Queridos amigos,
De nuevo me espera una jornada larga, aunque con menos desnivel que la precedente. Ayer terminé resentido tras superar un interminable up & down de montañas entre Irún y Andoain. Hoy recorreré once localidades: Urnieta, Andoain, Elbarrena, Anoeta, Tolosa, Alegia, Ikastegieta, Legorreta, Itsasondo, Ordizia y, finalmente, Beasain. Soy consciente de que me resultará imposible escribir sobre todas ellas, así que me centraré en aquellas que considero más significativas y representativas de la historia vasca, sin restar valor a las demás, por supuesto.
Comenzaré por Tolosa, maravillosa villa guipuzcoana situada a orillas del río Oria, en pleno corazón de Euskal Herria. Fundada en 1256 por Alfonso X el Sabio, su emplazamiento estratégico la convirtió rápidamente en una plaza de gran relevancia comercial y militar, ya que servía de paso obligado entre la costa cantábrica y el interior peninsular, un lugar estratégico en las comunicaciones.
Durante la Edad Media fue amurallada y fortificada para defenderse de ataques, especialmente por tratarse de un territorio de frontera. La villa sufrió varios incendios devastadores (uno en 1282 y otro en 1469), lo que obligó a su reconstrucción. Tuvo protagonismo en las luchas de bandos entre oñacinos y gamboínos, muy habituales en Gipuzkoa durante los siglos XIV y XV. También ha sido testigo de numerosos episodios bélicos durante la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas.
En 1503, las Juntas Generales de Gipuzkoa se reunieron en Tolosa, y más adelante, en 1604, Felipe III otorgó a la villa la capitalidad administrativa de la provincia, que mantuvo hasta 1854.
Pasear por su casco histórico es como viajar en el tiempo. Calles estrechas y soportales nos llevan hasta la iglesia de Santa María, un magnífico templo gótico; el Ayuntamiento barroco; o el palacio de Aramburu, entre otras joyas arquitectónicas. Sus puentes de piedra sobre el Oria y las antiguas casas torre recuerdan el pasado medieval de la villa. Además, Tolosa es famosa por su carnaval, uno de los más animados y reconocidos de todo el País Vasco.
Tolosa ha sido tradicionalmente un centro de actividad artesanal e industrial, con importancia en la fabricación de papel, curtidos y fundiciones. La industria papelera, en particular, marcó su desarrollo económico durante siglos, y aún hoy sigue siendo un referente. Junto a la industria, la actividad comercial es otro de sus pilares: el mercado semanal del sábado, que reúne productos agrícolas, ganaderos y artesanales de la comarca, es un punto de encuentro histórico y uno de los más conocidos de Gipuzkoa y el País Vasco. En la actualidad, Tolosa combina su base industrial con un creciente sector servicios, apoyado en la cultura, el turismo y la gastronomía, donde productos emblemáticos como las alubias de Tolosa ocupan un lugar destacado.
Dejo atrás esta bellísima localidad siguiendo el curso del río Oria, caminando por las vías verdes (bidegorriak), perfectamente acondicionadas para caminantes y ciclistas. En el trayecto, y en este orden, atravieso Alegia e Ikastegieta, donde hago un alto para disfrutar en Ostatu Taberna Jatetxea de una tortilla de patata memorable, digna de Estrella Michelin. Un auténtico lujo encontrar establecimientos con calidad. Reemprendo la marcha, visitando Legorreta e Itsasondo, hasta alcanzar la segunda plaza fuerte de la jornada: Ordizia, el lugar de nacimiento de mi padre.
Esta localidad, conocida antiguamente como Villafranca de Ordizia, fue fundada en 1256 por el rey de Castilla Alfonso X el Sabio, con el objetivo de repoblar y asegurar el territorio guipuzcoano frente a Navarra y como parte de una red de villas estratégicas en la región. La concesión del fuero la convirtió en villa de realengo, con privilegios comerciales y fiscales que atrajeron a pobladores.
Durante la Baja Edad Media, Ordizia creció en torno a su plaza mayor, que pronto se convirtió en un espacio mercantil de referencia. En 1290, Sancho IV confirmó sus fueros y privilegios. La villa estuvo protegida por murallas, aunque hoy no se conservan restos visibles. Al igual que Tolosa, participó en las luchas de bandos (oñacinos y gamboínos) que marcaron la vida guipuzcoana en los siglos XIV y XV.
El episodio más decisivo de su historia fue el incendio de 1512, que arrasó casi por completo la villa. La magnitud de la tragedia fue tal que los Reyes Católicos concedieron exenciones y ayudas para su reconstrucción. La nueva Ordizia se levantó con trazado ordenado y la plaza mayor porticada, que desde entonces sería el corazón económico y social del municipio. Se construyeron casonas blasonadas, palacios y edificios religiosos de estilo gótico, renacentista y barroco, que reflejan la prosperidad de la villa, que llegó a albergar las Juntas Generales de Gipuzkoa, consolidando su importancia política. Ordizia conserva un importante patrimonio histórico y artístico:
D.E.P. Aita
Dios ha querido que hoy levantara mi ánimo en el restaurante “Martínez 1890” de esta localidad. Estupenda comida y atención. Eskerrik asko ¡Volveré!
Un corto trayecto de tres kilómetros, en modo paseo, en paralelo al rio Oria, me sitúan en el molino de Beasain donde quedaré alojado esta noche. El edificio forma parte del conjunto monumental de Igartza, levantado entre los siglos XV y XVI, uno de los símbolos históricos de la villa.
Los orígenes de Beasain se remontan a la Edad Media. Se tienen noticias documentadas desde el siglo XIV, cuando aparece como lugar dependiente de Ordizia. No obtuvo el título de villa hasta el 30 de diciembre de 1615, cuando Felipe III le concedió la independencia administrativa de Ordizia. Durante los siglos siguientes, Beasain se consolidó como núcleo agrícola y ganadero, hasta que la llegada del ferrocarril y la industrialización del siglo XIX transformaron por completo la villa. Durante el pasado siglo XX, Beasain se convirtió en referente industrial de Euskadi gracias al desarrollo de empresas como Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF), nacida en 1917, que situó a la localidad en el mapa internacional de la construcción ferroviaria. La localidad cuenta con un importante legado monumental y cultural:
El conjunto monumental de Igartza, el patrimonio histórico y la proximidad a la naturaleza hacen de Beasain un destino atractivo para quienes visitan el Goierri.
Uno es más que cero”
Comenzaré por Tolosa, maravillosa villa guipuzcoana situada a orillas del río Oria, en pleno corazón de Euskal Herria. Fundada en 1256 por Alfonso X el Sabio, su emplazamiento estratégico la convirtió rápidamente en una plaza de gran relevancia comercial y militar, ya que servía de paso obligado entre la costa cantábrica y el interior peninsular, un lugar estratégico en las comunicaciones.
Durante la Edad Media fue amurallada y fortificada para defenderse de ataques, especialmente por tratarse de un territorio de frontera. La villa sufrió varios incendios devastadores (uno en 1282 y otro en 1469), lo que obligó a su reconstrucción. Tuvo protagonismo en las luchas de bandos entre oñacinos y gamboínos, muy habituales en Gipuzkoa durante los siglos XIV y XV. También ha sido testigo de numerosos episodios bélicos durante la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas.
En 1503, las Juntas Generales de Gipuzkoa se reunieron en Tolosa, y más adelante, en 1604, Felipe III otorgó a la villa la capitalidad administrativa de la provincia, que mantuvo hasta 1854.
Pasear por su casco histórico es como viajar en el tiempo. Calles estrechas y soportales nos llevan hasta la iglesia de Santa María, un magnífico templo gótico; el Ayuntamiento barroco; o el palacio de Aramburu, entre otras joyas arquitectónicas. Sus puentes de piedra sobre el Oria y las antiguas casas torre recuerdan el pasado medieval de la villa. Además, Tolosa es famosa por su carnaval, uno de los más animados y reconocidos de todo el País Vasco.
Tolosa ha sido tradicionalmente un centro de actividad artesanal e industrial, con importancia en la fabricación de papel, curtidos y fundiciones. La industria papelera, en particular, marcó su desarrollo económico durante siglos, y aún hoy sigue siendo un referente. Junto a la industria, la actividad comercial es otro de sus pilares: el mercado semanal del sábado, que reúne productos agrícolas, ganaderos y artesanales de la comarca, es un punto de encuentro histórico y uno de los más conocidos de Gipuzkoa y el País Vasco. En la actualidad, Tolosa combina su base industrial con un creciente sector servicios, apoyado en la cultura, el turismo y la gastronomía, donde productos emblemáticos como las alubias de Tolosa ocupan un lugar destacado.
Dejo atrás esta bellísima localidad siguiendo el curso del río Oria, caminando por las vías verdes (bidegorriak), perfectamente acondicionadas para caminantes y ciclistas. En el trayecto, y en este orden, atravieso Alegia e Ikastegieta, donde hago un alto para disfrutar en Ostatu Taberna Jatetxea de una tortilla de patata memorable, digna de Estrella Michelin. Un auténtico lujo encontrar establecimientos con calidad. Reemprendo la marcha, visitando Legorreta e Itsasondo, hasta alcanzar la segunda plaza fuerte de la jornada: Ordizia, el lugar de nacimiento de mi padre.
Esta localidad, conocida antiguamente como Villafranca de Ordizia, fue fundada en 1256 por el rey de Castilla Alfonso X el Sabio, con el objetivo de repoblar y asegurar el territorio guipuzcoano frente a Navarra y como parte de una red de villas estratégicas en la región. La concesión del fuero la convirtió en villa de realengo, con privilegios comerciales y fiscales que atrajeron a pobladores.
Durante la Baja Edad Media, Ordizia creció en torno a su plaza mayor, que pronto se convirtió en un espacio mercantil de referencia. En 1290, Sancho IV confirmó sus fueros y privilegios. La villa estuvo protegida por murallas, aunque hoy no se conservan restos visibles. Al igual que Tolosa, participó en las luchas de bandos (oñacinos y gamboínos) que marcaron la vida guipuzcoana en los siglos XIV y XV.
El episodio más decisivo de su historia fue el incendio de 1512, que arrasó casi por completo la villa. La magnitud de la tragedia fue tal que los Reyes Católicos concedieron exenciones y ayudas para su reconstrucción. La nueva Ordizia se levantó con trazado ordenado y la plaza mayor porticada, que desde entonces sería el corazón económico y social del municipio. Se construyeron casonas blasonadas, palacios y edificios religiosos de estilo gótico, renacentista y barroco, que reflejan la prosperidad de la villa, que llegó a albergar las Juntas Generales de Gipuzkoa, consolidando su importancia política. Ordizia conserva un importante patrimonio histórico y artístico:
- La Plaza Mayor u Oiangu Plaza, corazón de la villa, porticada y escenario desde el siglo XVI de su célebre mercado semanal.
- La Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de origen gótico (siglo XV), con notables reformas posteriores.
- El Palacio Barrena, edificio barroco del siglo XVII, hoy convertido en centro cultural.
- Las casas torre y casonas blasonadas, como la Torre Zabala o la casa consistorial, que muestran la importancia histórica de sus familias.
- El propio mercado de Ordizia, con más de cinco siglos de tradición, declarado Bien de Interés Cultural, donde cada miércoles productores locales ofrecen frutas, verduras, quesos, sidra y otros productos de gran calidad.
- Agricultura y ganadería, especialmente la producción de hortalizas, fruta, carne y lácteos. Destaca el queso Idiazabal, con fuerte arraigo en la comarca.
- Industria, muy presente en todo el Goierri, con empresas ligadas al sector metalúrgico, papelero y alimentario.
- Servicios y turismo, reforzados por el prestigio gastronómico del mercado y de la feria anual de septiembre (Euskal Jaiak), que reúne a productores de todo el entorno y atrae a miles de visitantes.
D.E.P. Aita
Dios ha querido que hoy levantara mi ánimo en el restaurante “Martínez 1890” de esta localidad. Estupenda comida y atención. Eskerrik asko ¡Volveré!
Un corto trayecto de tres kilómetros, en modo paseo, en paralelo al rio Oria, me sitúan en el molino de Beasain donde quedaré alojado esta noche. El edificio forma parte del conjunto monumental de Igartza, levantado entre los siglos XV y XVI, uno de los símbolos históricos de la villa.
Los orígenes de Beasain se remontan a la Edad Media. Se tienen noticias documentadas desde el siglo XIV, cuando aparece como lugar dependiente de Ordizia. No obtuvo el título de villa hasta el 30 de diciembre de 1615, cuando Felipe III le concedió la independencia administrativa de Ordizia. Durante los siglos siguientes, Beasain se consolidó como núcleo agrícola y ganadero, hasta que la llegada del ferrocarril y la industrialización del siglo XIX transformaron por completo la villa. Durante el pasado siglo XX, Beasain se convirtió en referente industrial de Euskadi gracias al desarrollo de empresas como Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF), nacida en 1917, que situó a la localidad en el mapa internacional de la construcción ferroviaria. La localidad cuenta con un importante legado monumental y cultural:
- Palacio de Igartza: conjunto monumental del siglo XV que incluye palacio, molino, ferrería, puente y capilla. Es uno de los conjuntos medievales mejor conservados del País Vasco y símbolo de la localidad.
- Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción: edificio gótico-renacentista iniciado en el siglo XVI y ampliado en los siglos posteriores.
- Casco urbano y casas solariegas: destacan casonas con blasones y arquitectura tradicional vasca, que reflejan la prosperidad histórica de la zona.
- Parajes naturales: el valle del Oria y las estribaciones de Aizkorri y Aralar ofrecen un entorno privilegiado que combina naturaleza y patrimonio cultural.
El conjunto monumental de Igartza, el patrimonio histórico y la proximidad a la naturaleza hacen de Beasain un destino atractivo para quienes visitan el Goierri.
Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
Jon
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