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martes, 22 de julio de 2025

081 - Prado / Carral (Taboada) / Silleda / Bandeira / Dornelas / San Miguel de Castro / Ponte Ulla


Queridos amigos,

La pasada noche me he visto en la necesidad de mostrar mi carácter templario para restablecer el orden en el albergue de A Laxe, el único alojamiento disponible en esta localidad para los viajeros de oración. El edificio, bien acondicionado y probablemente el principal patrimonio de este pequeño pueblo, ha acogido esta noche a una docena de peregrinos, distribuidos en dos dormitorios.

Una vez descrito el escenario, paso a relatar lo sucedido:

En los minutos previos a la medianoche, un hombre de aproximadamente 35 años mantiene una conversación telefónica en voz alta y por un tiempo prolongado en las zonas comunes del albergue, perturbando el descanso de quienes intentan dormir —peregrinos que, en su mayoría, tienen el despertador programado para las cinco de la mañana.

Pasada la media noche, con determinación, me levanto de la cama y salgo al hall para llamarle la atención. Le pido, con firmeza pero sin faltar al respeto, que interrumpa la conversación telefónica y le hago ver que no son horas para hablar en ese tono. Durante un rato baja la voz, pero pronto vuelve a lo mismo. La conversación se prolonga hasta las 00:20 h. Es entonces cuando este “veterano de la educación” entra en mi dormitorio y se instala precisamente en la litera contigua a la mía.
—Dios me pone a prueba —pienso.

Lejos de resolverse, la situación empeora de forma exponencial. El hombre no cesa de hacer ruido: habla por teléfono, arrastra bancos de madera, revuelve bolsas de plástico, abre y cierra cremalleras… Todo ello, además, con la luz encendida, como si fuera pleno día.

Harto de la situación, me levanto de nuevo, me planto frente a él y le digo con firmeza:
—Eres un maleducado. No tienes ninguna vergüenza. O dejas de hacer ruido de inmediato, o te saco yo mismo del edificio.
—Lo siento. Te pido perdón —responde, cabizbajo.
—A mí no me tienes que pedir perdón. Estás molestando a todos los peregrinos. Deja lo que estás haciendo, métete en la cama y, por favor… ¡cállate y guarda silencio! —le digo ya cabreado, con mi cara a diez centímetros de la suya.
—Me das miedo —balbucea.
—Haces bien en tener miedo —le digo, mientras me acuesto de nuevo, esperando que haya entendido el mensaje.

Pero el ruido continúa, y la temperatura ambiente continúa al alza. Unos minutos después, me incorporo por segunda vez.
—O dejas de hacer ruido o te saco a hostias de la habitación. Tienes un minuto —le advierto, sin rodeos.

Increíblemente, persiste en su actitud. Decidido, lo agarro del pecho con la intención de echarlo fuera. En ese instante, un peregrino de otra habitación entra y, tras un breve rifirrafe, lo sacamos al hall junto con todas sus pertenencias. Minutos después, acude un segundo peregrino. Entre los dos bajan un colchón plastificado en color azul a la planta inferior, para que duerma allí, lejos de los dormitorios comunes. Nunca olvidaré la imagen de los dos porteadores cargando el colchón al hombro.

El reloj marca las 00:55 h cuando por fin regreso a mi cama, malhumorado pero con la paz finalmente restablecida.

Como era de esperar tras lo sucedido, el día comienza con la pesadez propia de quien no ha podido descansar como es debido.

Salgo solo del albergue, arrastrando el cuerpo y el ánimo, pero no tardo en alcanzar a Mariane, Francisco, Joaquín y Susan. A partir de ahí, la caminata en grupo hasta Silleda —atravesando las pequeñas aldeas de Prado, Carral y Taboada— va disipando poco a poco el malestar acumulado durante la noche.

Silleda es una villa situada en el interior de la provincia de Pontevedra, en la comarca del Deza. Si principal elemento patrimonial es el Monasterio de Carboeiro, una joya del románico gallego situada a orillas del río Deza, en un entorno natural de gran belleza. Fundado en el siglo X y reconstruido en el XII, este monasterio benedictino destaca por su arquitectura sobria. Otro enclave natural imprescindible es la Fervenza do Toxa, una de las cascadas más altas de Galicia.

En Bandeira, todo el grupo se reúne para desayunar. Es aquí donde el grupo que se ha ido formando en los últimos días y semanas se dispersa: mientras Mariane, Joaquín y yo continuamos la marcha, Leo, Francisco, Vanessa y Susan deciden pernoctar en esta localidad.

El grupo que avanza ha de atravesar Dornelas y San Miguel de Castro, antes de alcanzar el destino fijado para el día de hoy: Ponte Ulla. Esta es una pequeña población situada en la frontera entre las provincias de A Coruña y Pontevedra y atravesada por el río Ulla. El puente medieval, origen de su topónimo, fue durante siglos una de las principales vías de comunicación entre el sur y el norte de Galicia. A escasos metros se encuentra también el viaducto ferroviario de Gundián, una impresionante obra de ingeniería construida en el siglo XX, que cruza el profundo valle del Ulla y se ha convertido en una estampa icónica del paisaje local.

Hoy me vuelven a invadir esos sentimientos encontrados que acompañan el final de una gran travesía. Por un lado, la ilusión desbordante de estar a punto de llegar, esta vez a una ciudad tan emblemática y cargada de significado como Santiago de Compostela. Por otro, una extraña melancolía, esa resistencia interna a alcanzar la meta, porque sabes que, al cruzarla, algo muy importante —algo que te ha transformado— llega también a su fin.

Mañana será un día profundamente emocionante…

“Uno es más que cero”

Un abrazo,
Jon

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2 comentarios:

  1. Me quedo estupefacta leyendo tus palabras Jon. Hay que ver la ausencia de respeto, educación y civismo que muestran algunos. Qué poca conciencia sobre la importancia del descanso de los peregrinos, fundamental para restablecer fuerzas y enfrentar una nueva jornada con muchos kilómetros por delante y con un cansancio físico acumulado de mucho tiempo atrás.
    Por otro lado, debo reconocer la gracia que me ha hecho leer la expresión muy característica de los vascos cuando son molestados y ofrecen un golpe al enemigo (Jeje)
    Mucho ánimo Jon, ya queda menos y nada! Santiago está ya muy cerquita!
    Un abrazo enorme.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, mi anónima, amiga !!
      Nunca olvidaré a los dos peregrinos, cargando al hombro el colchón plastificado de color azul, rumbo a los extrarradios, donde cumplirá condena el “buen señor”😂😊
      Estos vascos…
      Un abrazote😘🤗


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