miércoles, 22 de octubre de 2025

134 - Donostia - San Sebastián


Queridos amigos,

Doy un salto en la distancia y en el tiempo —desde Santo Domingo de la Calzada hasta Donostia / San Sebastián— para comenzar mañana, 23 de octubre, un nuevo tramo de unos 500 kilómetros que me llevará desde esta ciudad hasta Oviedo (Asturias). Este trayecto se enmarca en el proyecto de concienciación política que vengo desarrollando, al que ahora se suman cuatro capitales de provincia y más de un centenar de pueblos, ampliando así el alcance de esta iniciativa de regeneración.

Situada en una espectacular bahía del golfo de Bizkaia, junto al mar Cantábrico y rodeada por montes como Igeldo, Urgull y Ulía, Donostia-San Sebastián, capital de la provincia de Gipuzkoa, combina una historia muy interesante, un valioso patrimonio cultural y una economía moderna. Los orígenes de la ciudad se remontan a la Edad Media. Aunque existen indicios de asentamientos anteriores, fue en 1180 cuando el rey Sancho VI de Navarra concedió a la ciudad su fuero fundacional, otorgándole derechos de villa y estableciendo así su importancia como enclave portuario y comercial. En esta época, la ciudad se consolidó como puerto estratégico para el comercio marítimo y la pesca, especialmente de ballenas y bacalao.

Durante los siglos siguientes, Donostia-San Sebastián fue objeto de conflictos entre Castilla y Navarra, y más tarde entre España y Francia, debido a su posición fronteriza. En 1813, durante la Guerra de la Independencia, la ciudad fue incendiada y prácticamente destruida por las tropas aliadas británicas y portuguesas, tras expulsar a los franceses. Este suceso marcó profundamente su historia urbana. A partir de la reconstrucción posterior, la ciudad experimentó un notable desarrollo, especialmente en el siglo XIX, cuando se convirtió en el destino de veraneo favorito de la aristocracia y la realeza, incluida la reina regente María Cristina de Habsburgo, que impulsó la construcción del Palacio de Miramar y fomentó la expansión urbana con elegantes edificios de estilo Belle Époque. Durante el siglo XX, Donostia siguió creciendo, combinando su carácter turístico con una vida cultural muy activa. La Guerra Civil Española no afectó de manera tan destructiva a la ciudad como a otras zonas del país, lo que permitió conservar gran parte de su arquitectura de finales del XIX y principios del XX.

Deseo detallar aquí algunos de los elementos patrimoniales más importantes de la ciudad, reflejo de su evolución histórica y su vocación cosmopolita:
  • Parte Vieja: el corazón histórico de la ciudad, con calles estrechas y animadas, alberga monumentos como la Basílica de Santa María del Coro (siglo XVIII) y la Iglesia de San Vicente (siglo XVI), el templo más antiguo de la ciudad.
  • Monte Urgull: coronado por el Castillo de la Mota y la estatua del Sagrado Corazón, ofrece vistas panorámicas y guarda vestigios defensivos que narran la historia militar de Donostia.
  • Área romántica: el ensanche decimonónico, fruto de la reconstrucción tras 1813, destaca por sus avenidas elegantes, plazas amplias y edificios de aire parisino como el Ayuntamiento (antiguo casino), el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina.
  • Bahía de La Concha: considerada una de las más bellas del mundo, se extiende entre los montes Urgull e Igeldo, con playas emblemáticas como La Concha y Ondarreta, y la isla de Santa Clara en el centro.
  • Palacio de Miramar: residencia estival de la realeza española, es un referente del estilo inglés y un símbolo de la etapa dorada de la ciudad.
  • Museos y centros culturales: el Museo San Telmo, dedicado a la sociedad vasca, o el Kursaal, obra moderna de Rafael Moneo y sede del prestigioso Festival Internacional de Cine de San Sebastián, reflejan la vitalidad cultural de la ciudad.
Además, la ciudad es conocida a nivel internacional por su tradición gastronómica, con una de las mayores concentraciones de restaurantes con estrellas Michelin del mundo, y por sus sociedades gastronómicas o txokos, pilares de la vida social donostiarra.

El nivel de vida en Donostia-San Sebastián es elevado, con una población que combina tradición y modernidad, un alto nivel educativo y una fuerte identidad vasca. La ciudad apuesta por la sostenibilidad, la movilidad limpia y la calidad de vida, siendo un referente en planificación urbana y respeto por el entorno natural. La economía es muy variada, aunque el sector servicios es claramente predominante:
  • Turismo: constituye uno de los pilares fundamentales. La ciudad recibe cada año cientos de miles de visitantes nacionales e internacionales atraídos por su belleza natural, su gastronomía, su oferta cultural y sus eventos internacionales (como el Festival de Cine, la Semana Grande o el Jazzaldia).
  • Comercio y hostelería: muy desarrollados, con una oferta de alto nivel que combina comercios tradicionales, boutiques exclusivas y una restauración de gran calidad.
  • Industria y tecnología: aunque la industrialización fue menor que en otras zonas vascas, en la actualidad destacan sectores tecnológicos y de innovación, con parques empresariales como el de Miramón, orientado a la investigación y el desarrollo.
  • Educación y conocimiento: instituciones como la Universidad de Deusto (campus de Donostia) y la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), junto con centros de investigación como el Basque Culinary Center, fomentan la economía del conocimiento.
  • Cultura y eventos: la actividad cultural es también un motor económico, con una agenda constante de festivales, exposiciones y actividades internacionales.
Donostia-San Sebastián es mucho más que un destino turístico: es una ciudad con historia, cultura, elegancia y dinamismo económico. Su pasado como villa marinera y su esplendor aristocrático se funden con una modernidad abierta e innovadora. Con su bahía incomparable, su patrimonio arquitectónico y su excelencia gastronómica, representa una verdadera joya, todo un ejemplo de equilibrio entre tradición y progreso. Durante una etapa de mi vida tuve la fortuna de visitar esta ciudad tres veces al mes, durante siete años. Esto me permitió conocerla en profundidad, al igual que muchos de los espectaculares pueblos del entorno.

Espero ser capaz de transmitir en mis escritos la belleza y la cultura que guardan las cuatro provincias por las que caminaré en los próximos días: Gipuzkoa, Bizkaia, Cantabria y Asturias.

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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