Queridos amigos,
Para hoy he planificado un recorrido de unos 45 km, con el objetivo de asegurar el alojamiento y, al mismo tiempo, acortar en un día la llegada al Monasterio de Montserrat, y a la Cova de San Ignacio, en Manresa. Esto supone visitar cinco localidades. La primera de ellas: Castellnou de Seana.
Este municipio tiene sus origines a finales del siglo XII, cuando Guillem d’Anglesola y su esposa Arsendis otorgaron en 1179 la Carta de Poblament a 47 colonos, definiendo límites y derechos. El topónimo “Seana” deriva de una partida cercana llamada “Sesana”, situada al noreste del pueblo. Durante la Edad Media y el Antiguo Régimen, el territorio perteneció sucesivamente a señores como los Anglesola de Bellpuig, los Cardona-Anglesola y los Duques de Sessa. La población creció lentamente hasta la llegada del agua del Canal d’Urgell, que impulsó considerablemente el desarrollo agrario y demográfico.
La iglesia parroquial de Sant Joan (o Santa Maria), edificada en el siglo XVII, aporta el principal activo patrimonial. Añadir algunas antiguas masías como Cal Segura, el Molí o Cal Blassó, con fachadas de piedra de los siglos XVI–XVII, que reflejan la arquitectura tradicional catalana.
Al igual que en otros pueblos de la zona, la agricultura es la base de la economía local. Principales medios económicos de vida. Cultivos de cereales (trigo, cebada, alfalfa, maíz) y frutales (manzanas, peras) están ampliamente extendidos, gracias al regadío proporcionado por el Canal d’Urgell. Por otra parte, la ganadería ha crecido significativamente desde los años 70, destacando especialmente la porcina, aunque también hay explotación de bovinos y aves de corral.
Unos centenares de metros antes de alcanzar Bellpuig, conozco a Inaxi, un hombre de mediana edad, técnico de mantenimiento de una empresa multinacional. Con él permanezco un buen rato hablando de nuestras respectivas vidas. Antes de despedirnos, le facilito mis datos de contacto para que pueda seguir el proyecto de regeneración política.
La historia de Bellpuig se remonta al año 1139, cuando se constituyó la baronía de Bellpuig, bajo el linaje de Anglesola. El asentamiento inicial se situó alrededor de un castillo defensivo en uno de los turones más elevados. Entre los siglos XV y XVI vivió una etapa de esplendor. El legendario Ramon Folch (III) de Cardona-Anglesola nació aquí en 1467; fue virrey de Sicilia y Nápoles y tiene un mausoleo en la iglesia de Sant Nicolau.
La villa tuvo importancia como nodo de comercio y como parada de peregrinos del Camino de Santiago, situándose en un cruce de rutas clave que favoreció su rol estratégico. Históricamente, también contó con un barrio judío, que subsistió hasta 2008, lo que muestra la presencia significativa de la comunidad judía protegida por la Corona.
La localidad tiene varios elementos interesantes que conforman su activo patrimonial, como son:
- Castillo de Bellpuig. Fundado en 1079 como torre defensiva y consolidado como residencia nobiliaria hasta el siglo XVIII. Aunque muy degradado, aún se conserva parte del perímetro y presas; actualmente alberga una escuela de música.
- Iglesia parroquial de Sant Nicolau. Templo gótico del siglo XVI del que destaca el sepulcro de Ramon Folc de Cardona-Anglesola, esculturado en mármol de Carrara por Giovanni da Nola en 1525 —una obra cumbre del Renacimiento en Cataluña, declarada Bien de Interés Nacional en 1925.
- Convento franciscano de Sant Bartomeu. Erigido en el siglo XVI por encargo de Ramon Folch de Cardona. Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1984. Además, conserva una valiosa colección de cerámica de los siglos XVI y XVII que puede visitarse guiadamente.
- Teatre Armengol: Diseñado por Manuel Cases i Lamolla. Rehabilitado y reabierto hace 20 años.
- Agricultura. Base del sustento local. Cultivos extensivos de alta productividad incluyen cereales (cebada, maíz, trigo), forrajes (alfalfa), frutas (manzanos), almendros y olivos. La mecanización y las obras hidráulicas —como balsas de acumulación conectadas al Canal d’Urgell— mejoraron la eficiencia del riego.
- Industria. Diversificada y destacada en el término municipal. Existen fábricas de dulces (Viuda Pifarrer, Indústries Sol), industrias cerámicas (tejería, bòbiles), canteras de áridos, fundiciones de aluminio, mataderos de porcino, serrerías, molinos de harina, fábricas de plásticos y semillas.
- Mercados y comercio. Desde 1969, la Llotja Avícola i Ramadera regula precios y facilita el comercio en Cataluña y Aragón. También existe mercado semanal todos los martes.
- Sector servicios. Ha ganado fuerza en décadas recientes. Se aprecia en el comercio local, turismo cultural (visitas al patrimonio, ferias como la de la conservas).
- Innovación agroindustrial. Almazaras de aceite arbequino, industria de almendras, producción de vinos, secaderos de maíz híbrido y una planta de piensos compuestos que dinamizaron la economía local en los años 1960.
- Ocio y deporte. Bellpuig también posee un circuito de motocross relevante a nivel europeo, donde se han celebrado competiciones nacionales e internacionales.
Son variados los elementos que componen el valor patrimonial de esta población. Citaré los más interesantes:
- Castillo de Verdú. Se erige como símbolo de la villa y origen de su trazado urbano. Destaca por su torre cilíndrica de unos 25 metros de altura construida en torno al siglo XI, con tres naves superpuestas en su interior, un patio de armas y una galería renacentista con escalera realizada en el siglo XVI. La fortaleza ha sido restaurada recientemente con apoyo de la Generalitat, haciendo posible su visita pública.
- Iglesia parroquial de Santa María. Edificada en el siglo XIII.
- Casa Natal de San Pedro Claver y Santuario. Pedro Claver, declarado santo, nació en Verdú en 1580. La casa natal conserva elementos originales como la pila bautismal. Junto a ella, el santuario alberga una reliquia neogótica (una costilla) desde 1925, objeto de veneración y procesión anual.
- Cerámica negra. Verdú es mundialmente conocida por su cerámica negra y cántaros (o “sillons”). Esta artesanía se remonta al menos al siglo XIII, llegó a contar en su punto álgido con más de treinta talleres y fue regulada mediante la Cofradía de San Hipólito en el siglo XVII. Su auge se mantuvo hasta mediados del siglo XX. Actualmente, la tradición sigue viva con talleres y con una Ruta de Murales Cerámicos, que exhibe el patrimonio artístico cerámico en espacios públicos.
- Museo de Juguetes y Autómatas (colección Mayoral). Uno de los más importantes del mundo en su disciplina, con más de mil piezas exhibidas en un espacio de 2000 m².
- Cal Talaveró. Galería de arte contemporáneo ubicada en una casa adosada a la muralla medieval. Exhibe obra gráfica, desde grabados hasta litografías, y ha acogido exposiciones de artistas de renombre.
La alfarería —con su tradición de cántaros negros— sigue siendo un motor económico y cultural. Hay talleres y artesanos que mantienen viva la técnica y la ofertan al público, combinando útiles decorativos con arte contemporáneo.
Los kilómetros recorridos comienzan a hacer mella en mi cuerpo, cuando alcanzo la cuarta localidad que visitaré en el día de hoy: Tàrrega. Los orígenes de esta ciudad se remontan al siglo XI, cuando el conde Ramón Berenguer I conquistó el castillo que daría lugar al núcleo actual. Gracias a su posición estratégica —una encrucijada de caminos—, la villa medieval fue creciendo como centro comercial, con actividad artesanal, presencia judía próspera, ferias, gremios y privilegios municipales desde la época de Jaume I (1242) y el mercado semanal concedido por Joan II en 1458.
Durante el siglo XIX, especialmente con la llegada del ferrocarril (1860) y la finalización del Canal de Urgell (1862), Tàrrega experimentó una transformación económica y urbana importante. En 1884 recibió el título de ciudad por Alfonso XII, mientras que durante principios del siglo XX se impulsaron infraestructuras (como la Cámara de Comercio, Caixa de Pensions y la Fàbrica J. Trepat) que consolidaron su rol industrial y comercial. El siglo XX también marcó crecimientos demográficos importantes gracias a la inmigración comarcal y regional, llevando la población de unos 6 900 habitantes en 1950 a más de 10 000 en los años 70.
Tàrrega ofrece un importante patrimonio histórico, rico y variado:
- Plaza del Carme (“el Pati”). Con el monumento a Ramon Carnicer, compositor local. Cercano está el convento renacentista del Carme, del siglo XVI.
- Carrer del Carme. Edificios con soportales góticos y el Palacio románico de los Marqueses de la Floresta (siglo XIII).
- Plaza Mayor. Con el Ayuntamiento (faraquera renacentista de 1674), la Iglesia de Santa María de l’Alba (siglo XVII), el edificio modernista de la Cámara de Comercio y el de la Caja de Pensiones (siglo XIX), y el Museo Comarcal del Urgell en la calle Mayor.
- Iglesia de San Antonio. Del siglo XIV, en la plaza homónima.
- El Parc de Sant Eloi. Gran espacio verde con origen en 1913 y ermita, ideal para visitar y con vistas panorámicas.
- El Museo Comarcal del Urgell. Ubicado en la antigua Casa Perelló (siglos XVII XVIII), acoge exhibiciones históricas, arqueológicas y culturales; también incluye la Mecanización Agraria (Cal Trepat), y otros yacimientos como la adobería del Molí del Codina.
Desde mediados del siglo XX, la ciudad consolidó una industria diversificada: metalúrgica, textil, alimentaria, química. Empresas destacadas incluyen la fabricación de maquinaria urbana (como Ros Roca), la producción de aceite (Borges Pont), insecticidas, etc.
Hoy en día, el sector servicios es predominante. Con pequeñas y medianas empresas locales, sobresalen el comercio mayorista y de distribución, los servicios logísticos, editoriales, informáticos, educativos (centros de diseño, formación agraria, artes), sanitarios, administrativos y culturales.
Uno de los motores más potentes de su economía es la FiraTàrrega —Feria de Teatro de Calle— fundada en 1981. Es uno de los mercados internacionales más relevantes de artes escénicas, y un gran evento cultural y económico para la ciudad.
Por otra parte, el mercado semanal de los lunes atrae a visitantes de toda la comarca, siendo vital para el comercio. Además, la ciudad organiza ferias como la del cazador y actos expositivos tradicionales.
Tàrrega también es un nodo estratégico: conecta con gran facilidad mediante la autovía A2 (Barcelona-Lleida-Madrid), el ferrocarril (línea Lérida-Barcelona) y vías comarcales. Pronto estará conectada por la alta velocidad.
Desde este punto, queda por afrontar la parte más exigente del día: avanzar una docena de kilómetros hasta la localidad de Cervera. Puedo asegurar que, al llegar a mi destino, la energía de que dispongo cabe en un dedal.
Cervera, situada en la comarca de la Segarra, en la provincia de Lleida, tiene sus orígenes en el año 1026, cuando tres familias campesinas establecieron un asentamiento en una zona deshabitada de la Segarra. La ciudad creció rápidamente en el siglo XII, convirtiéndose en una villa cerrada con murallas y casas adosadas, lo que le confería una estructura defensiva. A partir de 1267, Cervera fue gobernada por un sistema de Paeria, una forma de autogobierno local. En 1702, el rey Felipe V le otorgó el título de ciudad. Durante la Guerra de Sucesión Española, Cervera se alineó con Felipe V, lo que le permitió convertirse en la sede de la única universidad catalana, fundada en 1717 y operativa hasta 1842. La ciudad también fue testigo de importantes eventos históricos, como la Marcha de la Libertad en 1976, que marcó el inicio de la transición democrática en Cataluña.
Es extensa la lista, en lo que a su activo patrimonial se refiere. Resaltar:
- Universidad de Cervera. Construida entre 1718 y 1740, es un edificio de estilo barroco y neoclásico que albergó la única universidad catalana hasta su traslado a Barcelona en 1842. Actualmente, alberga diversas instituciones culturales y educativas.
- Iglesia de Santa María. De estilo gótico, fue construida sobre una iglesia románica en el siglo XIV. Destaca por su portada esculpida que representa la caridad de San Martín, una temática poco común en la escultura románica catalana.
- Iglesia de San Pedro el Grande. Situada en las afueras de la ciudad, es una iglesia románica de planta circular construida en el siglo XI. Es la iglesia románica más occidental de Cataluña y fue restaurada en 1960.
- Harinera de Cervera. Construida entre 1920 y 1922 por el arquitecto Cèsar Martinell, es un ejemplo de arquitectura industrial modernista. Originalmente parte del Sindicato Agrícola de Cervera, actualmente es un Bien Cultural de Interés Nacional.
- Museos. La ciudad alberga el Museu del Blat i la Pagesia, que muestra la historia agrícola de la región, y el Museu Duran i Sanpere, que ofrece una visión de la historia local y la arqueología.
Cervera también ha experimentado un crecimiento en el turismo cultural, gracias a su patrimonio histórico y a eventos como el Aquelarre de Cervera, una fiesta tradicional que se celebra anualmente y atrae a numerosos visitantes.
Hoy deposito mi cansado cuerpo en el antiguo monasterio de la Sagrada Familia, en pleno centro de Cervera…
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
*******
Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas

No hay comentarios:
Publicar un comentario