lunes, 20 de octubre de 2025

133 - Zarratón / Bañares / Santo Domingo de la Calzada


Queridos amigos,

Hoy doy por terminado el Camino Vasco del Interior en Santo Domingo de la Calzada. En estas primeras horas de la mañana, tengo ante mí un corto trayecto desde Haro sin desniveles de importancia, ni servicios de ningún tipo en las pequeñas poblaciones intermedias: Zarratón y Bañares.

Santo Domingo de la Calzada es una localidad riojana con algo más de 6.000 habitantes de gran importancia histórica y cultural, situada en el Camino de Santiago francés. Su origen se remonta al siglo XI, cuando Domingo García, un ermitaño posteriormente canonizado, decidió mejorar las condiciones de los peregrinos que atravesaban esta zona montañosa y de difícil tránsito. Con la ayuda del rey Alfonso VI, Domingo construyó un puente sobre el río Oja, una calzada y un hospital, lo que dio lugar al asentamiento que acabaría convirtiéndose en la actual ciudad. El lema que aún hoy se recuerda, “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”, hace referencia a un famoso milagro jacobeo asociado al santo.

El principal patrimonio de la localidad está íntimamente vinculado al Camino de Santiago. Destaca la Catedral, un imponente templo de origen románico con elementos góticos, renacentistas y barrocos, que alberga el sepulcro del santo. En su interior se conserva el gallinero con un gallo y una gallina vivos, símbolo del mencionado milagro. Además, la ciudad cuenta con la antigua muralla medieval, tramos de la cual aún se conservan; el Convento de San Francisco, el Monasterio de Nuestra Señora de la Anunciación, varios palacios barrocos y casonas nobles que testimonian la importancia de la ciudad como enclave de peregrinación y cruce comercial.

La ciudad mantiene una economía diversificada. La agricultura y la ganadería han sido históricamente pilares fundamentales, gracias a la fertilidad de la comarca de La Rioja Alta. También desempeña un papel relevante el sector servicios, en especial todo lo relacionado con el turismo cultural y religioso, al ser un punto destacado del Camino de Santiago. La hostelería, la restauración y el comercio ligado a los peregrinos constituyen fuentes de ingresos significativas. Asimismo, la ciudad también ha desarrollado cierta actividad industrial, centrada en la agroalimentación.

A mi llegada he podido observar un gran numero de peregrinos, muchos de ellos interesados en visitar el interior de la Catedral. Yo mismo he tenido idéntico impulso, pero he desistido al comprobar que el acceso está condicionado al pago en las taquillas, el único punto de entrada posible. Desde que iniciara mi camino por la regeneración política he podido ver multitud de iglesias y ermitas, cerradas prácticamente en su totalidad. También he tenido la oportunidad de admirar varias catedrales, todas ellas con acceso al interior previo pago, algo que no ocurre en otros países; por ejemplo, en Francia.

Quiero manifestar mi total disconformidad con el cobro de entradas para acceder a templos cristianos en España, entre ellos la catedral de Santo Domingo de la Calzada. Las iglesias, catedrales y ermitas fueron levantadas, en su inmensa mayoría, gracias al esfuerzo colectivo de comunidades enteras, a lo largo de siglos, con aportaciones populares, diezmos y donaciones. Son, por tanto, patrimonio espiritual, histórico y cultural del pueblo, y no meros espacios turísticos convertidos en negocio. El hecho de que se cobre por entrar a rezar, a contemplar el arte sacro o a conocer la historia de un lugar como Santo Domingo de la Calzada supone una contradicción con los principios cristianos de acogida, gratuidad y hospitalidad, precisamente en una ciudad cuyo origen está vinculado a la generosidad de un santo que dedicó su vida a los peregrinos. ¿Cómo justificar que quienes recorren el Camino de Santiago deban pagar por entrar a la catedral que da sentido al propio nombre de la ciudad?

No se trata de negar los gastos de conservación y mantenimiento de estos monumentos, que sin duda son elevados. Pero existen vías alternativas: subvenciones públicas, trabajo y donaciones voluntarias, convenios culturales o acuerdos con instituciones. Convertir la entrada en una obligación económica excluye a personas con menos recursos y transmite la idea equivocada de que el patrimonio religioso pertenece solo a quienes pueden pagarlo. Por ello, pido que se reconsidere esta práctica, buscando fórmulas más justas y coherentes con la función espiritual y cultural de los templos. Las catedrales y las iglesias deben seguir siendo lugares de fe, encuentro y memoria colectiva, y no taquillas disfrazadas de puertas sagradas.

Es mi opinión…

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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1 comentario:

  1. ​¡Hola Jon! He leído tu reflexión y quiero manifestarte mi total apoyo.
    ​Aunque no soy creyente, mi laicidad me lleva a apoyar plenamente tu denuncia. La cuestión no es de fe, sino de principios universales de acceso al patrimonio común y de equidad social. Estos edificios son monumentos históricos y culturales, fruto de siglos de esfuerzo colectivo; como tales, su disfrute debería ser un derecho ciudadano y no un privilegio económico.
    ​Además, encuentro que la coherencia entre tu acción – el 'caminar paso a paso' por la regeneración – y la articulación de una crítica pública tan precisa y fundada, es una clara demostración de determinación y coraje cívico, y merece el máximo respaldo.
    ​(Como siempre en mis comentarios en español (y no solo), confieso que uso la red para asegurarme de que el mensaje sea claro 😉).
    ​¡Un abrazo y mucha fuerza para seguir tu camino!
    *Carlo Tau*
    P.D.: Sin embargo, el blog no permite publicar con una cuenta propia, solo acepta como «anónimo»...🙄🤷

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