Queridos amigos,
Entrar o salir de una ciudad rara vez es agradable, y menos aún cuando lo haces a pie, cargando una mochila a cuestas. Son las 5:30 de la mañana y avanzo hacia el norte, atravesando el extrarradio de Ourense. Aún hay vida en las calles: bares con mucho ruido y la gente se resiste a despedirse de la noche del sábado. Camino con cautela, atento a cualquier imprevisto. Por suerte, el trayecto transcurre sin incidentes.
Ya en las afueras, se presenta el primer gran desafío del día: el ascenso al Castro de Beiro. La pendiente, pronunciada y constante, exige un esfuerzo considerable desde el primer paso. Superado este tramo, el camino se vuelve mucho más amable hasta llegar a la localidad de Cea, atravesando las pequeñas y tranquilas aldeas de Reguengo, Mandrás y Casanovas, todas ellas sin servicio de ningún tipo.
Cea, oficialmente San Cristovo de Cea, es una villa gallega de aproximadamente 600 habitantes, situada en la comarca de O Carballiño.
Su historia se remonta a tiempos remotos, con vestigios de asentamientos ya en la época castreña, como lo evidencian diversos restos arqueológicos hallados en la zona. Sin embargo, es durante la Edad Media cuando Cea adquiere verdadera importancia. Su ubicación estratégica en la Ruta de la Plata la convirtió en un enclave clave para los peregrinos, que encontraban aquí un lugar de paso, reposo y encuentro. En ese contexto, la villa se consolidó como un destacado núcleo rural y religioso.
Durante siglos, su destino estuvo estrechamente ligado al Monasterio de Oseira. La presencia de los monjes cistercienses fue determinante en el desarrollo agrícola, cultural y espiritual del entorno, dejando una huella profunda que aún se percibe en la identidad del municipio.
El patrimonio más emblemático de Cea es, sin duda, el imponente Monasterio de Santa María la Real de Oseira, ubicado a pocos kilómetros del núcleo urbano y destino final de mi jornada.
Otro de los grandes tesoros del municipio es el reconocido Pan de Cea, un producto tradicional de gran prestigio que goza de Indicación Geográfica Protegida (IGP). Elaborado artesanalmente en hornos de leña de piedra, con fermentaciones lentas y técnicas transmitidas de generación en generación, este pan no es solo un alimento: es un verdadero emblema cultural de la villa.
Cea también conserva valiosos ejemplos de arquitectura popular gallega, con hórreos, casas de piedra, pazos rurales y pequeñas iglesias románicas que salpican sus parroquias, manteniendo viva la memoria de su identidad rural y ancestral.
A partir de este punto la ilusión empuja mi persona. Primero, a la aldea de Pielas; y finalmente, al esplendido Monasterio de Oseira, situado en la pequeña pedanía de mismo nombre, adscrita a la localidad de Cea y ubicado en plena naturaleza.
El Monasterio de Santa María la Real de Oseira, fundado en el año 1137 por monjes de la orden del Císter, es uno de los más importantes de Galicia y un referente espiritual y económico durante la Edad Media. Su ubicación estratégica en la Ruta de la Plata del Camino de Santiago convirtió a Oseira en un punto de parada obligado para los peregrinos que se dirigían a Compostela.
Durante siglos, el monasterio desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la agricultura, la ganadería y la cultura en la comarca. A pesar de sufrir varios periodos de abandono y saqueo, especialmente durante la desamortización del siglo XIX, fue restaurado en el siglo XX y hoy sigue siendo un lugar activo de vida monástica y espiritual.
Este monasterio cisterciense, conocido como el “Escorial gallego”, es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura monástica en Galicia. Su construcción comenzó en el siglo XII y combina estilos románico, gótico y renacentista. Entre sus elementos más destacados se encuentran:
- La iglesia abacial, de grandes proporciones, con una imponente nave central y una magnífica acústica.
- El claustro procesional, de estilo gótico, y el claustro de los pináculos, del siglo XVI.
- La sala capitular, con columnas únicas que simbolizan la vida monástica.
- La biblioteca y la portada barroca, añadida en el siglo XVIII.
El monasterio atrae a miles de visitantes cada año, tanto peregrinos como turistas culturales. Oseira es mucho más que una parroquia rural: es un enclave histórico y espiritual donde el tiempo parece detenerse. El imponente monasterio, su legado monástico y su vida tranquila en plena naturaleza hacen de este lugar un símbolo del patrimonio vivo de Galicia. En Oseira, la historia y la espiritualidad se funden con la tradición rural, ofreciendo una identidad única y profundamente arraigada en el corazón de Ourense.
Hoy descanso en un lugar que emana paz y espiritualidad por los cuatro costados…
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
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