Queridos amigos,
Inició este post, poniendo en valor a Angel, el recepcionista del albergue Inturjoven donde he estado alojado, por su amabilidad y atención. Y también, por su sensibilidad hacia las diferentes propuestas que componen el proyecto de regeneración política que llevo adelante.
Comienzo el día saliendo de la monumental Catedral de la Asunción, avanzando entre olivares hasta perder de vista el Castillo de Santa Catalina, dando así por finalizada mi estancia en Jaén. Tras dejar atrás la ciudad, el camino sigue por vías rurales hasta llegar a Torredelcampo, un municipio con raíces romanas y medievales. Un buen lugar para realizar una escala y recuperar fuerzas con un buen desayuno para abordar el resto del trayecto hasta Martos.
Esta ciudad da la bienvenida al viajero con su silueta inconfundible, recortada como un vigía milenario, aferrado a la piedra y al tiempo. La gran Peña, rugosa y eterna, sostiene a la ciudad como si de un altar se tratara. Al subir por sus empinadas cuestas, escucho el tañido de las campanas de Santa Marta, la patrona, que protege desde su iglesia-fortaleza el corazón espiritual del pueblo, mientras observo en lo alto el Castillo de la Peña, hoy en ruinas, dominando con su sombra los olivares infinitos.
El descanso para esta etapa lo encuentro en el Convento de las Madres Trinitarias, que ofrece un alojamiento sencillo pero con calidez, paz y espiritualidad. La estancia permite vivir una experiencia distinta, en un entorno de recogimiento, historia y silencio, ideal para reflexionar tras la jornada.
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
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