domingo, 19 de octubre de 2025

132 - Burgueta / Estavillo / Berantevilla / Zambrana / Salinillas de Buradón / Briñas / Haro


Queridos amigos,

De nuevo me enfrento a una etapa extensa en kilómetros, con desniveles acusados en el tramo final de la jornada. Como ya ha ocurrido en días anteriores, el recorrido atraviesa una sucesión de pequeños pueblos, muchos de ellos poco más que aldeas con un reducido número de habitantes. Por este motivo, centraré la atención del post en los dos núcleos más relevantes.

Tras desayunar en el único bar abierto de La Puebla de Arganzón, reanudo el camino acompañado por Amalia, Gabriel y Pepe, peregrinos con quienes he compartido varios tramos del Camino Vasco del Interior. Al poco tiempo dejamos atrás Burgueta y Estavillo, donde me despido de mis compañeros, que continúan hacia Miranda de Ebro, mientras yo prosigo mi marcha en dirección a Haro.

De nuevo en soledad, avanzo por las llanuras hasta alcanzar Berantevilla y Zambrana, donde aprovecho para hacer una pausa en el bar Lagarra. Quiero dejar constancia aquí de la excelente atención recibida por Miriam, una mujer muy joven que atiende el establecimiento con gran amabilidad y cercanía.

A partir de este punto, los kilómetros empiezan a pasar factura, especialmente después de dejar atrás Salinillas de Buradón. El terreno se encrespa considerablemente en desnivel hasta alcanzar finalmente Briñas, una localidad que conozco perfectamente por haberla visitado en numerosas ocasiones con mi familia. Aquí la parada es obligada para disfrutar de unas magníficas chuletillas de cordero regadas con un buen Rioja. Es lo que hago, acomodado en el Mesón Alai, un restaurante que he frecuentado en tiempos pasados.

Briñas es un pequeño municipio situado en la comarca de Haro, en la Ribera del Ebro, al noroeste de La Rioja. Su origen se remonta a la Edad Media, aunque existen indicios de asentamientos en la zona desde la época romana debido a su ubicación estratégica junto al río Ebro y en un terreno fértil para la agricultura. Durante la Edad Media, Briñas formaba parte del Señorío de Haro, y su historia estuvo vinculada a la evolución política y económica de esta zona, especialmente en el contexto de los conflictos entre reinos y de la expansión de la viticultura.

Aunque Briñas es un municipio pequeño, conserva elementos de interés patrimonial:
  • Iglesia de San Andrés Apóstol.
  • Casas rurales y arquitectura tradicional: el casco urbano conserva viviendas con fachadas de sillería y entramado típico de La Rioja, reflejando la vida rural y la historia local.
  • Entorno natural y agrícola: el paisaje de viñedos y huertas junto al río Ebro constituye un patrimonio paisajístico de gran valor, vinculado a la tradición agrícola de la zona.
Su economía está muy ligada a la agricultura y la viticultura, siguiendo la tradición riojana. La producción de vino es el principal motor económico, con viñedos que forman parte de la Denominación de Origen Calificada Rioja, aunque a menor escala que en municipios vecinos como Haro.

Además, la agricultura de regadío y secano complementa la actividad económica, con cultivos de cereal, hortalizas y frutales. La pequeña industria y los servicios locales atienden a las necesidades de los habitantes y, en menor medida, al turismo rural. En los últimos años, el enoturismo ha crecido de manera moderada, aprovechando la proximidad a Haro y a otras localidades de renombre vitivinícola, lo que permite a Briñas integrarse en rutas de bodegas y visitas culturales por la región.

Tras la comida, un apacible paseo de cinco kilómetros siguiendo la orilla del río Ebro me lleva hasta Haro, punto final de la jornada.

Situada en el noroeste de La Rioja, Haro es una de las localidades más emblemáticas de esta comunidad autónoma, reconocida especialmente por su tradición vitivinícola. Cuenta con una población de 12.000 habitantes.

Sus orígenes se remontan a la Edad Media, cuando se consolidó como villa en torno a un castillo y a su primitiva iglesia. Su situación estratégica, en la confluencia de los ríos Tirón y Ebro, le otorgó gran importancia defensiva y comercial. A lo largo de los siglos se benefició de privilegios reales y fueros que impulsaron su crecimiento.

En el siglo XIX la villa adquirió aún mayor relevancia con la llegada de bodegueros franceses que, huyendo de la filoxera que arrasaba sus viñedos, encontraron en Haro un lugar ideal para continuar con la producción de vino. Esto marcó el inicio de la gran expansión enológica que caracteriza la ciudad hasta hoy. En 1891 recibió el título de ciudad, otorgado por la reina regente María Cristina en nombre de Alfonso XIII.

El patrimonio artístico y cultural de Haro es notable. Destacan la iglesia de Santo Tomás, de estilo gótico con una magnífica portada, y la basílica de Nuestra Señora de la Vega, patrona de la ciudad. El casco histórico está declarado Bien de Interés Cultural y conserva palacios barrocos y casas solariegas, como el palacio de Bendaña o el palacio de los Condes de Haro. Uno de los lugares más singulares es el Barrio de la Estación, un conjunto de bodegas centenarias que reúne algunas de las firmas vinícolas más prestigiosas de España, constituyendo un auténtico museo enológico vivo.

Su economía gira principalmente en torno al vino. La viticultura y la industria bodeguera son el motor fundamental de la ciudad, generando empleo directo e indirecto y atrayendo cada año a miles de visitantes. El enoturismo, vinculado a catas, visitas a bodegas y eventos como la famosa Batalla del Vino que se celebra anualmente el 29 de junio (fiesta declarada de Interés Turístico Internacional). Además, la localidad mantiene actividades comerciales y de servicios relacionadas con su papel como centro comarcal, mientras que la agricultura y, en menor medida, la industria complementan la base económica.

En conjunto, Haro es un referente cultural y económico de La Rioja, ejemplo de cómo la tradición y la modernidad pueden convivir alrededor de un producto universal, como es el vino.

Llueve y hace frío…

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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