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jueves, 16 de octubre de 2025

129 - Zalduondo


Queridos amigos,

Hoy desayuno acompañado por mis amigos de Galicia y Cataluña, en el único bar abierto de Zegarra a estas primeras horas de la mañana. Poco después, nuestros distintos ritmos nos separan antes de afrontar las exigentes rampas de la Sierra de Aizkorri, que conducen al histórico túnel de San Adrián.

Esta sierra es una de las cordilleras más emblemáticas del País Vasco, situada entre las provincias de Gipuzkoa y Álava. Forma parte del Parque Natural de Aizkorri-Aratz, un espacio protegido que destaca por sus paisajes kársticos, sus hayedos y por acoger la cumbre más alta de Euskadi: el Aitxuri (1.551 m), seguido muy de cerca por el propio Aizkorri (1.528 m). Desde tiempos antiguos, la sierra ha sido un paso estratégico entre el interior peninsular y la costa cantábrica, ya que constituye una barrera natural en la comunicación entre la Llanada Alavesa y el valle del Oria.

En este contexto histórico cobra especial importancia el túnel de San Adrián. Se trata de una cueva natural que atraviesa la roca y que, desde época romana, ha servido de corredor de tránsito. El túnel forma parte del Camino Real que unía Castilla con Gipuzkoa, y más tarde se incorporó al Camino de Santiago en su ramal interior por Álava y Gipuzkoa.

Durante la Edad Media se construyó en su interior una ermita dedicada a San Adrián y Santa Natalia, junto a una pequeña fortificación que servía para controlar y proteger el paso. El enclave fue de gran relevancia defensiva y comercial hasta que, en los siglos XVIII y XIX, el desarrollo de nuevas carreteras y puertos de montaña provocó el declive de su uso.

Hoy en día, el túnel de San Adrián es uno de los rincones más singulares de la Sierra de Aizkorri: un lugar donde naturaleza, historia y tradición se entrelazan. Senderistas y peregrinos lo atraviesan aún, como lo hicieron durante siglos comerciantes, pastores, soldados y viajeros.

Tras varias horas de ascenso, alcanzo por fin el túnel, avanzando sobre una calzada empedrada cuyos orígenes se remontan a época romana, aunque lo que hoy se conserva pertenece sobre todo a la Edad Media. Dedico un tiempo a contemplar los fascinantes paisajes que ofrece este enclave, antes de iniciar el largo descenso hacia la localidad de Zalduondo. Dejo atrás Gipuzkoa para adentrarme en tierras alavesas. El camino transcurre entre hayedos, robledales, encinares y castañares que, en pleno octubre, proporcionan un espectáculo multicolor bellísimo.

Zalduondo es un pequeño municipio de doscientos habitantes enclavado en la provincia de Álava, que concentra en su modesto tamaño una riqueza histórica, patrimonial y cultural sorprendente. Aparece por primera vez documentado en la Reja de San Millán de 1025 bajo el nombre de Zalduhondo. Esto era una relación o censo de pueblos y aldeas del País Vasco y alrededores que estaban obligados a pagar un tributo al Monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja).

Se han encontrado vestigios arqueológicos que muestran que, en el despoblado de Aistra (perteneciente al término municipal), hubo un asentamiento en los siglos VI y VII d.C., y también restos más antiguos — romana y neolíticos. Durante la Edad Media, Zalduondo tenía importancia como punto de paso en rutas secundarias del Camino de Santiago, especialmente conectando mediante el paso de San Adrián entre Gipuzkoa y la Llanada Alavesa. En los siglos XIV y siguientes fue perdiendo parte de su relevancia cuando nuevas vías de comunicación, como el Camino Real que conectaba la costa guipuzcoana por otros pasos (Salinas de Léniz, Etxegarate, etc.), relegaron el tráfico del paso de San Adrián. Esto hizo que su economía y su vida giraran cada vez más hacia lo local — agricultura, ganadería, explotación forestal — alejándose de los principales itinerarios comerciales. En épocas más recientes, Zalduondo ha mantenido su estructura rural, con escasa población. Con la reforma administrativa de 1842 pasó a ser municipio independiente.

Aunque pequeño, el patrimonio de Zalduondo es notable por cantidad, calidad y por la variedad de elementos que conserva:
  • Palacio Lazarraga / Lazarraga-Amézaga. Edificio del siglo XVI de estilo renacentista que alberga el Museo Etnográfico Comarcal: recoge historia local, artesanía, fauna y flora, arte sacro, las pinturas murales del palacio, folklore, etc.
  • Iglesia parroquial de San Saturnino de Tolosa. Construida en los siglos XVI-XVII-XVIII, sustituyendo una iglesia medieval que existió en el mismo lugar.
  • Ermitas: San Julián y Santa Basilisa en Aistra, cerca del antiguo poblado romano. Santo Espíritu, situada dentro de la cueva de San Adrián.
  • Puentes medievales: Zubizabal y Txaroste. 
Añadir cómo patrimonio intangible, el Carnaval de Zalduondo, con la figura del muñeco “Markitos”, considerado el carnaval rural más antiguo de Álava. Se recuperó en los años 70 tras la suspensión durante la dictadura franquista.

En esta localidad me aguarda una sorpresa entrañable, de esas que se guardan para siempre en el corazón. Mi plan para hoy era pernoctar en Agurain/Salvatierra, pero no ha sido posible y me he visto obligado a regresar a Zalduondo. En este pequeño pueblo no hay tiendas donde abastecerse ni tampoco opción de comer en el único bar abierto.

El destino ha querido poner en mi vida a Amaia, mi Trail Angel en el día de hoy, quien generosamente se ha hecho cargo de mi situación de precariedad. Me invita a su casa y pronto pone ante mí un primer plato de ensalada, y un segundo con un estupendo marmitako, además de una cerveza y café. Después de permanecer en su domicilio un par de horas, abandono la vivienda envuelto en una mezcla de emoción y agradecimiento. Regreso a última hora de la tarde para despedirme y tengo la oportunidad de conocer también a su hija, Ane. Y, por si todo esto fuera poco, Amaia pone en mi mano la cena.

¡Gracias de corazón por vuestra acogida y el cariño con el que me habéis tratado!

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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