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lunes, 1 de diciembre de 2025

147 - San Fernando / Puerto Real / El Puerto de Santa María / Jerez de la Frontera


Queridos amigos,

Con determinación (y sueño), emprendo la caminata al encuentro de la primera de las localidades que visitaré en el día de hoy: San Fernando. Situada en pleno corazón de la Bahía de Cádiz, esta es una ciudad con una historia profundamente vinculada al mar y a las fuerzas armadas. Sus orígenes se remontan a asentamientos romanos asociados a actividades salineras y marítimas, aunque su configuración urbana comenzó a definirse en época andalusí. Tras la conquista castellana, el territorio pasó a depender de la ciudad de Cádiz y más tarde de la Casa de Medina Sidonia. Su verdadero despegue llegó entre los siglos XVIII y XIX, cuando se convirtió en un importante núcleo militar y administrativo, sede de instituciones navales clave. Uno de los episodios más destacados de su historia ocurrió en 1810, cuando las Cortes Generales se reunieron en la entonces llamada Isla de León, haciendo de San Fernando el escenario donde se inició el proceso que culminaría con la Constitución de 1812, la primera carta magna liberal de España
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El patrimonio de San Fernando refleja esta trayectoria militar, civil y religiosa. Su monumento más emblemático es el Real Teatro de las Cortes, lugar donde se gestaron las sesiones previas a la Constitución. La Iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo, de estilo barroco y neoclásico, alberga símbolos ligados a las Cortes y a la historia constitucional. La ciudad cuenta además con un excepcional patrimonio militar: el Castillo de San Romualdo, de origen medieval y rehabilitado como espacio cultural; el Panteón de Marinos Ilustres, impresionante conjunto neoclásico donde descansan figuras destacadas de la historia naval española; y el Arsenal de la Carraca, uno de los complejos navales más antiguos y significativos del país, donde se construyeron importantes navíos desde el siglo XVIII.

Otros elementos patrimoniales igualmente valiosos incluyen el Cerro de los Mártires y el Parque del Barrero, con restos arqueológicos y espacios naturales; la Iglesia del Carmen, ligada a la Armada; el Puente Zuazo, histórico paso fortificado que jugó un papel decisivo durante la Guerra de la Independencia; y un conjunto de salinas tradicionales, únicas en su género. El entorno natural es uno de los grandes atractivos de San Fernando: el municipio está rodeado de marismas, caños y senderos que forman parte del Parque Natural de la Bahía de Cádiz, un espacio de altísimo valor ecológico y paisajístico.

La economía de San Fernando ha estado tradicionalmente ligada al sector militar y naval, debido a la presencia de instalaciones como la Base de la Armada, el Arsenal de la Carraca y centros de formación militar. La industria naval y las actividades relacionadas con la defensa han sido históricamente motores de empleo. En las últimas décadas, el sector servicios ha adquirido una importancia creciente, impulsado por el comercio, la restauración y el turismo. El municipio se beneficia también de su integración en el área metropolitana de Cádiz, lo que genera empleo en sectores administrativos, educativos y sanitarios. Las salinas artesanales y la recuperación de sus paisajes asociados han impulsado el turismo de naturaleza, mientras que la gastronomía —vinculada al mar, al estero y a productos como la sal y las algas— se ha convertido en un atractivo adicional. El turismo patrimonial, orientado a su legado constitucional y naval, también se encuentra al alza.

Un segundo tramo, plano en su totalidad y con vistas al Arenal de la Carranca, me sitúan en Puerto Real, el centro geográfico de la Bahía de Cádiz, una de las localidades con mayor peso histórico y tradición industrial del litoral gaditano. Su fundación oficial se produjo en 1483, cuando los Reyes Católicos crearon la villa con el propósito de reforzar el poblamiento cristiano de la bahía tras la Reconquista. Sin embargo, el territorio estaba habitado desde mucho antes: existen restos fenicios y romanos vinculados a antiguas salinas y a actividades marítimas. Durante los siglos XVI y XVII, Puerto Real se consolidó como un enclave estratégico gracias a su astillero y a su cercanía a Cádiz, participando en el abastecimiento y servicio de las rutas atlánticas. En la Edad Moderna tuvo una intensa vida artesanal y comercial, con un trazado urbano ordenado propio de las villas fundadas por la Corona. A lo largo de los siglos XIX y XX, la expansión industrial —especialmente la naval— marcó el carácter contemporáneo del municipio y su identidad obrera.

El patrimonio de Puerto Real combina elementos religiosos, civiles e industriales de gran interés. Destaca la Iglesia Prioral de San Sebastián, edificio gótico-renacentista del siglo XVI con una magnífica portada y un interior de amplias naves. También es relevante la Iglesia de la Victoria, con un destacado retablo barroco, y la Capilla del Nazareno, ligada a la tradición cofrade local. Entre los edificios civiles sobresalen el Ayuntamiento, ejemplo de arquitectura neoclásica andaluza, y numerosas casas señoriales de los siglos XVIII y XIX, con fachadas de piedra ostionera y patios interiores característicos.

Un aspecto singular del patrimonio portorrealeño es el industrial y marítimo. El astillero histórico, origen de la actual actividad naval, representa uno de los pilares identitarios de la ciudad. El trazado urbano conserva además edificaciones y espacios vinculados a la industria salinera y a la construcción naval. El patrimonio natural es otro de sus grandes valores: el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, que rodea buena parte del municipio, incluye marismas, caños y humedales de enorme riqueza ecológica. Lugares como el Pinar de las Canteras, pulmón verde de la ciudad, o las antiguas salinas restauradas y senderos marítimos convierten a Puerto Real en uno de los entornos más naturales de la bahía.

La economía de Puerto Real se sustenta tradicionalmente en tres pilares: industria, servicios y sector marítimo. La industria naval ha sido históricamente la actividad más representativa, vinculada al astillero de la Bahía de Cádiz, especializado en construcción, reparación y mantenimiento de buques. El sector servicios —comercio, hostelería, administración, educación y sanidad— ha crecido con fuerza gracias a la ubicación de la ciudad en el eje Cádiz–Jerez y a la presencia de centros universitarios del Campus de Puerto Real. La actividad marítima y salinera, aunque reducida en comparación con siglos pasados, sigue estando presente tanto en forma de explotación de recursos naturales como en iniciativas relacionadas con el turismo de naturaleza y la recuperación ambiental. En las últimas décadas se han sumado empresas tecnológicas, energéticas y vinculadas a la logística, aprovechando la cercanía a los grandes nodos de transporte de la bahía.

Es hora de reponer fuerzas y que mejor que hacerlo en El Puerto de Santa Maria, la tercera de las localidades que visito en el día de hoy. Ubicada en la bahía de Cádiz, también es una ciudad con una historia profundamente ligada al mar, al comercio atlántico y a la viticultura. Su origen se remonta a la Antigüedad: según la tradición, fue fundada por el caudillo griego Menesteo, aunque los restos arqueológicos apuntan a un asentamiento tartésico y más tarde romano conocido como Portus Gaditanus, puerto complementario de la vecina Gades. Tras la etapa visigoda y la ocupación andalusí —cuando recibió el nombre de Alcanatif—, la ciudad pasó a manos cristianas en el siglo XIII. Durante los siglos XV al XVIII, El Puerto vivió un esplendor notable gracias a las rutas comerciales con América y al auge de los vinos del Marco de Jerez, convirtiéndose en un punto clave para el tráfico marítimo y para las grandes casas de cargadores. En la Edad Contemporánea continuó creciendo como ciudad mercantil, bodeguera y turística, especialmente a partir del siglo XIX.

El patrimonio del Puerto de Santa María es amplio y de gran valor arquitectónico. Su monumento más emblemático es el Castillo de San Marcos, una fortaleza de origen islámico transformada durante la reconquista en santuario cristiano; conserva vestigios de la antigua mezquita y una impresionante torre defensiva. La ciudad alberga también un conjunto de casas-palacio de los siglos XVII y XVIII, construidas por familias acomodadas vinculadas al comercio americano, como el Palacio de Araníbar, el Palacio de Valdivieso o la Casa-Palacio de Vizarrón. Entre los edificios religiosos destacan la Iglesia Mayor Prioral; la Iglesia de San Francisco y la antigua Iglesia de la Compañía de Jesús, hoy centro cultural.

Un elemento esencial del patrimonio portuense son sus bodegas históricas, pertenecientes al Marco de Jerez. Aunque no tan numerosas como en Jerez o Sanlúcar, El Puerto de Santa María alberga casas de enorme tradición como Bodegas Osborne, Caballero o Gutiérrez Colosía, cuyos cascos bodegueros, patios y naves de crianza forman parte del paisaje cultural de la ciudad. La presencia del famoso toro de Osborne, todo un icono nacional, nació precisamente de esta firma portuense.

El patrimonio natural también tiene un lugar destacado. Las playas de Valdelagrana, La Puntilla y Fuentebravía, el Parque Natural de los Toruños y Pinar de la Algaida, así como el estuario del Guadalete, aportan un entorno paisajístico privilegiado que ha marcado la identidad turística del municipio. El puerto deportivo Puerto Sherry, con actividad náutica durante todo el año, es otro símbolo de su vocación marítima.

La economía del Puerto de Santa María se sustenta en varios pilares tradicionales y modernos. La industria del vino y las bodegas siguen siendo una seña de identidad, generando actividad agrícola, logística y turística. El turismo constituye hoy uno de los sectores más importantes, impulsado por su clima, su litoral y su cercanía a Cádiz, Jerez y la Sierra. La ciudad mantiene además actividad en el sector naval y pesquero, así como en servicios vinculados al transporte, la náutica de recreo y la industria agroalimentaria.

La fatiga viste por entero mi persona cuando finalizo la jornada en Jerez de la Frontera, la ciudad más poblada de la provincia (215.000 habitantes) y con un enorme peso histórico, artístico y cultural. Sus raíces se remontan a asentamientos prerromanos, aunque fue con Roma cuando la zona adquirió especial relevancia gracias a su agricultura y a su posición estratégica entre el interior y la costa. Durante el periodo andalusí, bajo el nombre de Sherish, la ciudad floreció como núcleo urbano fortificado, con un alcázar, un tejido artesanal intenso y una huerta bien desarrollada. Tras la conquista castellana en el siglo XIII, Jerez quedó integrada en la línea fronteriza con el reino nazarí de Granada, lo que reforzó su carácter defensivo y su importancia militar. En la Edad Moderna, la ciudad vivió un auge extraordinario gracias al comercio internacional de sus vinos, que desde el siglo XVIII se convirtieron en producto estrella del mercado británico y europeo. En los siglos XIX y XX, Jerez consolidó su papel como gran capital vinatera y ecuestre del sur peninsular, ampliando su patrimonio monumental y su actividad económica.

El patrimonio de Jerez es uno de los más ricos de Andalucía. La Catedral del Salvador, levantada entre los siglos XVII y XVIII, combina elementos góticos, barrocos y neoclásicos y alberga obras destacadas como el Cristo de la Viga o el Lienzo de Zurbarán del Niño Jesús Pastor. A su lado se encuentra el Campanario, independiente de la catedral y construido sobre la antigua torre-alminar. El Alcázar de Jerez, uno de los conjuntos almohades mejor conservados de la península, ofrece murallas, torres defensivas, mezquita, baños árabes, jardines y el Palacio de Villavicencio. La ciudad posee también un amplio conjunto de iglesias gótico-mudéjares como San Dionisio, San Mateo, San Lucas o San Marcos, que muestran la continuidad arquitectónica desde la Baja Edad Media. Otros edificios religiosos de gran interés son el Claustro de Santo Domingo, de origen medieval; la Cartuja de Santa María de la Defensión, una de las cartujas más bellas de España; y diversos conventos barrocos como el de San Francisco, las Mínimas o las Clarisas.

En el ámbito civil destacan numerosas casas-palacio de los siglos XVII al XIX, símbolo de la prosperidad de las familias vinateras y nobiliarias: la Casa Pemartín, la Casa de los Marqueses de Campo Real, el Palacio Bertemati, el Palacio del Virrey Laserna o la Casa Domecq. A todo ello se suma la riqueza de los barrios históricos de San Miguel y Santiago, cuna del flamenco jerezano y lugar de nacimiento de artistas legendarios.

Un capítulo imprescindible del patrimonio jerezano son sus bodegas monumentales, auténticas “catedrales del vino”. Estos edificios, construidos entre los siglos XVIII y XIX, se caracterizan por su altura, su luz tamizada y sus grandes naves sostenidas por arquerías que generan un microclima idóneo para la crianza del vino. Bodegas como González Byass (Tío Pepe), Fundador, Lustau, Díez-Mérito, Sandeman, Williams & Humbert, Harveys, Valdespino, Emilio Hidalgo, Tradición o Barbadillo (en la cercana Sanlúcar) constituyen un patrimonio único en el mundo y representan la memoria viva del sistema de criaderas y solera, una técnica de envejecimiento exclusiva que ha dado fama internacional al Jerez–Sherry–Xérès. Muchas de estas bodegas conservan archivos históricos, tonelerías tradicionales, patios ajardinados, capillas y colecciones de arte, en algunos casos de grandísimo valor.

La economía de Jerez continúa apoyándose en esta tradición vinatera, con la producción de vinos generosos, brandies y vinagres de prestigio mundial. Los cultivos de la campiña —especialmente la vid, el trigo, los cítricos y el olivar— dan soporte al sector agrícola. La ganadería también tiene un peso notable, y la yeguada jerezana vinculada al caballo cartujano es uno de los símbolos más reconocidos de la ciudad. En las últimas décadas, el sector servicios ha experimentado una gran expansión, impulsado por el turismo enológico, ecuestre, flamenco y cultural. La ciudad cuenta además con un polo creciente de industria aeronáutica, logística, y empresas tecnológicas, apoyado por la presencia del Aeropuerto de Jerez y por su buena comunicación con toda Andalucía occidental.

Se acerca la Navidad y las calles del centro histórico de Jerez de la Frontera rebosan de gente que pasea o disfruta acomodada en las numerosas terrazas de cafeterías y restaurantes, todo ello envuelto en un espectacular escenario de luces que realza aún más el ambiente festivo. Todo un lujo…

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 

Jon

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