Queridos amigos,
Desde que abandoné el camino por la regeneración política en San Vicente de la Barquera (Cantabria), he pasado un tiempo recuperándome de Covid, una enfermedad que sospecho contraje en un albergue de Santillana del Mar, donde compartí alojamiento con dos personas. Una de ellas estaba enferma y tosiendo durante toda la noche.
A partir de mañana —lunes— pretendo abordar un tramo de unos 200 kilómetros entre las ciudades de Cádiz y Sevilla, una ruta conocida como la Vía Augusta. Después realizaré un paréntesis de tres/cuatro meses para "poner orden" en todo lo aprendido/vivido a lo largo de los 4.000 kilómetros realizados caminando por España.
Hoy os presento aquí, el punto de inicio de esa travesía: Cádiz "La Tacita de Plata". Esta ciudad se halla situada en el extremo suroccidental de la península ibérica. Abrazada prácticamente en su totalidad por el océano Atlántico, cuenta en la actualidad con algo más de 110.000 habitantes. Esta considerada la ciudad más antigua de Occidente habitada de manera ininterrumpida. Cádiz posee más de tres mil años de historia, una cronología única que ha dejado una huella profunda en su fisonomía, su cultura y su identidad. Su origen se remonta en torno al 1100 a. C., cuando los fenicios fundaron Gadir, una isla fortificada concebida como centro estratégico para el comercio de metales y productos procedentes del interior peninsular. Con el paso de los siglos, la ciudad pasaría a manos cartaginesas y más tarde romanas, adoptando el nombre de Gades y convirtiéndose en una urbe próspera, rica en actividad comercial y plenamente integrada en la dinámica del Imperio. La etapa visigoda y posteriormente la musulmana dejaron también su impronta, hasta la conquista cristiana en el siglo XIII, momento en el que Cádiz comenzó a perfilarse como un puerto clave en las rutas atlánticas.
El periodo de mayor esplendor llegaría durante la Edad Moderna, especialmente desde el siglo XVII. Tras el descubrimiento de América, Cádiz fue desplazando progresivamente a Sevilla como centro del comercio ultramarino hasta convertirse en la puerta de entrada y salida del tráfico con el Nuevo Mundo. La instalación de la Casa de Contratación en 1717 consolidó definitivamente su protagonismo económico. A través de sus muelles circulaban plata, productos exóticos, artesanía, textiles y un sinfín de mercancías procedentes de todo el ámbito colonial. Esta intensa actividad atrajo a comerciantes extranjeros, intelectuales y marinos que alimentaron un ambiente cosmopolita poco habitual en la España de la época. Cádiz se transformó en una ciudad abierta al mundo, culta y bulliciosa, cuya vitalidad se reflejó en la construcción de palacios, torres-mirador —erigidas para vigilar la llegada de barcos— y en una vida social estrechamente vinculada al mar.
El patrimonio arquitectónico y cultural de Cádiz es un reflejo vivo de esa larga y compleja trayectoria histórica. La Catedral Nueva, iniciada en 1722 y concluida en el siglo XIX, exhibe una mezcla de estilos y una inconfundible cúpula dorada que destaca en el perfil de la ciudad. A pocos pasos de ella se encuentra la Catedral Vieja, testimonio de épocas anteriores, y el Teatro Romano, uno de los mayores de la Hispania romana, descubierto en 1980 bajo el barrio del Pópulo. El Gran Teatro Falla, con su inconfundible fachada de ladrillo visto y estilo neomudéjar, constituye hoy un símbolo cultural incontestable. Allí se celebra el Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz, cuya creatividad y sentido del humor proyectan la identidad gaditana a todo el país. Las murallas y baluartes que rodean la ciudad, especialmente la Puerta de Tierra, el Castillo de Santa Catalina y el Castillo de San Sebastián, completan un paisaje urbano en el que el pasado militar y marinero convive con la vida cotidiana contemporánea. A ello se suman barrios emblemáticos como La Viña, el Mentidero o el Pópulo, donde las calles estrechas, las plazas luminosas y el aroma del mar crean una atmósfera singularmente gaditana.
Cádiz ha tenido desde siempre una estrecha relación con el mar. El comercio marítimo, la pesca, los astilleros y la actividad portuaria constituyen sus pilares económicos tradicionales. A lo largo del siglo XX y XXI, estos sectores se han complementado con un peso creciente de los servicios, la administración pública, la educación superior —con la Universidad de Cádiz como actor fundamental en investigación y desarrollo— y, de forma muy destacada, el turismo. Las playas urbanas, como La Caleta, vinculada a escenas míticas del cine y al imaginario gaditano, o la extensa Playa de la Victoria, junto con un clima templado y un patrimonio cultural rico y diverso, conforman una oferta turística sólida que nutre buena parte de la economía local. La Bahía de Cádiz, por su parte, mantiene una notable actividad industrial y logística, especialmente en sectores como los astilleros y el transporte de mercancías.
Quiero mencionar alguna de las muchas anécdotas curiosas que definen el carácter del pueblo gaditano. Una de las más célebres tiene lugar durante la Guerra de la Independencia. En 1810, cuando gran parte del territorio español había sucumbido a la ocupación napoleónica, Cádiz resistió heroicamente un largo asedio. Su posición geográfica, casi insular, y su fortificación natural permitían la llegada de suministros por mar, lo que la convirtió en el último bastión de la resistencia española. Se dice que, mientras los franceses bombardeaban la ciudad desde el cercano fuerte de Matagorda, los gaditanos respondían con ingenio y sátira, lanzando versos burlescos y mensajes irónicos que ridiculizaban al enemigo. Esta actitud desafiante y humorística se convirtió en un sello del carácter local. En ese clima de resistencia, dinamismo intelectual y apertura al mundo se reunieron las Cortes de Cádiz, que dieron lugar a la Constitución de 1812, conocida como La Pepa, un hito fundamental en la historia del constitucionalismo español y europeo, y un símbolo del espíritu liberal y modernizador de la época.
Quiero dejar constancia en este post de mi opinión sobre la convocatoria realizada hoy (30 de noviembre) en Madrid por Alberto Núñez Feijóo (PP) en contra del Gobierno de España. Un acto que titularé "Quítate tú para ponerme yo". Es lamentable que, a día de hoy, ninguno de los partidos políticos contemple entre sus propuestas una verdadera regeneración política en este país, donde la democracia está ausente, o al menos, parece no tener cabida. Vivimos bajo una partitocracia en la que los ciudadanos somos meros espectadores y, además, víctimas de normativas y leyes que, en muchos casos, son perversas e injustas.
El sistema político actual es corrupto desde sus cimientos, por lo que es urgente llevar a cabo una regeneración política profunda; en otras palabras, abrir un proceso constituyente con el objetivo de redactar una nueva Constitución que acabe con la corrupción, mejore la eficiencia y el control de los servicios públicos, y ponga fin a este "gallinero" en que se ha convertido la política. Esta nueva Constitución debe abordar, entre otras, las siguientes cuestiones:
- Elecciones con listas abiertas en los diferentes ámbitos de la Administración del Estado. Las personas con condenas firmes no podrán votar hasta cumplir con su condena. Además, para ser candidato electoral, será requisito indispensable tener al menos 30 años.
- Abolición de los aforamientos en todos los niveles.
- Garantizar una separación clara de poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial).
- Fortalecer la independencia del sistema judicial, dotándola de los recursos humanos y económicos necesarios para su correcto funcionamiento. Además, implementar jurados mixtos, 50% jueces, 50% ciudadanos elegidos por sorteo.
- Abolición de la prescripción de delitos, sin excepción.
- Reducir la edad penal a los 16 años.
- Proteger la propiedad privada de manera firme.
- Responsabilidad subsidiaria de los partidos políticos por los delitos cometidos por sus afiliados o representantes.
- La cuestiones de gran repercusión social deben someterse a referéndum, como por ejemplo la nacionalización masiva de extranjeros.
- Compensar las ayudas sociales con trabajos comunitarios. Todas las ayudas del Estado estarán centralizadas en un registro único, que será cruzado con los de otros países de la Unión Europea. Aquellos que cometan fraude en la recepción de ayudas quedarán excluidos permanentemente del sistema; y si son extranjeros, serán deportados a su país de origen.
- Prohibir que los sindicatos reciban ayudas económicas del Estado bajo ningún concepto, y someterlos a la fiscalización de Hacienda.
Podría hablar de los medios de comunicación, cómplices en muchos casos de esta “democracia de pesebre” que tenemos, y de la Unión Europea, principal responsable de los grandes daños que sufre el medio rural en España. En gran medida, han destruido el futuro de los agricultores y ganaderos, imponiendo normativas injustas y una burocracia absurda, creada en muchas ocasiones desde la arrogancia de quienes no distinguen un buitre de una gallina. Más grave aún, han logrado acabar con la sabiduría y el conocimiento de nuestros agricultores y ganaderos. Hoy en día, los jóvenes tienen un conocimiento mínimo o nulo sobre el medio rural. Con frecuencia afirmo que las ciudades ejercen una dictadura despiadada sobre el medio rural, y así nos va…
Estando en Cádiz, sustento esta propuesta de regeneración política en la historia, en las Cortes de Cádiz de 1812, buscando lograr un cambio político que represente todo un símbolo, una raya en el agua que sirva de guía para las futuras generaciones.
Quienes me conocen saben que llevo a Andalucía en el corazón. A lo largo de mi vida he realizado incontables viajes por esta Comunidad y he tenido la oportunidad de conocer gran parte de sus ocho provincias. Ahora abro una ventana en el tiempo para recorrer a pie Cádiz y Sevilla, una experiencia que, sin duda, me reportará momentos inolvidables.
Acompañaré la caminata con unos buenos vinos: Finos, manzanilla, amontillado..., o palo cortado.
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
Jon
*******
Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas

No hay comentarios:
Publicar un comentario