martes, 8 de julio de 2025

067 - Aldeaseca de la Armuña / Castellanos de Villiquera / Calzada de Valdunciel / El Cubo de la Tierra del Vino


Queridos amigos,

Salir de una gran ciudad caminando siempre ha sido algo desagradable, por el tráfico y los viales a sortear. Hoy, además, lo hago con el malestar que haber pernoctado en un lugar a escasos metros de la Catedral de Salamanca, con excelente nivel en el continente, pero con un nivel muy pobre en el contenido. Aquí lo dejo…

Pronto tomo contacto con la primera localidad a visitar en el día de hoy: Aldeaseca de la Armuña. Se trata de un pequeño municipio de unos 800 habitantes situado en la comarca de La Armuña, a escasos kilómetros al norte de la capital salmantina. Forma parte del alfoz de Salamanca, siendo en las últimas décadas un lugar de residencia elegido por quienes desean vivir cerca de la ciudad en un entorno más tranquilo, lo que viene a ser una ciudad dormitorio.

La historia de esta localidad se remonta a la Edad Media, como muchas de las localidades de la zona. Su origen se vincula a la repoblación emprendida por los reyes leoneses durante los siglos XI y XII, tras la Reconquista. La denominación “Aldeaseca” hace alusión a la escasez de agua, una característica común en la Armuña.

El principal patrimonio histórico-artístico de Aldeaseca de la Armuña es la sencilla Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, un templo de origen medieval. Además, en el entorno del pueblo se pueden observar antiguos palomares, construcciones de tapial o adobe que constituyen un elemento distintivo del paisaje agrario tradicional de la Armuña, y que forman parte del patrimonio etnográfico local.

Tradicionalmente, la economía de Aldeaseca ha estado ligada a la agricultura de secano, especialmente al cultivo de cereales como el trigo y la cebada, muy característicos de la comarca de la Armuña. También ha sido relevante el cultivo de lentejas, siendo esta comarca una de las zonas de producción de la Lenteja de la Armuña, con denominación de origen protegida.

El siguiente punto de paso es Castellanos de Villiquera, una pequeña aldea situada a 800 metros de altitud. Al contemplarla asentada sobre una planicie que se extiende hasta donde alcanza la vista, cualquiera podría pensar, sin dudarlo, que la tierra es plana.

Los orígenes de Castellanos de la localidad se remontan a la Edad Media, como tantos otros núcleos rurales de la meseta castellana. Durante siglos, su desarrollo ha estado ligado a la agricultura y ganadería extensiva. Como tantos otros lugares del campo salmantino ha sufrido los efectos de la despoblación a lo largo del siglo XX. Resaltar de su escaso patrimonio, la Iglesia parroquial de San Juan Bautista, un templo de origen románico.

Para quien camina con una mochila a la espalda, las dificultades siempre están ahí, presentes. Por eso, es imprescindible ser previsor y agudizar el ingenio para conseguir lo esencial: un poco de comida, agua o un lugar donde depositar el cansado cuerpo. Este ha sido el caso en la tercera localidad visitada, Calzada de Valdunciel, donde ha sido necesario realizar un desvío para obtener comida.

La historia de este pueblo se remonta a la época romana, ya que el municipio se encuentra en el trazado de la antigua Vía de la Plata. El nombre “Calzada” precisamente hace referencia a esta vía histórica. Durante la Edad Media, tuvo cierta relevancia por su localización estratégica en las rutas de comunicación entre el norte y el sur de la península, sirviendo como punto de paso y abastecimiento. Además, fue una zona repoblada tras la Reconquista, como muchas otras localidades salmantinas, acogiendo a agricultores, ganaderos y pequeños comerciantes.

El principal patrimonio histórico de Calzada de Valdunciel se centra en la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol y la Ermita del Humilladero, pequeña pero de gran valor para sus residentes.

Desde esta localidad, comienza el tramo más exigente. El cansancio acumulado, la larga distancia por recorrer hasta El Cubo de la Tierra del Vino, el calor intenso y el viento constante hacen de esta jornada una de las más duras de las últimas semanas.

Este pequeño municipio, situado al sur de la provincia de Zamora, pertenece a la comarca de Tierra del Vino, una zona vitivinícola cuyo nombre remite a su ancestral tradición en la producción de vino. La historia de El Cubo de la Tierra del Vino se remonta a la Edad Media, cuando formaba parte del territorio repoblado por los reinos cristianos durante la Reconquista. Su nombre, “El Cubo”, hace referencia a una antigua torre o cubo defensivo que habría formado parte de un sistema de vigilancia o fortificación. El añadido “de la Tierra del Vino” denota su pertenencia a esta comarca vinícola que, ya desde la Edad Media, era reconocida por sus tierras fértiles y su producción de vino.

Durante siglos, el municipio fue un importante cruce de caminos y punto de paso en la ruta entre Salamanca y Zamora. El Cubo de la Tierra del Vino conserva elementos patrimoniales de valor, entre los que destaca la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, un edificio de origen medieval.

Para cerrar este post, quiero hablar sobre “la persona y el traje”. Hoy he vivido una anécdota que ilustra perfectamente lo que quiero transmitir con esta expresión.

Mientras caminaba por el arcén de una carretera secundaria, un coche de la Guardia Civil se detuvo a mi lado. El agente bajó la ventanilla y, con tono atento, me preguntó:
—¿Se encuentra usted bien?
Algo sorprendido por el gesto, le respondí con una sonrisa:
—Todo lo bien que puedo estar. Quitando lo malo, estoy bien.
Charlamos durante unos minutos antes de despedirnos con un apretón de manos.
Ni cinco minutos después, otro vehículo de la Guardia Civil pasó junto a mí, en la misma dirección. Esta vez, no hubo gesto, ni mirada, ni palabras. Solo siguieron de largo.

¿Qué lectura debemos hacer de estas dos situaciones?
Ambos coches pertenecen a la misma institución. Ambos agentes visten el mismo uniforme y realizan el mismo trabajo. Pero hay una diferencia esencial: en el primero encontré empatía y voluntad de ayudar; en el segundo, indiferencia.

Por eso quiero resaltar: la persona está antes que el traje. El uniforme puede ser el mismo, pero lo que realmente importa es el corazón que late debajo. No debemos juzgar a nadie solo por su apariencia o por el rol que ocupa. Al final, somos personas antes que cualquier etiqueta.

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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2 comentarios:

  1. Hola Jon,
    Tu publicación del martes me hizo reflexionar... La anécdota de los dos agentes de la Guardia Civil es una metáfora perfecta para muchas de las dinámicas que vemos en la sociedad, y que tu marcha 'Paso a Paso' intenta mover. Es conmovedor pensar cómo un simple '¿Se encuentra usted bien?' puede tener un impacto tan grande, mientras que la indiferencia, aun sin 'hacer daño', deja un vacío.

    Tu punto, que la persona viene antes que cualquier rol o etiqueta, es un recordatorio esencial en un mundo que a menudo tiende a juzgar por las apariencias. Aprecio mucho tu sensibilidad al notar estas diferencias y al transformarlas en una enseñanza. Esto me hace sentir aún más partícipe de tu viaje y de tu misión. ¡Fuerza Jon, estamos contigo!

    *Quiero añadir que para el español (y no solo) uso la red 😉☺️

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    1. Muchas gracias Carlo, querido amigo, por tu comentario !!
      La ayuda a los demás, la empatía, la colaboración entre las personas es lo que hace avanzar a la humanidad en la dirección correcta. La verdad, es que cuesta tan poco mostrar una actitud positiva…
      Un simple gesto de atención puede cambiar el día de quien lo realiza y de quien lo recibe.
      Un fuerte abrazo

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