viernes, 12 de septiembre de 2025

110 - Mataelpino / Navacerrada / Cercedilla


Queridos amigos,

Comienzo una nueva etapa en mi viaje por la regeneración política; esta vez, recorriendo un paraje natural en el que la Sierra de Guadarrama se alza, imponente y constante, a lo largo de todo el camino.

Pronto alcanzo el Parque Nacional de la Pedriza, uno de los paisajes naturales más singulares de España. Este impresionante conjunto granítico, modelado por la erosión durante millones de años, está formado por riscos, crestas, canchales y majestuosas paredes de roca. Sus siluetas caprichosas —como el Yelmo, las Torres o el Elefante— transforman el entorno en un verdadero museo geológico al aire libre.

Tras varias horas de esfuerzo en constante ascenso, alcanzo Mataelpino, una pequeña pedanía de El Boalo enclavada en la Sierra de Guadarrama. Como otras localidades de la zona, sus orígenes se remontan a la época de la Reconquista, cuando fue repoblada por pastores segovianos en busca de pastos y buenas condiciones para sus ganados en las laderas de la sierra. Las primeras referencias escritas sobre Mataelpino datan del siglo XIII, y en 1833, con la reorganización provincial de España, pasó a integrarse en la provincia de Madrid.

El principal patrimonio de Mataelpino se concentra en la iglesia de Santa Águeda, del siglo XVI. A ello se suman los restos arqueológicos encontrados en su entorno —tumbas y enterramientos visigodos y medievales, así como sepulturas localizadas en la ribera del arroyo Samburiel—, que testimonian una prolongada presencia humana en la zona.

La localidad se encuentra dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, lo que le otorga un notable valor paisajístico, así como una gran riqueza en biodiversidad, flora y fauna de montaña. Este entorno privilegiado ha impulsado de forma significativa el sector servicios, ya que son muchas las personas que se acercan en busca de tranquilidad y actividades ligadas al senderismo y la naturaleza. El aumento de viviendas de nueva construcción refleja, además, un crecimiento poblacional y una apreciable calidad de vida. Tras desayunar, retomo el camino hacia Navacerrada, la segunda localidad que visitaré en la jornada de hoy.

Hasta comienzos del siglo XX, la población de esta localidad era reducida y su economía se sustentaba principalmente en la ganadería, los pastos y algunos oficios menores. Con el cambio de siglo comenzó a consolidarse como destino turístico: se popularizaron las excursiones y los sanatorios, y la llegada del ferrocarril al Puerto de Navacerrada (línea Cercedilla–Puerto de Navacerrada, inaugurada en 1923) la vinculó aún más estrechamente con Madrid.

Entre los bienes más destacados de Navacerrada, tanto arquitectónicos como naturales, cabe señalar:
  • La iglesia parroquial de la Natividad de Nuestra Señora, situada en lo alto de un cerro en el extremo norte del casco antiguo. Su construcción original data del siglo XVI.
  • La Fonda Real, antigua posada vinculada al tránsito de la corte y al paso por la sierra, testimonio de la relevancia histórica de las comunicaciones a través del Puerto de Navacerrada.
La economía de la localidad está fuertemente condicionada por su situación geográfica, su clima y, sobre todo, por su atractivo turístico. El turismo de montaña constituye uno de sus principales pilares: visitantes que acuden a esquiar, practicar senderismo, realizar rutas, disfrutar de la nieve, del aire libre y de los paisajes de la Sierra de Guadarrama.

Navacerrada cuenta además con un gran número de viviendas de veraneo y segundas residencias. Muchas de sus casas son utilizadas por habitantes de Madrid y de otras ciudades durante los fines de semana, las vacaciones o las temporadas de invierno, lo que impulsa la economía local a través de los servicios, el mantenimiento, el comercio y la hostelería.

Salir de Navacerrada implica afrontar un acusado desnivel, especialmente en los primeros tramos a la salida de la población. Más adelante, el camino se suaviza y discurre por un terreno más amable hasta llegar a Cercedilla, destino final de la jornada.

Los orígenes de esta población se remontan a la época romana, cuando la zona formaba parte de la vía conocida como la Calzada de la Fuenfría (o Vía Antonina), que conectaba Titulcia con Segovia. A lo largo de esta ruta se construyeron varios puentes romanos que se conservan hasta hoy, entre ellos el Puente de Enmedio, el Puente del Reajo y el Puente del Descalzo, entre otros.

Durante la Edad Media y los siglos posteriores, Cercedilla mantuvo su vinculación con las actividades rurales tradicionales: ganadería, agricultura de montaña (centeno, cebada, etc.), aprovechamiento de los bosques y explotación maderera. La localidad también sirvió como paso para reinas y reyes, como Carlos V, que practicó la caza en sus bosques.

Ya en el siglo XX, Cercedilla se consolidó como destino de veraneo y de montaña, con la construcción de casas de descanso, colonias de verano y el desarrollo de actividades como el excursionismo y los deportes de invierno. Así se convirtió en una de las localidades más apreciadas por quienes buscan naturaleza, clima fresco y paisaje serrano, especialmente para quienes provienen de Madrid.

Cercedilla posee un patrimonio que integra elementos arqueológicos, naturales, arquitectónicos y culturales. Entre sus principales atractivos destacan la Calzada Romana de la Fuenfría y sus puentes históricos, el Museo del Esquí, la Iglesia de San Sebastián, así como sus colonias de verano, vestigios de la época en que Cercedilla se popularizó como destino de veraneo para la burguesía madrileña.

La economía de Cercedilla hoy está muy ligada al turismo, los servicios, el uso del entorno natural, y también al uso residencial (temporadas, segundas residencias).

Al finalizar el día, el cansancio arropa mi persona por entero…

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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