Queridos amigos,
Ya con la bendición del Apóstol Santiago, recibida hace unos días en la maravillosa ciudad de Santiago de Compostela, abro una segunda fase en el proyecto de regeneración política en España.
Recorreré la parte nororiental del país, "apoyándome" para ello en la Vía Ignaciana, caminando por el pasado, buscando y poniendo en valor las enseñanzas de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
La ruta recrea el camino que San Ignacio recorrió en el año 1522. Parte de la casa natal del santo en Loyola (Azpeitia, Euskadi) hasta la “Cova de San Ignacio” en la ciudad de Manresa, situada cerca del Monasterio de Montserrat (Barcelona, Cataluña). Una travesía recuperada y acondicionada en el año 2012.
El itinerario, con una longitud de unos 680 kilómetros, atraviesa 85 localidades y cinco comunidades autónomas, lo que permite disfrutar de los más diversos paisajes. Desde los verdes montes de Euskadi a los vestigios medievales de Barcelona, pasando por los viñedos riojanos, el desierto de Los Monegros, valles fluviales y tierras de Aragón.
Dedico el día de hoy a visitar la Basílica de San Ignacio de Loyola, uno de los monumentos religiosos más emblemáticos del País Vasco y de toda España. Situada en Azpeitia, en la provincia de Gipuzkoa, esta majestuosa construcción se erige en el lugar donde nació Íñigo López de Loyola, más conocido como San Ignacio de Loyola.
El edificio forma parte de un conjunto arquitectónico conocido como el Santuario de Loyola, construido en torno a la casa natal de San Ignacio, la Casa Torre de los Loyola. La Compañía de Jesús decidió rendir homenaje a su fundador con una edificación monumental en su lugar de origen. La primera piedra fue colocada en 1689, y la construcción se extendió durante varias décadas. El diseño fue encargado al arquitecto italiano Carlo Fontana, discípulo de Gian Lorenzo Bernini, por lo que la basílica presenta un claro estilo barroco italiano, poco común en esta zona de España. La obra fue completada en 1738.
Esta basílica y la Iglesia del Gesù, situada en Roma, construida junto a las habitaciones en las que vivió y murió (1556), constituyen las iglesias más importantes de la Compañía de Jesús en el mundo. Dicho templo romano guarda los restos mortales del Santo fundador de los jesuitas.
El templo destaca por su impresionante cúpula de 65 metros de altura, visible desde varios puntos del valle del rio Urola. Su fachada de piedra y su planta centralizada reflejan la influencia del barroco romano. En el interior, el altar mayor, realizado en mármol y decorado con estatuas y relieves, es uno de sus elementos más destacados. Además, la casa natal de San Ignacio está integrada dentro del conjunto y puede ser visitada.
Más allá de su valor arquitectónico, la Basílica de San Ignacio de Loyola es un importante centro de peregrinación. Cada año, miles de fieles y turistas visitan este lugar para conocer más sobre la vida del santo y para experimentar un espacio de espiritualidad. La basílica es también escenario de celebraciones religiosas, conciertos y actos culturales.
El santuario sigue siendo un lugar clave para la Compañía de Jesús, no solo por su significado histórico, sino como centro de retiro espiritual y formación. La Basílica de San Ignacio de Loyola no solo honra la figura de uno de los santos más influyentes de la Iglesia católica, sino que también constituye un testimonio vivo del arte barroco en España y de la profunda huella que los jesuitas han dejado en la historia religiosa y cultural del mundo.
Acomodado frente a este emblemático templo, puedo sentir la inquietud de quien se encuentra ante una travesía de gran dificultad. Además de la dureza del propio camino, será muy complicado lidiar con la logística ya que, en muchas localidades, el alojamiento estará copado por el turismo propio del mes de agosto. Por fortuna, hoy he logrado hospedaje en la Casa de Espiritualidad Jesús y María, congregación de religiosas situada a escasos metros de la Basílica de San Ignacio y dependiente de la Basílica de Ntra. Sra. de Fourviere, ubicada en Lyon.
En fin, Dios proveerá...
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
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