Queridos amigos,
Sin apenas haber conciliado el sueño, debido al calor y al incesante bullicio nocturno de quienes, sintiéndose sopranos y tenores, viven la noche en los alrededores del lugar donde me alojo —junto al ayuntamiento—, emprendo una nueva jornada en el camino de la regeneración política en España.
Pero antes, quiero aprovechar esta publicación para comentar el peculiar nivel de civismo de mis compañeros de alojamiento: una pareja holandesa de avanzada edad que está recorriendo la Vía de la Plata en bicicleta (electric, of course!). Lamentablemente, su comportamiento ha dejado mucho que desear, tanto en lo que se refiere al respeto por las instalaciones como, especialmente, hacia mi persona.
El “caballero” en cuestión se ha paseado con total impunidad completamente desnudo por todas las zonas comunes: cocina, pasillos, baños y dormitorios. Una actitud grotesca que demuestra una absoluta falta de educación. Aunque me centro en el macho, la hembra presenta un plumaje y nivel similar. Tal par cual. Poco ha faltado para que les despidiera con la mano abierta.
Cuatro horas largas de caminata por la dehesa cacereña, sitúan mi cuerpo en el embalse de Alcántara, una de las infraestructuras hidroeléctricas más importantes de España, alimentado con las aguas del río Tajo. Su construcción comenzó en la década de 1950, en el contexto del desarrollo hidroeléctrico de la posguerra, como parte del Plan Nacional de Obras Hidráulicas. Su objetivo principal era la producción de energía eléctrica, además del abastecimiento de agua y la regulación del caudal del río Tajo.
El embalse fue inaugurado en 1969 y lleva el nombre de José María de Oriol y Urquijo, quien impulsó decisivamente el proyecto. La presa de Alcántara alcanza una altura de 130 metros, lo que la convierte en una de las más altas de Europa.
Con una superficie aproximada de 10.400 hectáreas y una capacidad de almacenamiento superior a los 3.160 hectómetros cúbicos, este embalse se sitúa entre los más grandes de España.
El promotor del proyecto, José María de Oriol y Urquijo, fue una figura destacada del panorama político y empresarial español del siglo XX. Nacido en Portugalete (Bizkaia) en 1905, pertenecía a una influyente familia de tradición carlista y conservadora. Estudió Derecho en la Universidad de Deusto y desde joven se involucró activamente en la política monárquica y conservadora.
Sin embargo, su legado más duradero e influyente se forjó en el ámbito empresarial, especialmente como presidente de Hidroeléctrica Española, una de las principales compañías eléctricas del país y precursora de la actual Iberdrola. Bajo su dirección, la empresa promovió importantes infraestructuras energéticas, entre las que destaca la construcción del embalse de Alcántara.
El calor abrasa sin compasión en el tramo restante hasta Cañaveral. El aire quema al respirar y cada paso se vuelve más lento, más pesado. Los 40 grados parecen disolverse en el sudor que empapa la ropa y nubla los sentidos. El cuerpo lucha contra el sol, convertido en un enemigo implacable. En mi mochila, un plátano agoniza convertido literalmente en puré, en una especie de crema caliente.
Ha perdurado con el tiempo la creencia de que el alma del ser humano pesa 21 gramos, el supuesto vestigio que queda de nosotros al morir. Esta cifra fue establecida en 1907 por el médico estadounidense Duncan MacDougall, tras una serie de experimentos con personas en su lecho de muerte. Aunque sus métodos fueron pronto desacreditados por la comunidad científica, la idea se instaló en el imaginario colectivo.
Curiosamente, al llegar a Cañaveral, siento que mi cuerpo arroja un peso de 22 gramos. Sigo vivo, sí, pero con el alma liviana, como si ya empezara a inclinarse, imperceptible y serena, hacia el más allá.
Cañaveral, cuyo nombre deriva de los abundantes cañaverales de la zona, se remonta a la época romana como lugar de paso en la Vía de la Plata. Posee una población de alrededor de 1000 habitantes, dedicada fundamentalmente a la agricultura y ganadería. En los últimos años se ha desarrollado el sector servicios y turismo rural. Entre su principal patrimonio se hallan:
- Iglesia Parroquial de Santa Marina, construida entre los siglos XIV y XVI.
- Santuario de Nuestra Señora de Cabezón, templo que alberga la patrona de Cañaveral.
- Ermita de San Roque (siglo XVI).
- Ermita del Humilladero (siglo XVIII).
Un abrazo,
Jon
*******
Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas

Jajaja 😂😂😂 Lo del holandés tienes que contármelo con más detalles. Y la holandesa 😅
ResponderEliminarGregorio, querido amigo…¡qué te voy a contar de los holandeses que no sepas!
EliminarTú conoces bien de que está hecho el “material”…
Un abrazote🤗🤗