martes, 17 de junio de 2025

051 - Puebla de Sancho Pérez / Zafra


Queridos amigos,

Puebla de Sancho Pérez es una pequeña localidad de Badajoz situada en la comarca de Zafra Río Bodión. Fundada a finales del siglo XV formó parte de la Orden de Santiago como encomienda, hasta pasar a manos privadas tras la desamortización de Mendizábal. La llegada del ferrocarril en 1889 (línea Zafra–Huelva), impulsó su crecimiento. Actualmente ronda los 2700 habitantes.

En cuanto a su patrimonio hay que señalar por su importancia:
  • Plaza de toros y Ermita de Nuestra Señora de Belén. Se trata de la plaza de toros más antigua de España, con orígenes en el siglo XIV, de planta rectangular y sin capilla, sino con un santuario anexo. Tiene una capacidad para unos 2 000 espectadores, y es utilizada históricamente tanto para festejos taurinos como para actividades culturales.
  • Iglesia parroquial de Santa Lucía. Edificada en el siglo XVI sobre una construcción mudéjar anterior.
  • Ermita de Belén. Edificada entre los siglos XIV XV.
  • Estación de ferrocarril histórica. Incorporada en 1889 como cabecera de la línea Zafra–Huelva, con gran infraestructura (placa giratoria, muelles, cocheras), aunque hoy desaparecida la mayor parte.
  • Balneario del Raposo. Situado a 7 km del núcleo urbano. Un punto de referencia en el programa de Termalismo, del Imserso. Posee aguas mineromedicinales (bicarbonatadas, cálcicas y magnésicas) reconocidas desde 1926 por sus beneficios contra enfermedades reumáticas.
Salir de la comodidad de una de las cafeterías de la localidad, donde me encuentro, para abordar el trayecto hasta Zafra, viene a ser algo así como caminar por el mismo infierno debido a las elevadas temperaturas, en este momento 39°C

Hoy no escribiré sobre la ciudad de Zafra, ya que lo hice en el post “043” de esta web. En su lugar, quiero centrarme en la clase política de este país, que vive cómodamente respaldada por un sistema electoral corrupto desde su origen.

Vivimos inmersos en una partitocracia, en la que los partidos políticos deciden de forma unilateral las listas electorales y el orden de los candidatos, priorizando sus propios intereses por encima del bien común. La ciudadanía queda completamente excluida de este proceso. Esta falta de representatividad, unida al aforamiento que blinda a muchos cargos públicos, fomenta un clima de impunidad y alienta la corrupción.

No debemos olvidar que los políticos son, en teoría, servidores públicos —aunque con frecuencia parezca más un título decorativo que una vocación real—. Estamos en nuestro derecho de exigirles responsabilidad, profesionalidad y compromiso. Sin embargo, con demasiada frecuencia, actúan al servicio de sus propios intereses.

Un ejemplo claro de esta perversión institucional es la tendencia del Estado a intervenir en empresas privadas: ¿Qué sentido tiene que el gobierno compre o inyecte dinero público en entidades privadas? El papel del Estado es garantizar el bienestar de la ciudadanía, no hacer de inversor o protector de negocios. Este tipo de actuaciones, además, suele ir seguido de la colocación de “amistades” en puestos clave dentro de esas empresas. El dinero público debe destinarse a lo que es de todos, no a alimentar redes clientelares. A las empresas hay que ofrecerles un marco jurídico estable y herramientas para crecer, pero nunca financiación directa con dinero de todos. Lo que este país necesita, con urgencia, son auditorías forenses en todas las administraciones.

La sociedad demanda mejores servicios públicos, atención digna y profesional en todos los niveles de la administración. Sin embargo, lo que abunda hoy en día es todo lo contrario: despilfarro, descoordinación, arrogancia e incluso incumplimientos legales sistemáticos. Un caso escandaloso que se está visibilizando en los medios es el de las instalaciones de paneles solares en el medio rural, donde las irregularidades son notorias, y que he podido comprobar de primera mano.

Es verdaderamente sangrante la ineficacia y falta de profesionalidad en muchos cargos públicos. La arrogancia y el desprecio por la gestión eficiente nos han llevado a un modelo de derroche institucionalizado. No buscan optimizar recursos, sino alimentar egos y mantener chiringuitos. Prueba de ello es la duplicidad de servicios en todas las capas del Estado. Uno de los ejemplos más evidentes: la sanidad. ¿Cómo es posible que existan 17 sistemas de gestión distintos, uno por cada comunidad autónoma, con sus respectivas aplicaciones informáticas y sus correspondientes gastos de mantenimiento? Un modelo de colaboración interadministrativa tan absurdo que roza lo delictivo. Sobra todo eso: con un solo sistema, bien estructurado, sería más que suficiente. Lo demás es malversación encubierta.

Me desplazo con frecuencia por todo el país y doy fe de este “modelo de gestión ejemplar” que sufrimos. El ciudadano exige calidad en los servicios, pero los políticos parecen ajenos a esa demanda. Resulta irónico: nunca antes en la historia de la humanidad hemos contado con más medios tecnológicos y recursos, y sin embargo, jamás se han prestado servicios públicos de peor calidad. Gracias, políticos, por este “logro”.

Vivís en una especie de teatro continuo, un postureo permanente pagado con dinero público, sin apenas rendir cuentas por vuestra falta de ética o profesionalidad. Habéis convertido la política en un gallinero populista, amplificado por unos medios que, en lugar de fiscalizaros, os alimentan. Les recuerdo que están ahí para llegar a acuerdos, no para imponer, gritar o insultar. Acuerdos que, por definición, requieren cesiones y diálogo, no imposición.

La política debería ser un ejemplo de transparencia y servicio. Por desgracia, ustedes representan con demasiada frecuencia lo más chabacano, lo más mediocre de nuestra sociedad. Han sustituido hace tiempo la democracia por una “deDocracia” basada en el dedo y el reparto interno del poder.

Y si ya la propia UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) tiene que investigar al Gobierno… poco más hay que añadir.

En fin, cosas mías…

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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