martes, 2 de diciembre de 2025

148 - El Cuervo de Sevilla / Lebrija / Las Cabezas de San Juan


Queridos amigos,

Recuperado en buena medida, abandono mi alojamiento cuando aún faltan veinte minutos para las seis de la mañana. La jornada que tengo ante mí es considerablemente larga, aunque sin desniveles de importancia.

Completo un primer tramo hasta El Cuervo cuando aún no ha amanecido completamente. Aunque esta localidad pertenece oficialmente a la provincia de Sevilla, raya literalmente con Cadiz. De hecho, algunas calles del casco urbano corresponden administrativamente a un municipio gaditano vecino. Estoy en uno de los municipios más jóvenes de Andalucía. A pesar de su reciente constitución como municipio independiente en 1992, su territorio posee una trayectoria histórica ligada a las antiguas rutas que conectaban Sevilla con la Baja Andalucía. Desde época romana existen indicios de tránsito y actividad en la zona, pero fue sobre todo durante la Edad Moderna cuando el lugar adquirió relevancia gracias a su ubicación estratégica en el Camino Real entre Sevilla y Jerez. A lo largo del siglo XX, el crecimiento demográfico y económico impulsó la consolidación de un núcleo urbano propio, lo que desembocó en su segregación del municipio de Lebrija y en la formación de la actual entidad municipal.

A nivel patrimonial, El Cuervo cuenta con algunos elementos relevantes, como es el caso de la Iglesia de San José, levantada en la segunda mitad del siglo XX. Probablemente su principal patrimonio se halle en su entorno natural. El Parque Rocío de la Cámara, la Laguna de los Tollos —uno de los humedales interiores más relevantes de Andalucía, parcialmente ubicado en su término— y las zonas agrícolas que rodean el casco urbano forman parte de su identidad paisajística.

La economía de El Cuervo está estrechamente vinculada a la agricultura del Bajo Guadalquivir. Destacan cultivos como el trigo, el girasol, el algodón, la remolacha y los cítricos, así como explotaciones de olivar y otras plantaciones de regadío. La agroindustria asociada —cooperativas, empresas de transporte, almacenes agrícolas— constituye otro pilar económico relevante.

Hora y media larga de esfuerzo me sitúan en la segunda de las poblaciones que visito en el día de hoy: Lebrija. Se halla situada al sur de la provincia de Sevilla y muy próxima al límite con Cádiz, es una de las localidades con mayor riqueza histórica y cultural del Bajo Guadalquivir. Su poblamiento se remonta a la Prehistoria, como muestran restos hallados en su término municipal. Durante la época tartésica y, posteriormente, bajo dominio romano, la ciudad —conocida como Nebrissa Veneria— alcanzó relevancia gracias a su posición estratégica junto a antiguas rutas comerciales y a la fertilidad de sus tierras. En este periodo nació su figura más universal: Elio Antonio de Nebrija, humanista y autor de la primera Gramática de la lengua castellana (1492). Tras la etapa visigoda y musulmana, la ciudad pasó a manos cristianas en el siglo XIII durante la expansión castellana por el valle del Guadalquivir, consolidando su estructura urbana y su desarrollo agrícola.

El patrimonio de Lebrija es amplio y diverso. La Iglesia de Santa María de la Oliva, levantada entre los siglos XIII y XVI, es uno de sus templos más destacados, con mezcla de diferentes estilos. El Castillo de Lebrija, de origen medieval, domina la ciudad desde lo alto del cerro y conserva importantes lienzos de muralla. La Iglesia de San Benito, de fuerte impronta mudéjar, y el Convento de las Concepcionistas. Entre los edificios civiles sobresale la Casa de la Cultura–Palacio de los Duques de Medina Sidonia, así como numerosas casas solariegas que conservan patios tradicionales y elementos heráldicos. El municipio cuenta además con un destacado yacimiento arqueológico romano, visible en varios puntos urbanos, y con esculturas y espacios dedicados a Nebrija, reflejo de su legado humanista.

La economía de Lebrija se ha apoyado históricamente en la agricultura, un sector que continúa siendo fundamental. El viñedo, especialmente el destinado a los vinos y mostos del Marco de Jerez, es uno de los cultivos más emblemáticos. También tienen gran peso el trigo, el algodón y el olivar. La agroindustria —bodegas, cooperativas, almazaras y empresas de transformación agrícola— constituye un pilar económico complementario.

Llueve sin pausa, aunque ligeramente. Un inconveniente con el que tendré que lidiar hasta el final de la jornada en Las Cabezas de San Juan, un municipio sevillano con una historia larga y singular dentro de la comarca del Bajo Guadalquivir. Su origen se remonta a asentamientos prerromanos, aunque fue durante la época romana cuando la zona adquirió mayor entidad gracias a su proximidad a importantes vías de comunicación. En la Edad Media pasó a manos cristianas tras la conquista del valle del Guadalquivir y quedó integrada en los dominios señoriales vinculados a los duques de Medina Sidonia. A lo largo de los siglos, la localidad ha vivido procesos de expansión ligados a la agricultura, convirtiéndose en un núcleo destacado de poblamiento rural.

El patrimonio de Las Cabezas de San Juan refleja esa herencia diversa. La Iglesia de San Juan Bautista, construida entre los siglos XV y XVIII, destaca por su mezcla de estilos arquitectónicos. El Santuario de Nuestra Señora del Rosario, muy vinculado a la devoción local, es otro de los edificios más valorados. El Convento de los Capuchinos, del siglo XVII, conserva una arquitectura sobria y representativa de la orden. En el ámbito civil, el Ayuntamiento, con su espléndida fachada, y el trazado tradicional de sus barrios históricos aportan identidad urbana. También son relevantes los restos arqueológicos dispersos por el término municipal, que evidencian su ocupación desde época antigua.

La economía del municipio continúa apoyándose en su base agrícola. El cultivo de olivar, la producción de aceite, los cítricos, los cereales y diversas plantaciones de secano y regadío constituyen las principales actividades del sector primario. La ganadería, aunque más reducida, también tiene presencia.

Hoy también he tenido la oportunidad de conversar con varias personas sobre el propósito de mi viaje en favor de la regeneración política en España. En sus rostros he percibido una mezcla de sorpresa, incredulidad y admiración.

Mientras almorzaba en un restaurante he leído una noticia que me ha llamado profundamente la atención. Según el periódico, la Junta de Andalucía facilitará legalmente la caza y eliminación del mayor número posible de jabalíes para frenar una eventual expansión de la peste porcina en la Comunidad.

Cuesta entender que se promueva la eliminación de animales sanos mientras, al mismo tiempo, existen granjas donde los cerdos se crían en condiciones de suciedad extrema. En mi recorrido por España he visto instalaciones ganaderas —de vacas, cerdos y gallinas— donde los animales viven entre excrementos y en un entorno claramente insalubre, completamente privados de libertad. Sin embargo, ni para la Administración ni para los inspectores de sanidad parece que esto constituya maltrato animal. Tampoco para buena parte de la ciudadanía.

Hubo un tiempo en este país en el que se cuidaba y respetaba a los animales, hasta el punto de que muchos eran considerados parte de la familia y llevaban incluso nombre propio. La avaricia desmedida y el entramado legal español y europeo nos han llevado a la situación actual, donde el dinero pesa más que el buen hacer y que una economía sostenible y de proximidad. Y, por lo que parece, esto tampoco inquieta demasiado a la Administración. Será cuestión de dejarlo para otro día…

Es, simplemente, mi opinión.

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

*******
Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas


No hay comentarios:

Publicar un comentario