lunes, 2 de junio de 2025

039 - Minas de Riotinto


Queridos amigos,

Hoy he realizado un viaje al corazón de la historia minera de España, las minas de Riotinto ubicadas en la provincia de Huelva, uno de los enclaves más fascinantes del patrimonio industrial y natural del país. Con una historia que se remonta a más de 5.000 años, este territorio no solo ha sido explotado por sus riquezas minerales, sino que también ha sido testigo de civilizaciones, importantes conflictos laborales, avances tecnológicos y paisajes únicos que parecen de otro planeta.

Los primeros indicios de actividad minera en Riotinto datan del tercer milenio antes de Cristo, en plena Edad del Cobre. Los tartesos, una de las primeras civilizaciones de la península ibérica, ya explotaban sus recursos. Posteriormente, fueron los fenicios, los cartagineses y especialmente los romanos quienes intensificaron la extracción de metales como el cobre, la plata y el oro. De hecho, los romanos desarrollaron una auténtica industria minera, dejando estructuras como galerías subterráneas, hornos de fundición y asentamientos que aún hoy asombran a los arqueólogos.

Aunque las minas habían estado activas durante siglos, fue en 1873 cuando Riotinto vivió su mayor transformación. Ese año, el gobierno español vendió el complejo minero al consorcio británico Riotinto Company Limited. Este hecho marcó el inicio de una etapa de profunda modernización: se introdujeron tecnologías punteras, se construyó un ferrocarril para transportar el mineral hasta el puerto de Huelva y se creó un poblado de estilo victoriano, de nombre Bellavista, donde vivían los ingenieros y directivos ingleses.

Durante esta época, Riotinto se convirtió en uno de los mayores centros de producción de cobre del mundo, aunque también fue escenario de duras condiciones laborales para los trabajadores locales. En este contexto se produjo en 1888 el tristemente célebre “Año de los tiros”, una protesta reprimida con violencia por el ejército, que dejó numerosas víctimas entre los mineros y campesinos que exigían mejoras en sus condiciones de vida.

Uno de los aspectos más llamativos de Riotinto es su peculiar geografía. El río Tinto, que da nombre a la zona, presenta unas aguas de color rojo intenso debido a la alta concentración de hierro y minerales disueltos. Este entorno extremo sigue siendo objeto de estudio por parte de científicos, incluidos investigadores de la NASA, por su similitud con el suelo de Marte y la posibilidad de albergar organismos que viven en condiciones ambientales extremas.

Además, el terreno, marcado por enormes cortas mineras como Corta Atalaya, una de las más grandes de Europa a cielo abierto, ofrece un paisaje espectacular que combina la huella humana con la fuerza de la naturaleza.

Hoy en día, las minas forman parte del Parque Minero de Riotinto, un proyecto turístico y cultural que permite al visitante explorar la historia minera de la zona de forma inmersiva. El parque incluye un museo minero, visitas a galerías subterráneas, una reproducción de una mina romana y un viaje en tren por el antiguo trazado ferroviario. También se puede visitar la casa 21 de Bellavista, recreada con mobiliario original de la época victoriana. La combinación de historia, ciencia, arqueología y paisaje hace que Riotinto sea mucho más que un lugar de extracción mineral: es un testimonio vivo del desarrollo de la humanidad, de sus luces y sombras, y de la eterna relación entre el hombre y la tierra.

Mi condición de caminante únicamente me ha permitido visitar el Museo Minero, que califico de sobresaliente. Adentrarse en una galería, sentir la claustrofobia, el calor, la oscuridad y la inseguridad, produce en mi interior toda una marea de sentimientos. Resulta impactante saber que en estos túneles angostos, trabajaban niños, arrastrándose de rodillas donde el techo apenas dejaba espacio para respirar. Sentir su presencia, imaginar su esfuerzo, su miedo, su silencio… estremece el alma. Me siento insignificante ante ellos.

Visitar en su totalidad el parque minero requiere utilizar el coche, medio que no dispongo. Queda por tanto pendiente el regreso en un futuro próximo.

Al caer la tarde, he vuelto a experimentar esa honda emoción que sólo despierta la ayuda desinteresada. En esta ocasión, fue gracias a José Manuel “Mané” y su esposa Lucre. Cuando todo indicaba que mi regreso de Riotinto a Campofrío sería muy complicado por falta de transporte público, surgieron ellos, como si el destino los hubiese puesto en mi camino, y con la generosidad de quien no espera nada a cambio, se ofrecieron a llevarme en su coche.

De camino, hablando de nuestras respectivas vidas, resulta que Jose Manuel ha trabajado durante años en la industria del País Vasco, concretamente en la localidad de Basauri. Hemos sido vecinos laborales. Qué curioso es el destino, siempre guardando una última carta…
¡Muchas gracias!

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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