CAPTACIÓN DE FIRMAS PARA LA REGENERACIÓN POLÍTICA EN ESPAÑA: 1. Abolición del actual Régimen de Aforamientos.... 2.Fijar la edad penal en 16 años.... 3.Eliminación prescripción de los delitos graves.... 4.Mejora Sistema de Pensiones.... 5.Modificación Sistema de Ayudas Sociales.... 6.Modificación Sistema Electoral.... 7.Eliminación asignaciones económicas a las Centrales Sindicales.

jueves, 4 de diciembre de 2025

150 - Alcalá de Guadaíra / Sevilla


Queridos amigos,

Hoy me incorporo a la vida con el propósito de afrontar la última jornada en la Vía Augusta. Sin pretenderlo, mi mente realiza un balance de la ruta, sin poder evitar pensar que, desde que saliera de Cádiz, no he coincidido con ninguna otra persona realizando esta travesía. Parece evidente que la locura únicamente ha tomado confianza conmigo.

Revestido de todo el ánimo de que dispongo, enfilo mis pasos hacia la penúltima localidad de la Vía Augusta: Alcalá de Guadaíra. Su historia se remonta a tiempos muy antiguos. Los restos arqueológicos hallados en la zona —como los del paraje Gandul— evidencian que este territorio fue habitado desde épocas prerromanas. Con la presencia romana la zona fue integrada en la estructura de asentamientos de la Bética, y más tarde, durante la dominación musulmana, su situación estratégica junto al río le proporciono especial importancia.

Su nombre actual deriva del árabe Al-Kalʿat al-Guadaíra (“castillo junto al Guadaíra”), en referencia a la fortaleza que controlaba el paso del río y defendía la zona. El 21 de septiembre de 1246 quedó bajo control cristiano tras la conquista. A partir de los siglos XIV y XV, Alcalá ya destacaba como una villa poblada, con fuerte actividad agrícola —sobre todo cereales y olivar—, lo que impulsó la construcción de numerosos molinos de harina a lo largo del río Guadaíra.

Con el paso del tiempo la villa creció, extendiéndose más allá de sus murallas medievales. Durante el siglo XIX consolidó su papel como área productora agrícola y transformadora, y su industria panadera alcanzó gran importancia. La llegada del ferrocarril en 1873, conocido como el “Tren de los Panaderos”, facilitó el transporte y distribución de pan y harina hacia Sevilla.

Hoy día, Alcalá de Guadaíra, con sus 75.000 habitantes, es uno de los municipios más poblados de la provincia de Sevilla, formando parte del area metropolitana de la capital. Entre su importante patrimonio hay que resaltar el Castillo que domina desde su cerro el valle del Guadaíra. Sus orígenes se remontan a la ocupación musulmana, aunque tras la reconquista sufrió transformaciones: la fortaleza medieval que se conserva —torre del homenaje y restos de murallas— recuerda su función defensiva. Fue declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico en 1924. Por otra parte, a lo largo del río Guadaíra se conservan antiguos molinos y tahonas, vestigios de la tradicional industria de la harina que le valió a la ciudad el sobrenombre de “Alcalá de los Panaderos”. Este legado industrial-agrícola forma parte de su identidad histórica.

Con el paso del tiempo, la ciudad ha evolucionado: parte de su población trabaja en industrias diversas, servicios y también en puestos vinculados a la proximidad con Sevilla — muchos la han convertido en ciudad dormitorio, lo que ha generado crecimiento urbano, nuevas actividades y expansión demográfica. El sector turístico y cultural —aprovechando su patrimonio histórico, su entorno natural junto al río y su cercanía a Sevilla— aporta también valor, con visitas al castillo, rutas por los molinos, patrimonio artístico y natural.

Un último esfuerzo, concentrado en tres horas de caminata, me sitúa finalmente en Sevilla, dando así por concluida la Vía Augusta. Como siempre que regreso a esta ciudad, aprovecho para visitar el Hotel Alfonso XIII y la Catedral de Santa María, con su espléndida Giralda.

Hoy no escribiré sobre Sevilla ya que lo hice en el post 045, con motivo de la visita que realicé a esta ciudad el pasado 8 de junio. Como ya adelante días atrás (post 146) a partir de este momento abro un paréntesis de tres/cuatro meses para "poner orden" en todo lo aprendido/vivido a lo largo de los 4.028 kilómetros realizados caminando por España.

¡Muchas gracias!

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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miércoles, 3 de diciembre de 2025

149 - Trajano / Utrera


Queridos amigos,

Por fortuna, el día amanece radiante. Aunque hace frío, luce el sol, y esto es algo que un caminante siempre agradece. Emprendo la jornada, abordando un primer tramo hasta Trajano, una minúscula pedanía de unos 900 habitantes perteneciente al municipio de Utrera. Se fundó en 1972 como uno de los últimos pueblos de colonización levantados en las marismas del Bajo Guadalquivir. Sus primeros habitantes llegaron para trabajar sus fértiles tierras. Con el paso de los años, aquel asentamiento concebido para impulsar la agricultura se convirtió en una comunidad estable, unida y con una identidad propia.

Este sencillo núcleo urbano gira en torno a la iglesia parroquial de San Pablo, edificio que actúa como centro religioso y punto de referencia para los vecinos. En la plaza principal destaca también un busto dedicado al emperador romano Marco Ulpio Trajano, que da nombre al pueblo. Más recientemente, con motivo del cincuentenario de la fundación, se erigió una columna con relieves que evocan la llegada de los colonos y el nacimiento del pueblo, convertida ya en un símbolo de su historia.

La vida económica sigue estrechamente vinculada al campo. La agricultura continúa siendo el motor esencial del lugar, con cultivos propios de la campiña sevillana como los cereales, el olivar o el girasol. Gran parte de sus habitantes trabaja todavía en explotaciones agrícolas familiares o en fincas cercanas, lo que preserva un estilo de vida ligado a la tierra y a las labores tradicionales.

En este lugar he tenido la fortuna de descubrir un tesoro: El bar Corina. Magníficos desayunos y comida tradicional, todo ello, servido en un marco de limpieza y amabilidad. Sorprende además 
—gratamente, la relación calidad/precio.


A partir de este punto, abordo un extenso tramo final hasta Utrera. Esta localidad, en la actualidad con algo más de 52.000 habitantes, ha estado habitada desde tiempos muy antiguos. Hay vestigios en el municipio que se remontan al Neolítico, y ya en época romana la zona era conocida como “Utrícula”. Mas adelante, bajo la dominación musulmana, pasó a denominarse “Gatrera”. Su historia está marcada por varios acontecimientos relevantes. Entre ellos, destacan la Reconquista cristiana (siglo XIII), que marcó el inicio de los asentamientos con rigor histórico; la construcción del castillo (entre 1325 y 1350), que es fundamental para entender el origen de la ciudad; la declaración de Utrera como cuna histórica del flamenco (a lo largo de los siglos); y la gran inundación de 1962 y la posterior consolidación como primer productor de algodón de España en 1963, eventos que marcaron la historia social y económica moderna de la ciudad.

Con el paso del tiempo, Utrera ha ido configurando un rico patrimonio histórico y cultural. Entre sus monumentos destacan los restos del antiguo Castillo de Utrera — una fortaleza de origen almohade mencionada ya en documentos medievales —, cuya torre de homenaje se alza aún, vestigio de los antiguos recintos defensivos. También sobreviven iglesias de estilo gótico como las de Santa María de la Mesa o Santiago, además del palacio nobiliario Palacio de los condes de Vistahermosa — hoy sede del ayuntamiento — un edificio histórico y señorial. Más allá de la arquitectura, Utrera mantiene viva la tradición del toro bravo y la cría ganadera de reses bravas.

Al igual que en Jerez de la Frontera, he encontrado esta ciudad vibrante y acogedora. Hacía muchos años que no la visitaba y regresar ha sido realmente gratificante. Con la etapa de hoy finalizada, me encuentro ya a las puertas de Sevilla, donde pondré punto final a la Vía Augusta.

“Uno es más que cero”

Un abrazo
,

Jon

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martes, 2 de diciembre de 2025

148 - El Cuervo de Sevilla / Lebrija / Las Cabezas de San Juan


Queridos amigos,

Recuperado en buena medida, abandono mi alojamiento cuando aún faltan veinte minutos para las seis de la mañana. La jornada que tengo ante mí es considerablemente larga, aunque sin desniveles de importancia.

Completo un primer tramo hasta El Cuervo cuando aún no ha amanecido completamente. Aunque esta localidad pertenece oficialmente a la provincia de Sevilla, raya literalmente con Cadiz. De hecho, algunas calles del casco urbano corresponden administrativamente a un municipio gaditano vecino. Estoy en uno de los municipios más jóvenes de Andalucía. A pesar de su reciente constitución como municipio independiente en 1992, su territorio posee una trayectoria histórica ligada a las antiguas rutas que conectaban Sevilla con la Baja Andalucía. Desde época romana existen indicios de tránsito y actividad en la zona, pero fue sobre todo durante la Edad Moderna cuando el lugar adquirió relevancia gracias a su ubicación estratégica en el Camino Real entre Sevilla y Jerez. A lo largo del siglo XX, el crecimiento demográfico y económico impulsó la consolidación de un núcleo urbano propio, lo que desembocó en su segregación del municipio de Lebrija y en la formación de la actual entidad municipal.

A nivel patrimonial, El Cuervo cuenta con algunos elementos relevantes, como es el caso de la Iglesia de San José, levantada en la segunda mitad del siglo XX. Probablemente su principal patrimonio se halle en su entorno natural. El Parque Rocío de la Cámara, la Laguna de los Tollos —uno de los humedales interiores más relevantes de Andalucía, parcialmente ubicado en su término— y las zonas agrícolas que rodean el casco urbano forman parte de su identidad paisajística.

La economía de El Cuervo está estrechamente vinculada a la agricultura del Bajo Guadalquivir. Destacan cultivos como el trigo, el girasol, el algodón, la remolacha y los cítricos, así como explotaciones de olivar y otras plantaciones de regadío. La agroindustria asociada —cooperativas, empresas de transporte, almacenes agrícolas— constituye otro pilar económico relevante.

Hora y media larga de esfuerzo me sitúan en la segunda de las poblaciones que visito en el día de hoy: Lebrija. Se halla situada al sur de la provincia de Sevilla y muy próxima al límite con Cádiz, es una de las localidades con mayor riqueza histórica y cultural del Bajo Guadalquivir. Su poblamiento se remonta a la Prehistoria, como muestran restos hallados en su término municipal. Durante la época tartésica y, posteriormente, bajo dominio romano, la ciudad —conocida como Nebrissa Veneria— alcanzó relevancia gracias a su posición estratégica junto a antiguas rutas comerciales y a la fertilidad de sus tierras. En este periodo nació su figura más universal: Elio Antonio de Nebrija, humanista y autor de la primera Gramática de la lengua castellana (1492). Tras la etapa visigoda y musulmana, la ciudad pasó a manos cristianas en el siglo XIII durante la expansión castellana por el valle del Guadalquivir, consolidando su estructura urbana y su desarrollo agrícola.

El patrimonio de Lebrija es amplio y diverso. La Iglesia de Santa María de la Oliva, levantada entre los siglos XIII y XVI, es uno de sus templos más destacados, con mezcla de diferentes estilos. El Castillo de Lebrija, de origen medieval, domina la ciudad desde lo alto del cerro y conserva importantes lienzos de muralla. La Iglesia de San Benito, de fuerte impronta mudéjar, y el Convento de las Concepcionistas. Entre los edificios civiles sobresale la Casa de la Cultura–Palacio de los Duques de Medina Sidonia, así como numerosas casas solariegas que conservan patios tradicionales y elementos heráldicos. El municipio cuenta además con un destacado yacimiento arqueológico romano, visible en varios puntos urbanos, y con esculturas y espacios dedicados a Nebrija, reflejo de su legado humanista.

La economía de Lebrija se ha apoyado históricamente en la agricultura, un sector que continúa siendo fundamental. El viñedo, especialmente el destinado a los vinos y mostos del Marco de Jerez, es uno de los cultivos más emblemáticos. También tienen gran peso el trigo, el algodón y el olivar. La agroindustria —bodegas, cooperativas, almazaras y empresas de transformación agrícola— constituye un pilar económico complementario.

Llueve sin pausa, aunque ligeramente. Un inconveniente con el que tendré que lidiar hasta el final de la jornada en Las Cabezas de San Juan, un municipio sevillano con una historia larga y singular dentro de la comarca del Bajo Guadalquivir. Su origen se remonta a asentamientos prerromanos, aunque fue durante la época romana cuando la zona adquirió mayor entidad gracias a su proximidad a importantes vías de comunicación. En la Edad Media pasó a manos cristianas tras la conquista del valle del Guadalquivir y quedó integrada en los dominios señoriales vinculados a los duques de Medina Sidonia. A lo largo de los siglos, la localidad ha vivido procesos de expansión ligados a la agricultura, convirtiéndose en un núcleo destacado de poblamiento rural.

El patrimonio de Las Cabezas de San Juan refleja esa herencia diversa. La Iglesia de San Juan Bautista, construida entre los siglos XV y XVIII, destaca por su mezcla de estilos arquitectónicos. El Santuario de Nuestra Señora del Rosario, muy vinculado a la devoción local, es otro de los edificios más valorados. El Convento de los Capuchinos, del siglo XVII, conserva una arquitectura sobria y representativa de la orden. En el ámbito civil, el Ayuntamiento, con su espléndida fachada, y el trazado tradicional de sus barrios históricos aportan identidad urbana. También son relevantes los restos arqueológicos dispersos por el término municipal, que evidencian su ocupación desde época antigua.

La economía del municipio continúa apoyándose en su base agrícola. El cultivo de olivar, la producción de aceite, los cítricos, los cereales y diversas plantaciones de secano y regadío constituyen las principales actividades del sector primario. La ganadería, aunque más reducida, también tiene presencia.

Hoy también he tenido la oportunidad de conversar con varias personas sobre el propósito de mi viaje en favor de la regeneración política en España. En sus rostros he percibido una mezcla de sorpresa, incredulidad y admiración.

Mientras almorzaba en un restaurante he leído una noticia que me ha llamado profundamente la atención. Según el periódico, la Junta de Andalucía facilitará legalmente la caza y eliminación del mayor número posible de jabalíes para frenar una eventual expansión de la peste porcina en la Comunidad.

Cuesta entender que se promueva la eliminación de animales sanos mientras, al mismo tiempo, existen granjas donde los cerdos se crían en condiciones de suciedad extrema. En mi recorrido por España he visto instalaciones ganaderas —de vacas, cerdos y gallinas— donde los animales viven entre excrementos y en un entorno claramente insalubre, completamente privados de libertad. Sin embargo, ni para la Administración ni para los inspectores de sanidad parece que esto constituya maltrato animal. Tampoco para buena parte de la ciudadanía.

Hubo un tiempo en este país en el que se cuidaba y respetaba a los animales, hasta el punto de que muchos eran considerados parte de la familia y llevaban incluso nombre propio. La avaricia desmedida y el entramado legal español y europeo nos han llevado a la situación actual, donde el dinero pesa más que el buen hacer y que una economía sostenible y de proximidad. Y, por lo que parece, esto tampoco inquieta demasiado a la Administración. Será cuestión de dejarlo para otro día…

Es, simplemente, mi opinión.

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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lunes, 1 de diciembre de 2025

147 - San Fernando / Puerto Real / El Puerto de Santa María / Jerez de la Frontera


Queridos amigos,

Con determinación (y sueño), emprendo la caminata al encuentro de la primera de las localidades que visitaré en el día de hoy: San Fernando. Situada en pleno corazón de la Bahía de Cádiz, esta es una ciudad con una historia profundamente vinculada al mar y a las fuerzas armadas. Sus orígenes se remontan a asentamientos romanos asociados a actividades salineras y marítimas, aunque su configuración urbana comenzó a definirse en época andalusí. Tras la conquista castellana, el territorio pasó a depender de la ciudad de Cádiz y más tarde de la Casa de Medina Sidonia. Su verdadero despegue llegó entre los siglos XVIII y XIX, cuando se convirtió en un importante núcleo militar y administrativo, sede de instituciones navales clave. Uno de los episodios más destacados de su historia ocurrió en 1810, cuando las Cortes Generales se reunieron en la entonces llamada Isla de León, haciendo de San Fernando el escenario donde se inició el proceso que culminaría con la Constitución de 1812, la primera carta magna liberal de España
.


El patrimonio de San Fernando refleja esta trayectoria militar, civil y religiosa. Su monumento más emblemático es el Real Teatro de las Cortes, lugar donde se gestaron las sesiones previas a la Constitución. La Iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo, de estilo barroco y neoclásico, alberga símbolos ligados a las Cortes y a la historia constitucional. La ciudad cuenta además con un excepcional patrimonio militar: el Castillo de San Romualdo, de origen medieval y rehabilitado como espacio cultural; el Panteón de Marinos Ilustres, impresionante conjunto neoclásico donde descansan figuras destacadas de la historia naval española; y el Arsenal de la Carraca, uno de los complejos navales más antiguos y significativos del país, donde se construyeron importantes navíos desde el siglo XVIII.

Otros elementos patrimoniales igualmente valiosos incluyen el Cerro de los Mártires y el Parque del Barrero, con restos arqueológicos y espacios naturales; la Iglesia del Carmen, ligada a la Armada; el Puente Zuazo, histórico paso fortificado que jugó un papel decisivo durante la Guerra de la Independencia; y un conjunto de salinas tradicionales, únicas en su género. El entorno natural es uno de los grandes atractivos de San Fernando: el municipio está rodeado de marismas, caños y senderos que forman parte del Parque Natural de la Bahía de Cádiz, un espacio de altísimo valor ecológico y paisajístico.

La economía de San Fernando ha estado tradicionalmente ligada al sector militar y naval, debido a la presencia de instalaciones como la Base de la Armada, el Arsenal de la Carraca y centros de formación militar. La industria naval y las actividades relacionadas con la defensa han sido históricamente motores de empleo. En las últimas décadas, el sector servicios ha adquirido una importancia creciente, impulsado por el comercio, la restauración y el turismo. El municipio se beneficia también de su integración en el área metropolitana de Cádiz, lo que genera empleo en sectores administrativos, educativos y sanitarios. Las salinas artesanales y la recuperación de sus paisajes asociados han impulsado el turismo de naturaleza, mientras que la gastronomía —vinculada al mar, al estero y a productos como la sal y las algas— se ha convertido en un atractivo adicional. El turismo patrimonial, orientado a su legado constitucional y naval, también se encuentra al alza.

Un segundo tramo, plano en su totalidad y con vistas al Arenal de la Carranca, me sitúan en Puerto Real, el centro geográfico de la Bahía de Cádiz, una de las localidades con mayor peso histórico y tradición industrial del litoral gaditano. Su fundación oficial se produjo en 1483, cuando los Reyes Católicos crearon la villa con el propósito de reforzar el poblamiento cristiano de la bahía tras la Reconquista. Sin embargo, el territorio estaba habitado desde mucho antes: existen restos fenicios y romanos vinculados a antiguas salinas y a actividades marítimas. Durante los siglos XVI y XVII, Puerto Real se consolidó como un enclave estratégico gracias a su astillero y a su cercanía a Cádiz, participando en el abastecimiento y servicio de las rutas atlánticas. En la Edad Moderna tuvo una intensa vida artesanal y comercial, con un trazado urbano ordenado propio de las villas fundadas por la Corona. A lo largo de los siglos XIX y XX, la expansión industrial —especialmente la naval— marcó el carácter contemporáneo del municipio y su identidad obrera.

El patrimonio de Puerto Real combina elementos religiosos, civiles e industriales de gran interés. Destaca la Iglesia Prioral de San Sebastián, edificio gótico-renacentista del siglo XVI con una magnífica portada y un interior de amplias naves. También es relevante la Iglesia de la Victoria, con un destacado retablo barroco, y la Capilla del Nazareno, ligada a la tradición cofrade local. Entre los edificios civiles sobresalen el Ayuntamiento, ejemplo de arquitectura neoclásica andaluza, y numerosas casas señoriales de los siglos XVIII y XIX, con fachadas de piedra ostionera y patios interiores característicos.

Un aspecto singular del patrimonio portorrealeño es el industrial y marítimo. El astillero histórico, origen de la actual actividad naval, representa uno de los pilares identitarios de la ciudad. El trazado urbano conserva además edificaciones y espacios vinculados a la industria salinera y a la construcción naval. El patrimonio natural es otro de sus grandes valores: el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, que rodea buena parte del municipio, incluye marismas, caños y humedales de enorme riqueza ecológica. Lugares como el Pinar de las Canteras, pulmón verde de la ciudad, o las antiguas salinas restauradas y senderos marítimos convierten a Puerto Real en uno de los entornos más naturales de la bahía.

La economía de Puerto Real se sustenta tradicionalmente en tres pilares: industria, servicios y sector marítimo. La industria naval ha sido históricamente la actividad más representativa, vinculada al astillero de la Bahía de Cádiz, especializado en construcción, reparación y mantenimiento de buques. El sector servicios —comercio, hostelería, administración, educación y sanidad— ha crecido con fuerza gracias a la ubicación de la ciudad en el eje Cádiz–Jerez y a la presencia de centros universitarios del Campus de Puerto Real. La actividad marítima y salinera, aunque reducida en comparación con siglos pasados, sigue estando presente tanto en forma de explotación de recursos naturales como en iniciativas relacionadas con el turismo de naturaleza y la recuperación ambiental. En las últimas décadas se han sumado empresas tecnológicas, energéticas y vinculadas a la logística, aprovechando la cercanía a los grandes nodos de transporte de la bahía.

Es hora de reponer fuerzas y que mejor que hacerlo en El Puerto de Santa Maria, la tercera de las localidades que visito en el día de hoy. Ubicada en la bahía de Cádiz, también es una ciudad con una historia profundamente ligada al mar, al comercio atlántico y a la viticultura. Su origen se remonta a la Antigüedad: según la tradición, fue fundada por el caudillo griego Menesteo, aunque los restos arqueológicos apuntan a un asentamiento tartésico y más tarde romano conocido como Portus Gaditanus, puerto complementario de la vecina Gades. Tras la etapa visigoda y la ocupación andalusí —cuando recibió el nombre de Alcanatif—, la ciudad pasó a manos cristianas en el siglo XIII. Durante los siglos XV al XVIII, El Puerto vivió un esplendor notable gracias a las rutas comerciales con América y al auge de los vinos del Marco de Jerez, convirtiéndose en un punto clave para el tráfico marítimo y para las grandes casas de cargadores. En la Edad Contemporánea continuó creciendo como ciudad mercantil, bodeguera y turística, especialmente a partir del siglo XIX.

El patrimonio del Puerto de Santa María es amplio y de gran valor arquitectónico. Su monumento más emblemático es el Castillo de San Marcos, una fortaleza de origen islámico transformada durante la reconquista en santuario cristiano; conserva vestigios de la antigua mezquita y una impresionante torre defensiva. La ciudad alberga también un conjunto de casas-palacio de los siglos XVII y XVIII, construidas por familias acomodadas vinculadas al comercio americano, como el Palacio de Araníbar, el Palacio de Valdivieso o la Casa-Palacio de Vizarrón. Entre los edificios religiosos destacan la Iglesia Mayor Prioral; la Iglesia de San Francisco y la antigua Iglesia de la Compañía de Jesús, hoy centro cultural.

Un elemento esencial del patrimonio portuense son sus bodegas históricas, pertenecientes al Marco de Jerez. Aunque no tan numerosas como en Jerez o Sanlúcar, El Puerto de Santa María alberga casas de enorme tradición como Bodegas Osborne, Caballero o Gutiérrez Colosía, cuyos cascos bodegueros, patios y naves de crianza forman parte del paisaje cultural de la ciudad. La presencia del famoso toro de Osborne, todo un icono nacional, nació precisamente de esta firma portuense.

El patrimonio natural también tiene un lugar destacado. Las playas de Valdelagrana, La Puntilla y Fuentebravía, el Parque Natural de los Toruños y Pinar de la Algaida, así como el estuario del Guadalete, aportan un entorno paisajístico privilegiado que ha marcado la identidad turística del municipio. El puerto deportivo Puerto Sherry, con actividad náutica durante todo el año, es otro símbolo de su vocación marítima.

La economía del Puerto de Santa María se sustenta en varios pilares tradicionales y modernos. La industria del vino y las bodegas siguen siendo una seña de identidad, generando actividad agrícola, logística y turística. El turismo constituye hoy uno de los sectores más importantes, impulsado por su clima, su litoral y su cercanía a Cádiz, Jerez y la Sierra. La ciudad mantiene además actividad en el sector naval y pesquero, así como en servicios vinculados al transporte, la náutica de recreo y la industria agroalimentaria.

La fatiga viste por entero mi persona cuando finalizo la jornada en Jerez de la Frontera, la ciudad más poblada de la provincia (215.000 habitantes) y con un enorme peso histórico, artístico y cultural. Sus raíces se remontan a asentamientos prerromanos, aunque fue con Roma cuando la zona adquirió especial relevancia gracias a su agricultura y a su posición estratégica entre el interior y la costa. Durante el periodo andalusí, bajo el nombre de Sherish, la ciudad floreció como núcleo urbano fortificado, con un alcázar, un tejido artesanal intenso y una huerta bien desarrollada. Tras la conquista castellana en el siglo XIII, Jerez quedó integrada en la línea fronteriza con el reino nazarí de Granada, lo que reforzó su carácter defensivo y su importancia militar. En la Edad Moderna, la ciudad vivió un auge extraordinario gracias al comercio internacional de sus vinos, que desde el siglo XVIII se convirtieron en producto estrella del mercado británico y europeo. En los siglos XIX y XX, Jerez consolidó su papel como gran capital vinatera y ecuestre del sur peninsular, ampliando su patrimonio monumental y su actividad económica.

El patrimonio de Jerez es uno de los más ricos de Andalucía. La Catedral del Salvador, levantada entre los siglos XVII y XVIII, combina elementos góticos, barrocos y neoclásicos y alberga obras destacadas como el Cristo de la Viga o el Lienzo de Zurbarán del Niño Jesús Pastor. A su lado se encuentra el Campanario, independiente de la catedral y construido sobre la antigua torre-alminar. El Alcázar de Jerez, uno de los conjuntos almohades mejor conservados de la península, ofrece murallas, torres defensivas, mezquita, baños árabes, jardines y el Palacio de Villavicencio. La ciudad posee también un amplio conjunto de iglesias gótico-mudéjares como San Dionisio, San Mateo, San Lucas o San Marcos, que muestran la continuidad arquitectónica desde la Baja Edad Media. Otros edificios religiosos de gran interés son el Claustro de Santo Domingo, de origen medieval; la Cartuja de Santa María de la Defensión, una de las cartujas más bellas de España; y diversos conventos barrocos como el de San Francisco, las Mínimas o las Clarisas.

En el ámbito civil destacan numerosas casas-palacio de los siglos XVII al XIX, símbolo de la prosperidad de las familias vinateras y nobiliarias: la Casa Pemartín, la Casa de los Marqueses de Campo Real, el Palacio Bertemati, el Palacio del Virrey Laserna o la Casa Domecq. A todo ello se suma la riqueza de los barrios históricos de San Miguel y Santiago, cuna del flamenco jerezano y lugar de nacimiento de artistas legendarios.

Un capítulo imprescindible del patrimonio jerezano son sus bodegas monumentales, auténticas “catedrales del vino”. Estos edificios, construidos entre los siglos XVIII y XIX, se caracterizan por su altura, su luz tamizada y sus grandes naves sostenidas por arquerías que generan un microclima idóneo para la crianza del vino. Bodegas como González Byass (Tío Pepe), Fundador, Lustau, Díez-Mérito, Sandeman, Williams & Humbert, Harveys, Valdespino, Emilio Hidalgo, Tradición o Barbadillo (en la cercana Sanlúcar) constituyen un patrimonio único en el mundo y representan la memoria viva del sistema de criaderas y solera, una técnica de envejecimiento exclusiva que ha dado fama internacional al Jerez–Sherry–Xérès. Muchas de estas bodegas conservan archivos históricos, tonelerías tradicionales, patios ajardinados, capillas y colecciones de arte, en algunos casos de grandísimo valor.

La economía de Jerez continúa apoyándose en esta tradición vinatera, con la producción de vinos generosos, brandies y vinagres de prestigio mundial. Los cultivos de la campiña —especialmente la vid, el trigo, los cítricos y el olivar— dan soporte al sector agrícola. La ganadería también tiene un peso notable, y la yeguada jerezana vinculada al caballo cartujano es uno de los símbolos más reconocidos de la ciudad. En las últimas décadas, el sector servicios ha experimentado una gran expansión, impulsado por el turismo enológico, ecuestre, flamenco y cultural. La ciudad cuenta además con un polo creciente de industria aeronáutica, logística, y empresas tecnológicas, apoyado por la presencia del Aeropuerto de Jerez y por su buena comunicación con toda Andalucía occidental.

Se acerca la Navidad y las calles del centro histórico de Jerez de la Frontera rebosan de gente que pasea o disfruta acomodada en las numerosas terrazas de cafeterías y restaurantes, todo ello envuelto en un espectacular escenario de luces que realza aún más el ambiente festivo. Todo un lujo…

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 

Jon

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