jueves, 7 de agosto de 2025

085 - Azpeitia / Azkoitia / Zumarraga / Legazpi / Arantzazu


Queridos amigos,


Antes de iniciar la jornada escribiré un poco sobre Azpeitia, la ciudad donde he pernoctado esta noche. Fue fundada con el rango de villa en 1310 por el rey Fernando IV de Castilla, bajo el nombre de Garmendia de Iraurgui, seguido un año después por la denominación Salvatierra de Iraurgui. No fue hasta finales del siglo XIV (1397) que comienza a aparecer el nombre Azpeitia, documentado también como “Ayzpeitia” y “Urazveitia”. El nombre proviene del vasco Aitz (“peña” o “roca”) y beitia (“de abajo”), en referencia al monte Izarraitz, situando a Azpeitia como “la peña de abajo” en contraste con Azkoitia (“la de arriba”).

Desde sus orígenes, fue un relevante centro feudal, con fuerte presencia de linajes como los Oñaz y Gambao; escenario habitual de enfrentamientos banderizos en los siglos XIII y XIV.

Gracias a su ubicación estratégica en el valle del río Urola, se convirtió en un punto clave tanto comercial como político. Fue una de las primeras 18 villas en acoger las Juntas Generales de Gipuzkoa y, junto con Azkoitia, una de las sedes itinerantes del corregidor real hasta el siglo XIX.

Durante los siglos XVI y XVII vivió su edad dorada gracias a la proliferación de ferrerías —más de once en la zona de Urrestilla— que cimentaron su pujante industria del hierro.

El siglo XVIII se caracterizó por tensiones sociales: en 1718 estalló una revuelta por el traslado de aduanas; la más famosa fue en 1766, motivada por la liberalización del comercio del trigo decretada por Carlos V, que dio lugar a un breve ayuntamiento revolucionario aplastado a los pocos días.

El casco histórico conserva su estructura medieval, con calles principales como Elizkale, Erdikale y Enparankalea; destaca la Casa-Torre de Enparan, erigida en 1320 y reformada en el siglo XVI, hoy sede de la biblioteca municipal. Añadir otros edificios importantes:

  • Casa Basozabal (siglos XIV–XV), la edificación civil más antigua.
  • Palacio Antxieta, de estilo mudéjar (siglo XVI), vinculado al músico Juan de Antxieta.
  • El antiguo Ayuntamiento, edificio barroco del siglo XVIII que fue en su origen un monasterio agustino.
Evidentemente, su principal patrimonio es el Santuario de Loyola. Por ello, Azpeitia es mundialmente conocida como la cuna de San Ignacio de Loyola.

Mencionar como un activo muy interesante, el Museo Vasco del Ferrocarril, instalado en la antigua estación del tren del Urola, exhibe más de sesenta vehículos restaurados, siendo uno de los museos ferroviarios más destacados de Europa.

A escasos kilómetros de distancia se encuentra Azkoitia, ciudad hermana de Azpeitia. Esta localidad cuenta con una historia milenaria. Se han hallado vestigios como dólmenes en Izarraitz y el castro de Munoaundi, que remiten a más de 5.000 años de presencia humana.

La primera mención documental aparece entre 1186 y 1189, en el contexto del Obispado de Pamplona, identificándose el valle de Iraurgui, con dos núcleos: la parroquia de Santa María de Balda (futura Azkoitia) y la iglesia de San Sebastián de Soreasu (futura Azpeitia). En torno al año 1200, este territorio, antes parte del reino de Navarra, pasó bajo control castellano.

La villa fue fundada en 1324 como San Martín de Iraurgui de Azkoitia, originándose en una colina cercana a la ermita de San Martín. En 1331 se trasladó al valle, conformándose al pie de la iglesia de Balda (en la actual Plaza Berri).

Como muchas villas medievales, sufrió la violencia de los bandos locales. En 1456 tuvo lugar el célebre Desafío de Azkoitia, protagonizado por la nobleza feudal (los “Parientes Mayores”), que retaron a las villas. El rey intervino, ordenando la destrucción de torres y la expulsión de estos linajes, consolidando de este modo la autoridad real.

Azkoitia alcanzó estatus de Villa Mayor, lo que implicaba acoger, por turno con otros importantes núcleos (como Azpeitia, Tolosa y San Sebastián), al corregidor y la Diputación de Gipuzkoa.

En 1764 se fundó en Azkoitia la Sociedad Económica de Amigos del País, promovida por figuras como el Conde de Peñaflorida, como centro de ilustración y cultura vasca.

El siglo XIX incorporó el auge de la industria textil, destacando la fabricación de boinas y alpargatas. Y en el siglo XX, tras tiempos difíciles, el municipio reorientó su economía hacia sectores metalúrgicos.

Entre su patrimonio, cabe destacar:
  • Iglesia de Santa María la Real
  • Casas torres históricas: Balda, Floreaga, Idiakez (o Etxe Beltza).
  • Palacio Insausti, del siglo XVIII y sede de la Sociedad Económica de Amigos del País.
  • Casa consistorial, de 1730, barroca, con escudo en fachada y el histórico “Kontsejupe” asociado a la pelota vasca.
  • Plaza Balda, Plaza Berri y el conjunto Eliz Ataria.
  • Frontones Jorge Oteiza, un conjunto vanguardista representando las siete modalidades y territorios del País Vasco.
En el ámbito cultural, atesora un archivo histórico notable, con decenas de miles de documentos notariales del siglo XVI digitalizados.

Azkoitia es un municipio con raíces ancestrales, forjado por su impulso defensivo, su condición como villa foral y su dinamismo cultural e industrial. Su patrimonio arquitectónico —desde iglesias góticas hasta palacios barrocos y frontones modernos— refleja siglos de historia vasca. Y su aporte al euskera, la cultura ilustrada y la industria lo convierten en un lugar muy representativo de Gipuzkoa.

Dejo atrás esta bella ciudad siguiendo el curso del río Urola, arropado por el bosque siempre presente, para acceder a la tercera población de la jornada: Zumarraga.

Esta localidad aparece en documentos históricos desde 1366, cuando se menciona la donación de su monasterio al Señor de Lazcano. En 1661 obtuvo el título de villa, luego de haber pasado por diferentes jurisdicciones. El pueblo originalmente estaba distribuido en caseríos en torno a la ermita de La Antigua, pero con el tiempo se desplazó hacia el valle, formando un núcleo urbano consolidado junto al río Urola. Fechas clave incluyen la instalación del mercado en 1865, la construcción del edificio del ayuntamiento en 1866, y la llegada del tren en múltiples líneas (RENFE, Vascongados y Urola), que convirtieron a Zumárraga en un importante nudo de comunicaciones.

Señalar los tres elementos patrimoniales más relevantes:
  • Ermita de Santa María de la Antigua: datada desde 1366 y declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1965, y Vasco en 1984. Destaca por su estructura interior de madera de roble.
  • Casa-torre de Legazpi: construida originalmente por la nobleza, fue la cuna de Miguel López de Legazpi, conquistador de Filipinas. Hoy acoge la escuela de música Secundino Esnaola y fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1945.
  • Plaza Euskadi: centro neurálgico con edificios como el Ayuntamiento (s. XIX), casas Itarte y Uzkanga, y la estatua de Legazpi. Aquí también se celebra el mercado semanal en la conocida “azoka”.
Zumárraga combina una historia rica que nace en la Edad Media, con un patrimonio cultural notable —ergida en la Ermita de La Antigua, la Casa Legazpi y un centro urbano histórico—. Su economía ha transitado desde lo rural, pasando por una etapa industrial clave con presencia de grandes empresas, hasta encaminarse ahora hacia la sostenibilidad, la innovación y la economía circular.

El olor que desprenden las numerosas empresas industriales me lleva hasta Legazpi. Caminando entre pabellones, ese olor tan característico de la industria me retrotrae a mi vida laboral y me acompaña hasta Legazpi. La historia de esta ciudad se remonta a tiempos antiguos, donde ya existían ferrerías primitivas llamadas haizeolak (ferrerías impulsadas por viento) que dieron paso, en los siglos XII–XV, a ferrerías hidráulicas junto a los ríos. El asentamiento creció y se independizó administrativamente en 1608, consolidándose como municipio autónomo.

En el siglo XIX, las tradicionales ferrerías entraron en declive, dando lugar a talleres artesanales que culminaron con el surgimiento, en 1908, de la fábrica Patricio Echeverría S.A., transformando el paisaje industrial local. A partir de la posguerra, Legazpi vivió una etapa de marcado crecimiento industrial y demográfico en toda la comarca.

De entre su abultado patrimonio hay que señalar:
  • Ferrería de Mirandaola: una de las pocas ferrerías del siglo XIV conservadas en el País Vasco, hoy convertida en parque temático educativo donde se revive el oficio de los ferrones de manera interactiva.
  • En el casco urbano destacan: la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción (siglo XIV), el ayuntamiento con una imponente fachada de sillar decorada con un escudo de hierro, y el palacio Bikuña (siglo XVI).
  • Además, existen espacios culturales como el Museo del Hierro Vasco en el propio Parque Mirandaola, y un centro cultural municipal que organiza exposiciones, teatro y conciertos.
A finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna la elaboración del hierro ha sido, sin duda, una actividad económica fundamental en Legazpi. Muestra de ello son las 15 ferrerías hidráulicas que se documentan en su municipio, a saber: Brinkola, Gibelola, Arabaolatza, Barrendiola, Olazar, Elorregi, Araiztegi, Mirandaola, Olaberri, Plazaola, Masukariola, Gurrutxategi, Matxain, Bitoriola y Mendiaras, entre otras. Junto a éstas, tomaron vital importancia los "peabides*, es decir, los caminos que servian para transportar el mineral de hierro desde los cotos mineros a las ferrerías. Dichos cotos se hallaban en los montes Peatza y Ollargain, sitos en los municipios de Mutiloa y Zerain, y de allí partían hacía las ferrerías legazpiarras.

Los peabides eran caminos reales, vías de primer orden, con lo cual el municipio tenía la obligación de mantenerlos en buen estado, para que pudiesen transitar sin ningún tipo de problema tanto los mulos y carros como los viandantes.

Para acceder al valle de Legazpi se puede decir que había dos peabides matrices que bordeaban, cada una por un lado diferente, las faldas del monte Joarasgibel. Una de ellas, bajaba a Brinkola y Telleriarte, atravesando Biurrain y Teniola. La otra, bajaba a Motxorro y Olaberri por Zabaleta y Makatzaga. La Asociación Burdinola, basándose en la documentación estudiada, presenta estas rutas como el Peabide de Elorregi y el Peabide de Olaberri, respectivamente.

Hoy en día, la industria sigue siendo el pilar económico: la transformación de metales, la manufactura de componentes automotrices y herramientas son sectores con presencia destacada. Aunque en menor medida, la agricultura, ganadería y productos artesanales siguen presentes como actividad complementaria. El sector servicios también ha ido cobrando peso en las últimas décadas, reflejando una economía diversificada.

Desde 2013, Legazpi ha sido declarada Ciudad por el Comercio Justo, manifestando su compromiso con prácticas sostenibles y éticas. La ciudad ha sabido evolucionar de un pasado metalúrgico medieval a un presente industrial moderno, conservando su patrimonio histórico —como la Ferrería de Mirandaola, la iglesia medieval o el palacio Bikuña—. Su economía se sustenta hoy en una base industrial sólida, complementada por servicios y actividades rurales, mientras que su vida cultural y tradicional sigue muy activa y comprometida con el entorno.

Recorriendo la localidad he tenido la oportunidad de visitar la casa solariega de Patricio Etxebarria, uno de los grandes empresarios de este país.

A partir de este punto y hasta el Monasterio de Arantzazu, el trayecto se torna durísimo por el desnivel a superar hasta alcanzar la cota alta de la Sierra de Aizkorri e iniciar el largo y angosto descenso al monasterio. Finalmente, la jornada se ha saldado con 11 horas de esfuerzo y 45 km de caminata.

La historia de este monasterio es muy curiosa. Todo comenzó en torno a 1468, durante una sequía que afectaba a la zona plagada por los bandos oñacinos y gamboínos. Un pastor llamado Rodrigo de Balanzategi halló una imagen de la Virgen María escondida entre espinos. Sorprendido, exclamó “Arantzan zu?” (“¿Tú, entre los espinos?”), frase que dio nombre al lugar. Se formó entonces la Cofradía de Arantzazu, promovida por nobles de Oñate y Mondragón, y en 1493 los mercedarios fundaron el monasterio. Poco después, estos abandonaron y en 1508 los dominicos tomaron el control. Tras disputas legales, en 1514 se entregó el santuario a los franciscanos, que lo mantienen hasta hoy.

En 1553, un incendio destruyó gran parte del convento y exvotos acumulados durante décadas. La reconstrucción se completó rápidamente gracias a donaciones, destacándose el apoyo del ayuntamiento de Oñate con 300 ducados de oro. En 1622, otro fuego devastó las instalaciones. Se reconstruyó con mejoras, como una nueva iglesia con capillas superpuestas. En la década de 1950 se emprendió un proyecto que transformó el santuario en un icono del arte religioso moderno. La nueva basílica fue inaugurada en 1955, diseñada por Francisco Javier Sáenz de Oíza y Luis Laorga. Artistas vascos de renombre aportaron esculturas, retablos y vidrieras:
  • Jorge Oteiza, esculturas de los apóstoles.
  • Eduardo Chillida, puertas de hierro.
  • Lucio Muñoz, el retablo mayor de casi 600 m².
  • Xabier Álvarez de Eulate, las vidrieras de colores que llenan el interior de luz y simbolismo.
El resultado arquitectónico es un complejo que integra paisaje y contenido simbólico: la fachada inclinada y los motivos geométricos reflejan la aparición entre espinos. Las puertas de metal de Chillida contrastan con las rocas vascas, mientras el retablo y las vidrieras crean una experiencia espiritual íntimamente unida al arte contemporáneo. Este monasterio no solo conserva una profunda herencia espiritual, sino que también representa una obra maestra de arte religioso contemporáneo.

Habitualmente escribo sobre las ciudades que visito a lo largo del camino, pero hoy me gustaría poner en valor la enorme importancia de un “elemento de conexión” para todas las ciudades aquí mencionadas: el río Urola. Este río nace a las faldas de la Sierra de Aizkorri y su nombre en euskera nos recuerda la actividad de las numerosas ferrerías dispuestas en sus orillas. Para derivar su caudal y mover las ruedas hidráulicas, las presas se suceden a lo largo del cauce. Son elementos clave para la actividad industrial.

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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