Queridos amigos,
Con la intención de desayunar en alguno de los bares de Zarautz y disponer de un margen de tiempo extra para disfrutar por unos minutos de la ciudad, salgo de mis aposentos reales cuando aún es noche cerrada, tras despedirme de mis compañeros de alojamiento, a quienes ayer tuve la oportunidad de explicar el propósito de mi viaje caminando por el país.
Ya en Zarautz, avanzo hacia Getaria por la playa de La Concha y continúo luego por el magnífico paseo que recorre todo el litoral. A estas primeras horas de la mañana, son muchas las personas que practican deporte o caminan junto al mar, disfrutando de unas vistas inmejorables del entorno.
¡Qué puedo decir de Getaria! Podría considerarse el hermano menor de Zarautz… o quizá el mayor. A lo largo de mi vida he visitado esta localidad en numerosas ocasiones y siempre he disfrutado de la excelente gastronomía de sus restaurantes, especialmente del Kaia, uno de mis favoritos.
Getaria es una villa costera situada en un enclave privilegiado del litoral cantábrico, entre Zarautz y Zumaia, destaca por su casco histórico medieval, su puerto pesquero y su profunda conexión con el mar. A pesar de su tamaño reducido, Getaria posee una importante historia y legado cultural y económico que la convierten en uno de los pueblos más emblemáticos de la costa vasca.
Los orígenes de Getaria se remontan a la Edad Media. Fue fundada en el siglo XIII, concretamente en 1209, por orden del rey Alfonso VIII de Castilla, quien le concedió la carta puebla. Su ubicación estratégica, protegida por el monte San Antón —popularmente conocido como “el Ratón de Getaria” por su forma—, la convirtió en un importante puerto pesquero y defensivo.
A lo largo de los siglos, la ciudad sufrió ataques y conflictos, como los incendios que destruyeron buena parte de la villa en los siglos XV y XVII, o los estragos de las guerras carlistas. No obstante, siempre se recuperó gracias a la fortaleza de su comunidad.
Getaria también es cuna de figuras históricas de gran relevancia. El más célebre es Juan Sebastián Elcano, marino que completó la primera vuelta al mundo tras la muerte de Magallanes. Su hazaña convirtió a Getaria en símbolo de la exploración marítima universal. Otro hijo ilustre es Cristóbal Balenciaga, considerado uno de los grandes maestros de la alta costura del siglo XX.
En referencia a su patrimonio, el casco antiguo de Getaria conserva su trazado medieval, con calles empedradas y casas de piedra típicamente vascas. Entre sus monumentos más destacados se encuentran:
- La iglesia de San Salvador, un magnífico templo gótico del siglo XV, declarado Monumento Nacional. En ella juraron las Juntas Generales de Guipúzcoa en 1397, hecho que marca el nacimiento institucional del territorio histórico.
- El puerto de Getaria, corazón de la villa, que mantiene la actividad pesquera tradicional y concentra gran parte de la vida social y gastronómica del pueblo.
- El monte y faro de San Antón, antiguo islote unido a tierra por un istmo, que ofrece vistas panorámicas del litoral y rutas naturales muy frecuentadas.
- El monumento a Juan Sebastián Elcano, situado en lo alto del monte, visible desde distintos puntos de la costa.
- El Museo Cristóbal Balenciaga, ubicado en un moderno edificio anexo al Palacio Aldamar, dedicado a la vida y obra del famoso diseñador getariarra.
Tradicionalmente, la economía de Getaria ha estado vinculada al mar y a la pesca, especialmente del bonito del norte y la anchoa, productos que siguen siendo emblemas locales. En torno a la actividad pesquera se han desarrollado industrias conserveras y de transformación del pescado.
Otra fuente económica fundamental es la viticultura, en particular la producción del txakoli de Getaria (Getariako Txakolina), vino blanco con denominación de origen propia. Las empinadas laderas que rodean la villa están cubiertas de viñedos, y numerosas bodegas elaboran este vino afrutado y ligeramente espumoso que se exporta a toda España y al extranjero.
El turismo constituye hoy otro pilar esencial de la economía local. La oferta gastronómica, basada en el pescado a la parrilla, junto con su patrimonio histórico, su costa y su ambiente marinero, atraen a miles de visitantes cada año.
Continúo viaje hacia la pequeña aldea de Azkizu, que pronto dejo atrás para acceder a la segunda población de importancia del día: Zumaia. Esta es una villa costera situada en la desembocadura de los ríos Urola y Narrondo, en la provincia de Gipuzkoa. Forma parte de la comarca del Urola Kosta y se halla en un entorno natural espectacular, donde el mar Cantábrico se encuentra con los acantilados del Geoparque de la Costa Vasca. Su paisaje, su patrimonio histórico y su carácter marinero la convierten en uno de los destinos más atractivos del litoral guipuzcoano.
Con orígenes en la Edad Media, fue fundada oficialmente en 1347 por orden del rey Alfonso XI de Castilla, quien le concedió la carta puebla para proteger la desembocadura del Urola y fomentar el desarrollo de una comunidad pesquera y artesanal. Su nombre original, Villa de Zumaya, proviene del topónimo vasco zumai(a), que alude a la presencia de juncos o cañas en la zona.
Durante siglos, Zumaia fue un pequeño núcleo pesquero y agrícola, aunque su puerto también tuvo cierta importancia en el comercio costero. En los siglos XVI y XVII participó en la construcción naval, y muchos de sus habitantes se embarcaron en expediciones de pesca o comercio hacia el norte de Europa.
A lo largo de su historia, la villa sufrió diversos conflictos, como las guerras carlistas, que afectaron gravemente al País Vasco en el siglo XIX. No obstante, supo mantener su identidad marinera y su vida comunitaria, adaptándose a los cambios económicos del siglo XX con el desarrollo del turismo y de pequeñas industrias locales.
Zumaia conserva un notable patrimonio histórico, artístico y natural que refleja su pasado y su entorno privilegiado. Entre sus elementos más destacados se encuentran:
- La iglesia de San Pedro Apóstol, construida entre los siglos XIII y XV, es uno de los mejores ejemplos del gótico vasco.
- La ermita de San Telmo, situada sobre el acantilado que domina la playa de Itzurun, es uno de los lugares más emblemáticos del municipio. Dedicada al patrón de los marineros, se ha hecho famosa por sus vistas espectaculares y por haber aparecido en películas como “Ocho apellidos vascos” o “Juego de Tronos”.
- El casco antiguo, de trazado medieval, conserva calles estrechas, casas de piedra y edificios con escudos nobiliarios que recuerdan el pasado señorial y marinero de la villa.
- El Museo de Zuloaga, instalado en el antiguo convento de San Francisco, alberga una importante colección de obras del pintor Ignacio Zuloaga, natural de Eibar pero muy vinculado a Zumaia.
- El Flysch, formación geológica que aflora en los acantilados de Itzurun y Algorri, constituye uno de los conjuntos geológicos más impresionantes de Europa. Sus capas de roca sedimentaria, formadas durante millones de años, permiten leer la historia de la Tierra como si fuera un libro abierto.
A partir del siglo XX, la economía local se diversificó con la aparición de pequeñas industrias metalúrgicas y navales, así como talleres de carpintería y mecánica vinculados al sector marítimo. En la actualidad, los tres pilares económicos de Zumaia son:
- El turismo, que ha crecido notablemente gracias al Geoparque de la Costa Vasca, las playas de Itzurun y Santiago, y la oferta cultural y gastronómica.
- La pesca y las conserveras, aunque en menor medida que en el pasado, siguen teniendo presencia en el puerto.
- El vino txakoli, producido en los viñedos cercanos, que comparte denominación de origen con el txakoli de Getaria y Zarautz.
Deba es una villa costera situada en la provincia de Gipuzkoa, en el corazón del litoral occidental vasco. A orillas del mar Cantábrico y en la desembocadura del río del mismo nombre, Deba combina un importante pasado histórico con un patrimonio monumental de gran valor y una vida económica tradicionalmente ligada al mar, la agricultura y, en las últimas décadas, al turismo.
El territorio de Deba ha estado habitado desde tiempos prehistóricos, como demuestran los restos arqueológicos hallados en cuevas cercanas, entre ellas la cueva de Ekain, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (situada en el vecino valle de Sastarrain, aunque vinculada históricamente al área de Deba).
La actual villa de Deba fue fundada en 1294 por orden del rey Sancho IV de Castilla, quien trasladó la población desde el primitivo núcleo de Itziar —situado en el monte— hasta la costa, buscando potenciar el comercio marítimo y la pesca. La nueva fundación recibió el nombre de Monreal de Deba y una carta puebla que garantizaba privilegios a sus habitantes.
Durante la Edad Media y Moderna, Deba prosperó como puerto comercial y pesquero. Desde su embarcadero se exportaban hierro, lana y vino, e importaban productos del norte de Europa. El auge económico se reflejó en la construcción de magníficos edificios religiosos y civiles. Sin embargo, los ataques piratas, las guerras carlistas y los cambios económicos posteriores redujeron progresivamente su importancia marítima.
A partir del siglo XIX, Deba se reinventó como villa turística y balnearia. Su clima suave, su playa y su paisaje atrajeron a visitantes de toda España, convirtiéndola en un destino de veraneo de la burguesía guipuzcoana.
Deba conserva un notable conjunto monumental que refleja su esplendor histórico y su estrecha relación con el mar. Resaltar de entre su patrimonio:
- Iglesia parroquial de Santa María: construida entre los siglos XV y XVI, es una de las joyas del gótico vasco.
- Casco antiguo: de trazado medieval, alberga casas blasonadas y calles empedradas que conservan el aire histórico de la villa.
- Convento de San Francisco: fundado en el siglo XVI, fue un importante centro religioso y hoy acoge espacios culturales.
- Puerto y playa de Santiago: el puerto sigue siendo símbolo de la identidad marinera de Deba, mientras que la playa, situada junto a la desembocadura del río, es uno de los grandes atractivos turísticos del municipio.
- Barrio de Itziar: a escasos kilómetros del centro urbano, destaca por su santuario dedicado a la Virgen de Itziar, patrona de los marineros y de la comarca.
Desde el siglo XIX, y especialmente a lo largo del XX, el turismo se ha convertido en el motor económico principal. La villa ha sabido conjugar su herencia histórica con una oferta moderna de alojamiento, restauración y actividades de naturaleza. Su playa, los paisajes del geoparque y la gastronomía —con productos del mar y sidra o txakoli de la comarca— atraen cada año a numerosos visitantes.
Hoy me alojo rodeado del glamour que desprende una vieja estación de ferrocarril reconvertida en albergue para peregrinos del Camino de Santiago. Muchos huéspedes, la mayoría de diferentes países europeos. Despido de este modo un día que ha resultado muy exigente en esfuerzo y extraordinario en belleza.
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
Jon
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