camino de Santiago de la Plata, que atraviesa la localidad y ha favorecido la llegada de peregrinos y visitantes; y también, el Parque Natural de Sierra Norte, muy próximo, lo que convierte a esta población en un punto de partida ideal para excursiones y actividades al aire libre.

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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2 comentarios:

  1. Un saludo "polvoriento" y un ejemplo de humanidad en Guillena

    Querido amigo en marcha,

    Leyendo tu relato de hoy, me he imaginado la escena del Mercedes "espolvoreador": "Con dó cojóne..." es una expresión que capta perfectamente la sorpresa (¡y quizás un poco de fastidio!) en ese momento. Pero, como suele pasar, justo cuando menos te lo esperas, la vida te pone delante ejemplos de verdadera educación y respeto, incluso en medio del polvo de los campos andaluces. El tractorista que se para para dejarte pasar y charla un rato es un potente recordatorio: la educación no necesita coches de lujo, sino un simple gesto de consideración.

    Y luego, el encuentro con Amadou y Bagnomo. Sus historias, los rostros que hablan de sufrimiento y nostalgia, son un golpe en el estómago. Tu curiosidad y tu gesto de bienvenida son un rayo de sol en un mundo que a veces parece olvidar la humanidad. Es precisamente en estos encuentros, en estas pequeñas pero significativas interacciones, donde se encuentra el verdadero sentido de la regeneración, esa que parte de las personas, del respeto y de la empatía.

    Sigue así, paso a paso, recogiendo historias y sembrando esperanza. Tu marcha es un camino físico, pero también un recorrido de descubrimiento humano que, estoy seguro, ya está dejando huella.

    ¡Un abrazo y adelante!

    [...para español (y no solo...) agradezco a la red...😉]

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    1. Muchas gracias, mi querido amigo Carlo !!
      Tu comentario es muy entrañable, deja huella. Hablar directamente con los dos hombres de Senegal me causó una gran impresión. Ver sus rostros a corta distancia, marcados por el duro trabajo del campo, la nostalgia; y muy probablemente, la desesperanza, impactaron en mi persona.
      Debemos valorar lo que tenemos. En demasiadas ocasiones no lo hacemos.
      Un abrazo muy fuerte🤗🤗

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