Queridos amigos,
Por fortuna, el día amanece radiante. Aunque hace frío, luce el sol, y esto es algo que un caminante siempre agradece. Emprendo la jornada, abordando un primer tramo hasta Trajano, una minúscula pedanía de unos 900 habitantes perteneciente al municipio de Utrera. Se fundó en 1972 como uno de los últimos pueblos de colonización levantados en las marismas del Bajo Guadalquivir. Sus primeros habitantes llegaron para trabajar sus fértiles tierras. Con el paso de los años, aquel asentamiento concebido para impulsar la agricultura se convirtió en una comunidad estable, unida y con una identidad propia.
Este sencillo núcleo urbano gira en torno a la iglesia parroquial de San Pablo, edificio que actúa como centro religioso y punto de referencia para los vecinos. En la plaza principal destaca también un busto dedicado al emperador romano Marco Ulpio Trajano, que da nombre al pueblo. Más recientemente, con motivo del cincuentenario de la fundación, se erigió una columna con relieves que evocan la llegada de los colonos y el nacimiento del pueblo, convertida ya en un símbolo de su historia.
La vida económica sigue estrechamente vinculada al campo. La agricultura continúa siendo el motor esencial del lugar, con cultivos propios de la campiña sevillana como los cereales, el olivar o el girasol. Gran parte de sus habitantes trabaja todavía en explotaciones agrícolas familiares o en fincas cercanas, lo que preserva un estilo de vida ligado a la tierra y a las labores tradicionales.
En este lugar he tenido la fortuna de descubrir un tesoro: El bar Corina. Magníficos desayunos y comida tradicional, todo ello, servido en un marco de limpieza y amabilidad. Sorprende además —gratamente—, la relación calidad/precio.
A partir de este punto, abordo un extenso tramo final hasta Utrera. Esta localidad, en la actualidad con algo más de 52.000 habitantes, ha estado habitada desde tiempos muy antiguos. Hay vestigios en el municipio que se remontan al Neolítico, y ya en época romana la zona era conocida como “Utrícula”. Mas adelante, bajo la dominación musulmana, pasó a denominarse “Gatrera”. Su historia está marcada por varios acontecimientos relevantes. Entre ellos, destacan la Reconquista cristiana (siglo XIII), que marcó el inicio de los asentamientos con rigor histórico; la construcción del castillo (entre 1325 y 1350), que es fundamental para entender el origen de la ciudad; la declaración de Utrera como cuna histórica del flamenco (a lo largo de los siglos); y la gran inundación de 1962 y la posterior consolidación como primer productor de algodón de España en 1963, eventos que marcaron la historia social y económica moderna de la ciudad.
Con el paso del tiempo, Utrera ha ido configurando un rico patrimonio histórico y cultural. Entre sus monumentos destacan los restos del antiguo Castillo de Utrera — una fortaleza de origen almohade mencionada ya en documentos medievales —, cuya torre de homenaje se alza aún, vestigio de los antiguos recintos defensivos. También sobreviven iglesias de estilo gótico como las de Santa María de la Mesa o Santiago, además del palacio nobiliario Palacio de los condes de Vistahermosa — hoy sede del ayuntamiento — un edificio histórico y señorial. Más allá de la arquitectura, Utrera mantiene viva la tradición del toro bravo y la cría ganadera de reses bravas.
Al igual que en Jerez de la Frontera, he encontrado esta ciudad vibrante y acogedora. Hacía muchos años que no la visitaba y regresar ha sido realmente gratificante. Con la etapa de hoy finalizada, me encuentro ya a las puertas de Sevilla, donde pondré punto final a la Vía Augusta.
“Uno es más que cero”
Un abrazo,

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