miércoles, 13 de agosto de 2025

091 - Agoncillo / Alcanadre


Queridos amigos,

Hoy me esperan dos pueblos a lo largo de 32 kilómetros, bajo un escenario de calor intenso. Entrar o salir de una ciudad nunca es una experiencia grata para quien avanza a pie con una mochila a cuestas. El tráfico, las vías asfaltadas y las zonas industriales convierten el trayecto en una tarea ardua, desprovista casi siempre de encanto alguno.

La distancia hasta la primera de estas localidades, Agoncillo, se traduce en unas cuatro horas de caminata. Al llegar, me sorprende el notable patrimonio que conserva este pequeño municipio situado en la comunidad autónoma de La Rioja, a orillas del río Ebro. Actualmente cuenta con alrededor de un millar de habitantes.

El origen de Agoncillo hay que situarlo en la época romana. Sin embargo, su consolidación como núcleo poblacional llegó en la Edad Media. Durante la Reconquista, su ubicación fronteriza entre los reinos cristianos y musulmanes le dio una importancia militar considerable. Uno de los hitos más relevantes en su historia fue la construcción del Castillo de Aguas Mansas, en el siglo XIV, que consolidó el papel defensivo de la villa y marcó su desarrollo urbano posterior.

El nombre actual del municipio se estableció oficialmente en 1943, cuando el antiguo lugar de Recajo adoptó el nombre de Agoncillo, en honor al linaje nobiliario que había poseído el castillo en siglos anteriores.

El principal patrimonio del pueblo es, sin duda, el Castillo de Aguas Mansas, una imponente fortaleza gótica perfectamente restaurada que domina el perfil del municipio. Este castillo ha sido testigo de importantes episodios históricos y actualmente alberga el Ayuntamiento y diversas instalaciones culturales.

Además del castillo, el municipio alberga otros elementos patrimoniales de gran interés, como la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora la Blanca, de origen gótico. Al igual que ocurre con la famosa Torre de Pisa —aunque de manera menos pronunciada—, el templo presenta una inclinación que aumenta aproximadamente 2 milímetros al año, como consecuencia de la inestabilidad del terreno sobre el que se asienta.

También destaca su aeródromo, construido durante la Guerra Civil Española y utilizado actualmente como base militar y aeródromo civil.

Aunque la economía de Agoncillo se basa fundamentalmente en agricultura, gracias a su situación en la fértil vega del Ebro, también posee un amplio polígono industrial con numerosas empresas. Por otra parte, su cercanía a Logroño y la presencia del Aeropuerto de Logroño-Agoncillo han favorecido el desarrollo de servicios vinculados al transporte y al turismo rural.

En el ayuntamiento soy recibido amablemente por Cristina, quien me informa sobre las distintas dependencias del castillo y me facilita el acceso para su visita. En el interior se encuentra una exposición que, a través de imágenes, recoge los 41 castillos que forman parte del patrimonio de la comunidad autónoma de La Rioja. Asimismo, tengo la oportunidad de subir a lo alto del castillo, desde donde se contemplan magníficas vistas del pueblo y sus alrededores.

Es momento de retomar el camino. Desde aquí y hasta Alcanadre, el recorrido transcurre casi en su totalidad paralelo al río Ebro y a la línea ferroviaria Logroño-Zaragoza. El Ebro actúa como frontera natural entre comunidades: al norte, Navarra; al sur, La Rioja.

A mitad de trayecto, en la conocida Vega de la Serrezuela, tengo la oportunidad de conversar durante un buen rato con un numeroso grupo de trabajadores de ADIF, que desempeñan su labor bajo la atenta mirada de decenas de buitres, majestuosos y expectantes, que sobrevuelan la zona. Aprovecho el encuentro para compartir con ellos el proyecto que da sentido a mi viaje por todo el país. Sus rostros lo dicen todo…

Un par de kilómetros antes de llegar a Alcanadre, mientras avanzo por una vía pecuaria, una furgoneta blanca se detiene a mi lado. El conductor, que más tarde se presenta como Francisco, me dice:
—Yo te conozco. Estuvimos juntos hace un par de días.
Por un momento me quedo perplejo, pero enseguida recupero su rostro de mi archivo mental.
—Es verdad, en Kripán —le respondo.
En su cara se dibuja una sonrisa; también él se alegra de que lo haya reconocido. Charlamos unos minutos sobre nuestras vidas, y finalmente nos despedimos, deseando encontrarnos más tarde en el pueblo.

Al llegar a Alcanadre, me encuentro con el pueblo en plenas fiestas. El bullicio de la gente, la banda de música y el inconfundible olor a carne asada llenan de vida cada rincón. Es el día grande. “Pleno al 15”, pienso, intuyendo que esta noche dormir será misión imposible.

Poco después, una cuadrilla vestida de blanco y rojo, cantando a pleno pulmón, me llama para que me una a ellos. Me invitan a unos tragos de zurracapote servido en porrón, que amablemente cambian por una Coca-Cola, ante mi negativa a beber el brebaje con alcohol. Paso un buen rato con ellos, hablando de las fiestas y de mi “loca aventura”, antes de poner rumbo al alojamiento.
¡Gracias amigos!

Alcanadre es un municipio riojano situado en la comarca del Alto Rioja. Su historia se remonta a tiempos antiguos. El topónimo sugiere un origen árabe —probablemente del término al-Qanādir, que significa “los puentes”—, lo que indica la importancia estratégica del lugar durante la dominación musulmana. Sin embargo, ya en época romana existía actividad en la zona, como lo demuestran diversos restos arqueológicos encontrados en sus alrededores.

Durante la Edad Media, Alcanadre formó parte de los territorios disputados entre los reinos cristianos y musulmanes. Con la Reconquista, fue incorporado al Reino de Navarra y posteriormente al de Castilla. La localidad se desarrolló como un importante núcleo agrícola y de paso, dada su proximidad al Ebro y su posición en antiguos caminos comerciales y ganaderos.

El principal monumento de Alcanadre es la Iglesia de Santa María de la Asunción, un edificio de origen románico. Otro elemento destacado es el Puente Romano (también conocido como “Puente de Alcanadre”), una antigua construcción que, aunque ha sufrido reformas a lo largo de los siglos, atestigua la importancia del municipio como cruce de caminos desde la antigüedad.

A lo largo de la jornada he recibido, a través de la radio, información sobre los múltiples incendios que asolan este país. Es por esta razón que deseo escribir sobre un pensamiento que anida en mi persona desde hace muchos años: La dictadura silenciosa de las ciudades sobre el medio rural.

En la organización contemporánea de la sociedad, las ciudades ejercen una forma de dictadura silenciosa sobre el medio rural. Esta dominación no se manifiesta a través de la violencia directa, sino mediante una combinación de decisiones políticas centralizadas, dinámicas económicas asimétricas y un relato cultural dominante que privilegia lo urbano frente a lo rural.

Las decisiones que afectan al territorio, a la gestión del agua, a la distribución de infraestructuras, al modelo energético o a la producción de alimentos, suelen tomarse desde centros urbanos, con una visión lejana —y a menudo ignorante— de las realidades rurales. Desde los despachos metropolitanos se planifican macroproyectos que impactan directamente en la vida de pueblos y comarcas: parques eólicos y solares impuestos sin consenso local, especulación forestal, expulsión de jóvenes por falta de servicios, y una creciente dependencia de mano de obra y recursos extraídos del campo.

El medio rural es, paradójicamente, esencial y a la vez marginado. Alimenta a las ciudades, les da energía, agua, aire limpio y paisaje, pero apenas recibe inversión proporcional ni reconocimiento. Sus habitantes son reducidos a estereotipos: conservadores, atrasados o folclóricos. Esta narrativa oculta la riqueza cultural, la innovación discreta y el conocimiento del entorno que habita en el mundo rural.

El éxodo rural fue incentivado durante décadas por un modelo que vendía la ciudad como sinónimo de progreso. Así, muchas zonas rurales quedaron despobladas y envejecidas, y cuando comenzaron a exigir voz propia, ya estaban atrapadas en un sistema donde el poder político, mediático y económico reside en lo urbano. La ciudad dicta ritmos, necesidades y urgencias que luego se trasladan al campo, sin preguntar si esas urgencias tienen sentido fuera del asfalto.

Este desequilibrio no solo es injusto; es también insostenible. El colapso ambiental, la crisis energética y la despoblación muestran que el actual modelo territorial es inviable. Revertir esta dictadura implica repensar el papel de lo rural: no como una periferia al servicio de la ciudad, sino como un espacio con autonomía, saberes propios y capacidad de decisión.

Solo cuando se reconozca al medio rural como sujeto político y cultural, y no como recurso pasivo, será posible construir una relación más equilibrada, justa y duradera entre el campo y la ciudad.

El mundo rural, en todos los aspectos, debería de estar protegido por leyes de rango superior, leyes fundamentales del Estado. Pero quiero llegar más lejos aún: Me gustaría que en el futuro, los incendios provocados fueran considerados a efectos penales como delitos de terrorismo contra la naturaleza.

Es mi opinión…

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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2 comentarios:

  1. He leído tu post con gran atención y comparto plenamente tu análisis. La brecha entre el mundo urbano y el rural es un problema real y profundo, una forma de injusticia silenciosa que se arrastra desde hace demasiado tiempo.

    ​Es una lucha que requiere mucha más conciencia y solidaridad de la que a menudo se ve. Entiendo la falta de ilusiones, porque cambiar esta dinámica parece una empresa titánica.

    ​Sin embargo, aunque el camino sea largo, tu reflexión no es en vano. Sigue caminando y escribiendo: la esperanza no reside en la rapidez del cambio, sino en el hecho de que todavía haya personas que, como tú, tengan el coraje de ver las cosas como son y nombrarlas. Eso, por sí mismo, ya es un paso hacia la regeneración. Tu voz, y las voces como la tuya, son la prueba de que la conciencia aún está viva. 'Uno es más que cero'.

    ​*Quiero añadir que para el español (y no solo) uso la red 😉☺️

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    1. Hola Carlo, querido amigo,
      ¡Qué alegría saber de ti!
      Agradezco mucho tu comentario, como siempre tan certero, amable y lleno de consideración.
      Recibir mensajes como el tuyo emociona de verdad. Son un impulso muy grande para seguir adelante, especialmente en este mes de agosto desafiante, con sus inevitables dificultades y el calor intenso que no da tregua.
      “Uno es más que cero” / Sempre avanti
      Un abrazo muy fuerte🤗🤗

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