Queridos amigos,
Tras una jornada de descanso para asistir a un evento familiar, retomo el camino de la regeneración política. Hoy afronto el tramo entre Santander y Santillana del Mar, en el que recorreré siete pedanías de diverso tamaño y dos municipios.
Comienzo la ruta en la primera de estas poblaciones: Peñacastillo, pedanía de Santander con unos 20.000 habitantes y un elevado nivel de vida. Su topónimo hace referencia a un peñasco donde se alzaba un antiguo castillo o fortificación. Conserva un interesante patrimonio material, con restos arqueológicos, vestigios romanos y huellas de la Guerra Civil Española. También destacan construcciones que evocan su pasado obrero e industrial —como la antigua acería de Nueva Montaña—, parte esencial de la memoria colectiva de la zona. Su economía combina la actividad industrial, concentrada en varios polígonos, con un sector servicios en constante desarrollo. Hoy es una de las áreas más pobladas y dinámicas del entorno de la capital cántabra.
Adosada a esta pedanía se encuentra el municipio de Santa Cruz de Bezana. Su historia está ligada al desarrollo agrícola, ganadero y marítimo de la zona, así como al auge del comercio de Santander en los siglos XVI al XVIII, que favoreció la construcción de casonas solariegas y molinos. Entre su patrimonio destacan la Iglesia de Santa Cruz, la Iglesia de San Pedro de Azoños, varias casonas montañesas y el Molino del Ronzón, además de un entorno natural privilegiado con playas como San Juan de la Canal o Covachos, integradas en el Geoparque de la Costa Quebrada. Hoy, es uno de los municipios con mayor renta media de Cantabria. Su economía se centra en el sector servicios y el turismo de costa.
Unas horas de viaje me sitúan en Arce, también conocida como Puente Arce, una población ubicada en el valle del río Pas y perteneciente al municipio de Piélagos. Cuenta con una población aproximada de 2.900 habitantes. Su historia se remonta a la Edad Media, cuando el lugar se consolidó como punto estratégico de paso gracias al puente que cruza el río Pas, del que toma su nombre. El actual puente de piedra, construido en el siglo XVIII sobre uno anterior posiblemente de origen romano, formaba parte del antiguo Camino Real que conectaba la costa con el interior. A lo largo de los siglos, Arce fue también residencia de linajes nobles cántabros, como los Ceballos-Escalante, que levantaron la Torre de Velo —una fortificación medieval que aún se conserva— y varias casas solariegas que atestiguan su pasado señorial. El patrimonio de Arce combina la arquitectura montañesa con un entorno natural excepcional. Destacan sus casonas de piedra con escudos heráldicos, la iglesia de San Juan Bautista, de origen medieval, y el Puente de Arce, que cruza el río Pas y constituye el emblema del pueblo. Con el paso del tiempo la población se ha convertido en un núcleo residencial y de servicios, favorecido por su cercanía a Santander.
A partir de este punto, siempre dentro de un escenario presidido por el color verde, cruzo cinco pequeñas pedanías: Oruña, vinculada al municipio de Piélagos. Mar y Requejada, pedanías de Polanco. Barreda, perteneciente a Torrelavega. Y finalmente, Viveda, minúscula población vinculada a Santillana del Mar, mi destino en el día de hoy.
Amigos, ¿Quién no conoce o ha oído hablar de Santillana del Mar? Sin duda, uno de lo pueblos más bonitos de España. Esta es una villa de alrededor de 4.200 habitantes, con un profundo pasado medieval que se remonta al menos al siglo IX, cuando se fundó un monasterio benedictino en honor a Santa Juliana. El nombre “Santillana” deriva de “Santa Juliana” (Juliana → Illana → Sant-illana), y aunque hay un dicho popular que la califica como “la villa de las tres mentiras” —porque ni es santa, ni llana, ni tiene mar— este apelativo refleja su identidad curiosa.
Durante la Edad Media, su situación en la ruta de peregrinación del Camino del Norte de Santiago y su monasterio/colegiata la convirtieron en centro religioso y de paso, lo que favoreció su crecimiento. En 1889 fue declarada Conjunto Histórico-Artístico. Además, dentro de su término municipal se encuentra la célebre Cueva de Altamira, famosa por sus pinturas rupestres paleolíticas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.
El patrimonio de Santillana del Mar es muy destacable. Algunos de los elementos más significativos son:
- La Colegiata de Santa Juliana: Un edificio de estilo románico levantado donde antes estuvo el monasterio benedictino. Es una joya arquitectónica y uno de los símbolos de la villa.
- El casco histórico de la villa: Calles empedradas, palacios señoriales, casas con escudos, balcones de madera, etc., todo perfectamente conservado. Esta unidad histórico-artística le confiere una gran belleza.
- La Cueva de Altamira: Esta cavidad con pinturas rupestres del Paleolítico se considera un hito universal del arte prehistórico. Eso eleva el valor cultural de todo el entorno.
Esta noche me hospedo en el alojamiento turístico Gándara, ubicado en una preciosa casa con muchos años de antigüedad. Aquí tengo la oportunidad de compartir la vida por un tiempo con Jorge, dueño del establecimiento, quien se dirige a mi como “Don Jon”. Es lo suyo, cuando hay nivel…😂
“Uno es más que cero”
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
Jon
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