Queridos amigos,
Subo por la pista que me acerca al Torcal de Antequera. Por una de las orillas, el agua desciende con fuerza camino de Villanueva de la Concepción, el pueblo en el que he pasado la noche. Al paso y con tristeza, observo mucha basura tirada en el cauce por el que discurre el agua. Botellas, latas, bolsas de supermercados y todo tipo de objetos. Resulta increíble la poca consideración que algunos tienen hacia la naturaleza, más si tenemos en cuenta que nos encontramos en un entorno protegido, Paraje Natural de Interés Nacional.
Hoy vuelvo a escribir sobre la contaminación. Olvidamos con demasiada frecuencia que la naturaleza es algo que nos protege, que es nuestra vida. Nos da el aire que respiramos, el agua que bebemos y los paisajes que nos llenan de paz. Sin embargo, cada vez es más frecuente ver cómo se contamina con todo tipo de desechos: plásticos en los ríos, latas en los senderos, colillas entre las flores. Es profundamente triste y frustrante ver cómo la irresponsabilidad de algunos pone en peligro algo tan valioso. Echar basura en la naturaleza no es solo una falta de respeto, es un acto que tiene consecuencias reales: contamina los ecosistemas, daña la fauna y deteriora espacios que deberían ser sagrados. Cada envoltorio tirado, cada botella abandonada, es una pequeña herida abierta en el corazón del planeta. Necesitamos tomar conciencia. Cuidar la naturaleza no es una opción, es una obligación con nosotros mismos, con las generaciones futuras y con el mundo que compartimos. Por favor, dejemos de ensuciar lo que nos da vida. La Tierra no es un vertedero, es nuestro hogar. Estoy cansado de afirmar, que la naturaleza es pura medicina, especialmente cuando caminas en silencio entre plantas y árboles.
Vivimos en un mundo enloquecido por un consumismo desaforado. Cada día se nos bombardea con mensajes que nos empujan a comprar, a tener más, a desear lo que no necesitamos. Se nos ha hecho creer que el valor de una persona depende de lo que posee, no de lo que es. Y así, atrapados en esa rueda interminable, olvidamos lo esencial. Corremos detrás de objetos, de marcas, de modas pasajeras, mientras perdemos tiempo, energía y sentido. La publicidad crea carencias donde no las hay, y el sistema nos convierte en engranajes de una máquina que nunca se sacia. Este ritmo frenético nos aleja de la naturaleza, de las relaciones reales, de nosotros mismos. El planeta paga un precio altísimo por este estilo de vida: recursos agotados, contaminación creciente, montañas de residuos que nadie quiere ver. Y nosotros también lo pagamos, con ansiedad, vacío y desconexión. Es urgente parar, mirar con ojos críticos y recuperar la sencillez. Vivir mejor no es vivir con más, sino con lo justo, con conciencia y con respeto por todo lo que nos rodea. El consumo no debe ser el centro de nuestras vidas, sino una herramienta al servicio de una existencia más humana y equilibrada.
Avanzo con esfuerzo hacia lo alto del Torcal, pasando revista a las espigas de trigo, erguidas como pequeños soldados a ambos lados del camino. Sorprende la altitud a la que se cultiva este cereal en la zona. Ya en la cima, las vistas son realmente excepcionales a ambos lados del macizo rocoso, más este año por la lluvia caída. Un lujo poder estar en este lugar.
Antequera me acoge con una sorpresa. Recibo la llamada de mi querido amigo Ramón, para proponerme comer en la ciudad junto con su mujer Margari, algo que acepto encantado. Finalmente nos reunimos en el restaurante “Caserío de San Benito”, un antiguo cortijo alejado una veintena de kilómetros al norte de la ciudad.
Antequera, situada entre Málaga, Granada, Córdoba y Sevilla, su ubicación la convierte en un punto de encuentro privilegiado, tanto geográfico como cultural. No es posible hablar de esta ciudad sin mencionar su paisaje natural, presidido por la imponente Peña de los Enamorados y, muy cerca, el Torcal, un laberinto de formaciones kársticas que parece sacado de otro planeta.
Los dólmenes de Antequera, construidos hace más de 4000 años, son uno de los conjuntos megalíticos más importantes de Europa, declarados Patrimonio Mundial por la Unesco. La Alcazaba, dominando la ciudad desde lo alto; la Real Colegiata de Santa María la Mayor, situada junto a la Alcazaba; las iglesias del Carmen y de San Sebastián, o el Arco de los Gigantes son algunos de los monumentos más importantes de esta espléndida ciudad.
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
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Lieber Jon, ich verfolge mit Spannung, sehr großem Interesse und Freude ihren sehr fesselnd geschrieben Berichten. Es gibt sehr große Parallelen zu den Problemen und Ärgernissen in Deutschland. Was mich traurig stimmt und nervt, ist der, meines Erachtens, immer größere Egoismus, das WIR bleibt auf der Strecke. Auch in Sachen Müll. Das ist in Spanien noch einen großen Tracken ärgerlicher und Verbesserungs würdiger als bei uns.Da wird schon einiges durch das Pfandsystem abgefangen. Aber warum werfen Menschen in Restaurants oder bei Festivos ihren Abfall auf den Boden, anstatt in die dafür vorgesehenen Abfallbehälter? Warum gibt es nicht klare Auflagen zur Vermeidung solchen Verhaltens? Das hat doch auch was mit Wertschätzung und Abstand zu tun. Ich wünsche dir weiterhin viel Spaß und Erfolg bei deinem Projekt. Ich liebe euer Land !!!! ❤️ Viele Grüße und gute Gesundheit 💪🍀☕
ResponderEliminarHerzlichen Dank, meine anonyme Freundin (Sabine?)!
EliminarIch bin sehr dankbar für Ihre Worte der Zuneigung zu meinem Land und auch für das Projekt der politischen Erneuerung, das ich durchführe.
Die Welt zu Fuß zu bereisen ist sehr lohnend, weil man dabei viel von den Menschen, die man trifft, lernen kann. Es ist auch ein bisschen anstrengend, den Rucksack zu tragen, aber die Müdigkeit ist vergessen, und was man gelernt und erlebt hat, vergisst man nie.
Eine dicke Umarmung🤗😘
Gute Reise 😃
ResponderEliminarGute Reise, mein lieber freund Gregorio! 🤗🤗
EliminarAbsolutamente. No podría estar más de acuerdo con cada palabra de tu reflexión. Es desgarrador ser testigo de cómo la irresponsabilidad individual erosiona lo que más valor tiene: nuestra propia vida, nuestro aire, nuestra paz. Como bien dices, la naturaleza es pura medicina y debemos ser sus protectores.
ResponderEliminarEs fundamental que todos comprendamos que cuidar nuestro entorno no es solo una obligación moral, sino un acto de profundo respeto hacia nosotros mismos. Demostramos un desprecio inaceptable por nuestra propia salud y bienestar cuando permitimos o contribuimos a la contaminación. Es hora de que cada uno asuma su responsabilidad y, con su ejemplo, muestre a los demás que nos debemos este respeto.
A decir verdad, para la traducción y formulación en español me ayudé de la red...
Muchas gracias, mi querido amigo Carlo !!
EliminarCon frecuencia pienso que el ser humano no tiene remedio. Resulta increíble el poco respeto que tenemos por el planeta en el que vivimos.
Las generaciones futuras pagarán muy caro este consumismo enloquecido.
Un abrazo muy grande🤗🤗