Queridos amigos,
Hoy me incorporo a la vida con el propósito de afrontar la última jornada en la Vía Augusta. Sin pretenderlo, mi mente realiza un balance de la ruta, sin poder evitar pensar que, desde que saliera de Cádiz, no he coincidido con ninguna otra persona realizando esta travesía. Parece evidente que la locura únicamente ha tomado confianza conmigo.
Revestido de todo el ánimo de que dispongo, enfilo mis pasos hacia la penúltima localidad de la Vía Augusta: Alcalá de Guadaíra. Su historia se remonta a tiempos muy antiguos. Los restos arqueológicos hallados en la zona —como los del paraje Gandul— evidencian que este territorio fue habitado desde épocas prerromanas. Con la presencia romana la zona fue integrada en la estructura de asentamientos de la Bética, y más tarde, durante la dominación musulmana, su situación estratégica junto al río le proporciono especial importancia.
Su nombre actual deriva del árabe Al-Kalʿat al-Guadaíra (“castillo junto al Guadaíra”), en referencia a la fortaleza que controlaba el paso del río y defendía la zona. El 21 de septiembre de 1246 quedó bajo control cristiano tras la conquista. A partir de los siglos XIV y XV, Alcalá ya destacaba como una villa poblada, con fuerte actividad agrícola —sobre todo cereales y olivar—, lo que impulsó la construcción de numerosos molinos de harina a lo largo del río Guadaíra.
Con el paso del tiempo la villa creció, extendiéndose más allá de sus murallas medievales. Durante el siglo XIX consolidó su papel como área productora agrícola y transformadora, y su industria panadera alcanzó gran importancia. La llegada del ferrocarril en 1873, conocido como el “Tren de los Panaderos”, facilitó el transporte y distribución de pan y harina hacia Sevilla.
Hoy día, Alcalá de Guadaíra, con sus 75.000 habitantes, es uno de los municipios más poblados de la provincia de Sevilla, formando parte del area metropolitana de la capital. Entre su importante patrimonio hay que resaltar el Castillo que domina desde su cerro el valle del Guadaíra. Sus orígenes se remontan a la ocupación musulmana, aunque tras la reconquista sufrió transformaciones: la fortaleza medieval que se conserva —torre del homenaje y restos de murallas— recuerda su función defensiva. Fue declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico en 1924. Por otra parte, a lo largo del río Guadaíra se conservan antiguos molinos y tahonas, vestigios de la tradicional industria de la harina que le valió a la ciudad el sobrenombre de “Alcalá de los Panaderos”. Este legado industrial-agrícola forma parte de su identidad histórica.
Con el paso del tiempo, la ciudad ha evolucionado: parte de su población trabaja en industrias diversas, servicios y también en puestos vinculados a la proximidad con Sevilla — muchos la han convertido en ciudad dormitorio, lo que ha generado crecimiento urbano, nuevas actividades y expansión demográfica. El sector turístico y cultural —aprovechando su patrimonio histórico, su entorno natural junto al río y su cercanía a Sevilla— aporta también valor, con visitas al castillo, rutas por los molinos, patrimonio artístico y natural.
Un último esfuerzo, concentrado en tres horas de caminata, me sitúa finalmente en Sevilla, dando así por concluida la Vía Augusta. Como siempre que regreso a esta ciudad, aprovecho para visitar el Hotel Alfonso XIII y la Catedral de Santa María, con su espléndida Giralda.
Hoy no escribiré sobre Sevilla ya que lo hice en el post 045, con motivo de la visita que realicé a esta ciudad el pasado 8 de junio. Como ya adelante días atrás (post 146) a partir de este momento abro un paréntesis de tres/cuatro meses para "poner orden" en todo lo aprendido/vivido a lo largo de los 4.028 kilómetros realizados caminando por España.
¡Muchas gracias!
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
Jon
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