domingo, 30 de noviembre de 2025

146 - Cádiz


Queridos amigos,

Desde que abandoné el camino por la regeneración política en San Vicente de la Barquera (Cantabria), he pasado un tiempo recuperándome de Covid, una enfermedad que sospecho contraje en un albergue de Santillana del Mar, donde compartí alojamiento con dos personas. Una de ellas estaba enferma y tosiendo durante toda la noche.

A partir de mañana —lunes— pretendo abordar un tramo de unos 200 kilómetros entre las ciudades de Cádiz y Sevilla, una ruta conocida como la Vía Augusta. Después realizaré un paréntesis de tres/cuatro meses para "poner orden" en todo lo aprendido/vivido a lo largo de los 4.000 kilómetros realizados caminando por España.

Hoy os presento aquí, el punto de inicio de esa travesía: Cádiz "La Tacita de Plata". Esta ciudad se halla situada en el extremo suroccidental de la península ibérica. Abrazada prácticamente en su totalidad por el océano Atlántico, cuenta en la actualidad con algo más de 110.000 habitantes. Esta considerada la ciudad más antigua de Occidente habitada de manera ininterrumpida. Cádiz posee más de tres mil años de historia, una cronología única que ha dejado una huella profunda en su fisonomía, su cultura y su identidad. Su origen se remonta en torno al 1100 a. C., cuando los fenicios fundaron Gadir, una isla fortificada concebida como centro estratégico para el comercio de metales y productos procedentes del interior peninsular. Con el paso de los siglos, la ciudad pasaría a manos cartaginesas y más tarde romanas, adoptando el nombre de Gades y convirtiéndose en una urbe próspera, rica en actividad comercial y plenamente integrada en la dinámica del Imperio. La etapa visigoda y posteriormente la musulmana dejaron también su impronta, hasta la conquista cristiana en el siglo XIII, momento en el que Cádiz comenzó a perfilarse como un puerto clave en las rutas atlánticas.

El periodo de mayor esplendor llegaría durante la Edad Moderna, especialmente desde el siglo XVII. Tras el descubrimiento de América, Cádiz fue desplazando progresivamente a Sevilla como centro del comercio ultramarino hasta convertirse en la puerta de entrada y salida del tráfico con el Nuevo Mundo. La instalación de la Casa de Contratación en 1717 consolidó definitivamente su protagonismo económico. A través de sus muelles circulaban plata, productos exóticos, artesanía, textiles y un sinfín de mercancías procedentes de todo el ámbito colonial. Esta intensa actividad atrajo a comerciantes extranjeros, intelectuales y marinos que alimentaron un ambiente cosmopolita poco habitual en la España de la época. Cádiz se transformó en una ciudad abierta al mundo, culta y bulliciosa, cuya vitalidad se reflejó en la construcción de palacios, torres-mirador —erigidas para vigilar la llegada de barcos— y en una vida social estrechamente vinculada al mar.

El patrimonio arquitectónico y cultural de Cádiz es un reflejo vivo de esa larga y compleja trayectoria histórica. La Catedral Nueva, iniciada en 1722 y concluida en el siglo XIX, exhibe una mezcla de estilos y una inconfundible cúpula dorada que destaca en el perfil de la ciudad. A pocos pasos de ella se encuentra la Catedral Vieja, testimonio de épocas anteriores, y el Teatro Romano, uno de los mayores de la Hispania romana, descubierto en 1980 bajo el barrio del Pópulo. El Gran Teatro Falla, con su inconfundible fachada de ladrillo visto y estilo neomudéjar, constituye hoy un símbolo cultural incontestable. Allí se celebra el Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz, cuya creatividad y sentido del humor proyectan la identidad gaditana a todo el país. Las murallas y baluartes que rodean la ciudad, especialmente la Puerta de Tierra, el Castillo de Santa Catalina y el Castillo de San Sebastián, completan un paisaje urbano en el que el pasado militar y marinero convive con la vida cotidiana contemporánea. A ello se suman barrios emblemáticos como La Viña, el Mentidero o el Pópulo, donde las calles estrechas, las plazas luminosas y el aroma del mar crean una atmósfera singularmente gaditana.

Cádiz ha tenido desde siempre una estrecha relación con el mar. El comercio marítimo, la pesca, los astilleros y la actividad portuaria constituyen sus pilares económicos tradicionales. A lo largo del siglo XX y XXI, estos sectores se han complementado con un peso creciente de los servicios, la administración pública, la educación superior —con la Universidad de Cádiz como actor fundamental en investigación y desarrollo— y, de forma muy destacada, el turismo. Las playas urbanas, como La Caleta, vinculada a escenas míticas del cine y al imaginario gaditano, o la extensa Playa de la Victoria, junto con un clima templado y un patrimonio cultural rico y diverso, conforman una oferta turística sólida que nutre buena parte de la economía local. La Bahía de Cádiz, por su parte, mantiene una notable actividad industrial y logística, especialmente en sectores como los astilleros y el transporte de mercancías.

Quiero mencionar alguna de las muchas anécdotas curiosas que definen el carácter del pueblo gaditano. Una de las más célebres tiene lugar durante la Guerra de la Independencia. En 1810, cuando gran parte del territorio español había sucumbido a la ocupación napoleónica, Cádiz resistió heroicamente un largo asedio. Su posición geográfica, casi insular, y su fortificación natural permitían la llegada de suministros por mar, lo que la convirtió en el último bastión de la resistencia española. Se dice que, mientras los franceses bombardeaban la ciudad desde el cercano fuerte de Matagorda, los gaditanos respondían con ingenio y sátira, lanzando versos burlescos y mensajes irónicos que ridiculizaban al enemigo. Esta actitud desafiante y humorística se convirtió en un sello del carácter local. En ese clima de resistencia, dinamismo intelectual y apertura al mundo se reunieron las Cortes de Cádiz, que dieron lugar a la Constitución de 1812, conocida como La Pepa, un hito fundamental en la historia del constitucionalismo español y europeo, y un símbolo del espíritu liberal y modernizador de 
la época.

Quiero d
ejar constancia en este post de mi opinión sobre la convocatoria realizada hoy (30 de noviembre) en Madrid por Alberto Núñez Feijóo (PP) en contra del Gobierno de España. Un acto que titularé "Quítate tú para ponerme yo". Es lamentable que, a día de hoy, ninguno de los partidos políticos contemple entre sus propuestas una verdadera regeneración política en este país, donde la democracia está ausente, o al menos, parece no tener cabida. Vivimos bajo una partitocracia en la que los ciudadanos somos meros espectadores y, además, víctimas de normativas y leyes que, en muchos casos, son perversas e injustas.

El sistema político actual es corrupto desde sus cimientos, por lo que es urgente llevar a cabo una regeneración política profunda; en otras palabras, abrir un proceso constituyente con el objetivo de redactar una nueva Constitución que acabe con la corrupción, mejore la eficiencia y el control de los servicios públicos, y ponga fin a este "gallinero" en que se ha convertido la política. Esta nueva Constitución debe abordar, entre otras, las siguientes cuestiones:
  • Elecciones con listas abiertas en los diferentes ámbitos de la Administración del Estado. Las personas con condenas firmes no podrán votar hasta cumplir con su condena. Además, para ser candidato electoral, será requisito indispensable tener al menos 30 años.
  • Abolición de los aforamientos en todos los niveles.
  • Garantizar una separación clara de poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial).
  • Fortalecer la independencia del sistema judicial, dotándola de los recursos humanos y económicos necesarios para su correcto funcionamiento. Además, implementar jurados mixtos, 50% jueces, 50% ciudadanos elegidos por sorteo.
  • Abolición de la prescripción de delitos, sin excepción.
  • Reducir la edad penal a los 16 años.
  • Proteger la propiedad privada de manera firme.
  • Responsabilidad subsidiaria de los partidos políticos por los delitos cometidos por sus afiliados o representantes.
  • La cuestiones de gran repercusión social deben someterse a referéndum, como por ejemplo la nacionalización masiva de extranjeros.
  • Compensar las ayudas sociales con trabajos comunitarios. Todas las ayudas del Estado estarán centralizadas en un registro único, que será cruzado con los de otros países de la Unión Europea. Aquellos que cometan fraude en la recepción de ayudas quedarán excluidos permanentemente del sistema; y si son extranjeros, serán deportados a su país de origen.
  • Prohibir que los sindicatos reciban ayudas económicas del Estado bajo ningún concepto, y someterlos a la fiscalización de Hacienda.
No es aceptable convocar una manifestación sin presentar una propuesta seria de cambio, que contemple puntos tan cruciales como los que he mencionado. Desde la Constitución de 1978, hemos sido testigos de un sinfín de abusos, corruptelas, privilegios y atropellos a los derechos de los ciudadanos por parte de los diversos gobiernos que hemos tenido. El pueblo ha permanecido al margen, más allá de aplaudir sin entender.

Podría hablar de los medios de comunicación, cómplices en muchos casos de esta “democracia de pesebre” que tenemos, y de la Unión Europea, principal responsable de los grandes daños que sufre el medio rural en España. En gran medida, han destruido el futuro de los agricultores y ganaderos, imponiendo normativas injustas y una burocracia absurda, creada en muchas ocasiones desde la arrogancia de quienes no distinguen un buitre de una gallina. Más grave aún, han logrado acabar con la sabiduría y el conocimiento de nuestros agricultores y ganaderos. Hoy en día, los jóvenes tienen un conocimiento mínimo o nulo sobre el medio rural. Con frecuencia afirmo que las ciudades ejercen una dictadura despiadada sobre el medio rural, y así nos va…

Estando en Cádiz, sustento esta propuesta de regeneración política en la historia, en las Cortes de Cádiz de 1812, buscando lo
grar un cambio político que represente todo un símbolo, una raya en el agua que sirva de guía para las futuras generaciones.

Quienes me conocen s
aben que llevo a Andalucía en el corazón. A lo largo de mi vida he realizado incontables viajes por esta Comunidad y he tenido la oportunidad de conocer gran parte de sus ocho provincias. Ahora abro una ventana en el tiempo para recorrer a pie Cádiz y Sevilla, una experiencia que, sin duda, me reportará momentos inolvidables.

Acompañaré la caminata con unos buenos vinos: Finos, manzanilla, amontillado..., o palo cortado.

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

*******
Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas


martes, 4 de noviembre de 2025

145 - Arroyo / Oreña / Caborredondo / Cigüenza / Cóbreces / Trasierra / La Iglesia / Pando / Comillas / La Revilla / San Vicente de la Barquera


Queridos amigos,

He dormido en la misma estancia con dos “ilustres” ciudadanos de centro Europa. Ayer noche tuvimos nuestro primer conato de amistad. Nada comparado con lo sucedido hoy por la mañana. Ha sido necesaria más de una hora interminable con ruidos de todo tipo, hasta conseguir que sus eminencias lograran embalar su equipaje y salir de la habitación. Yo comprendo las enormes dificultades que tienen muchos de ellos para introducir sus enseres en las bolsas de plástico, para abrir/cerrar las puertas, o las cremalleras de sus mochilas. De verdad que lo entiendo… Puedo asegurar que se han realizado mudanzas con menos ajetreo y más educación.

Con la temperatura corporal en su punto más alto, inicio el camino hacia Comillas, primer gran hito de la jornada, situada a unos veintitrés kilómetros de distancia. La ruta discurre entre verdes valles, prados infinitos y pequeñas aldeas que salpican el paisaje como si el tiempo se hubiese detenido en ellas. A lo largo del trayecto atravesaré, en este orden, ocho pequeñas pedanías que guardan el alma rural de Cantabria.
  • Arroyo, vinculada a Santillana del Mar.
  • Oreña, parte de Alfoz de Lloredo, localidad situada en un entorno bellísimo, donde se pueden admirar numerosas casas de piedra diseminadas por el valle.
  • Caborredondo, perteneciente al municipio de Calbarros.
  • Cigüenza, minúscula localidad vinculada a Alfoz de Lloredo, con la Iglesia de San Martín de Tours y la Casa de Allende como monumentos de gran relevancia.
  • Cóbreces, perteneciente al municipio de Alfoz de Lloredo.
  • Trasierra, parte del municipio de Ruiloba.
  • La Iglesia, igualmente perteneciente a Ruiloba.
  • Y finalmente, Pando, también pedanía de Ruiloba.
Cinco horas de caminata ininterrumpida, sin servicios de ningún tipo en estas localidades, me sitúan finalmente en Comillas, una villa costera con poco más de dos mil habitantes situada en parte occidental de Cantabria. Este pequeño municipio se alza entre verdes colinas y acantilados que miran al Cantábrico, guardando en su interior un legado cultural y artístico que la distingue como uno de los lugares más hermosos y singulares del norte de España.

Sus orígenes se remontan a la Edad Media, cuando era un pequeño puerto pesquero y agrícola. Durante siglos, la vida de sus habitantes giró en torno al mar, la tierra y las estaciones. Sin embargo, el verdadero esplendor de Comillas llegó en el siglo XIX, cuando los llamados “indianos” —emigrantes que hicieron fortuna en América— regresaron a su tierra natal y transformaron por completo su fisonomía. Entre ellos destacó Antonio López y López, el primer marqués de Comillas, quien impulsó la construcción de palacetes, capillas y obras modernistas que hoy conforman la esencia artística del pueblo. Gracias a su mecenazgo, la villa se convirtió en un centro de arquitectura y cultura de primer nivel, atrayendo a artistas y arquitectos de renombre, entre ellos Antoni Gaudí.

El patrimonio de Comillas es extraordinario para un lugar de su tamaño. En la parte alta se alza el Palacio de Sobrellano, una joya neogótica rodeada de jardines, junto a la Capilla-Panteón del marqués, obra maestra del arquitecto Joan Martorell. Muy cerca, la monumental Universidad Pontificia de Comillas domina el paisaje con su mezcla de estilos gótico, mudéjar y modernista, símbolo del esplendor intelectual de la villa en tiempos pasados. Pero si hay un edificio que resume la singularidad de Comillas, ese es El Capricho de Gaudí, una casa llena de fantasía, color y formas inspiradas en la naturaleza, construida entre 1883 y 1885, y una de las pocas obras del genial arquitecto catalán fuera de Cataluña. El casco antiguo conserva el encanto de las villas marineras del norte: calles empedradas, casas con balcones de madera y miradores floridos que descienden hacia el puerto. Todo el conjunto urbano está declarado Bien de Interés Cultural, lo que asegura la preservación de su valor histórico y estético.

Lógicamente, la economía de Comillas ha cambiado con el tiempo, adaptándose a las nuevas realidades. En sus orígenes, la pesca, la ganadería y la agricultura eran el motor de la vida cotidiana. Hoy, sin abandonar del todo esas raíces, el turismo se ha convertido en su principal fuente de riqueza. Miles de visitantes llegan cada año atraídos por su patrimonio artístico, su entorno natural y su atmósfera tranquila. La hostelería, el comercio local y los servicios turísticos son las actividades predominantes, sostenidas por una población que, sin perder su identidad, ha sabido abrirse al mundo.

En Comillas —muy probablemente — sus afortunados residentes escuchen el eco de los indianos que soñaron con embellecer su tierra; en su puerto, la memoria viva de los pescadores que la sostuvieron durante siglos; y en sus edificios modernistas, la huella de un pasado que aún deslumbra. Pequeña en tamaño, pero inmensa en belleza y legado, esta ciudad bien puede representar el alma de Cantabria: discreta, elegante y profundamente unida a su paisaje.

Otras cuatro horas de esfuerzo me llevan finalmente a San Vicente de la Barquera, pasando previamente por La Revilla, una de sus pedanías más próximas. San Vicente de la Barquera es una villa situada en la costa, a unos doce kilómetros de Comillas. Con cerca de cuatro mil habitantes, este pequeño municipio conserva el encanto de los pueblos del norte, donde la vida aún transcurre al ritmo de las mareas. Sus orígenes se remontan a tiempos muy antiguos, pues en su entorno se han encontrado restos que datan de la Edad del Bronce. Durante la época romana ya era un puerto conocido, identificado como Portus Vereasueca, y más tarde, en la Edad Media, alcanzó su mayor esplendor. La villa recibió fueros y privilegios que impulsaron su desarrollo como punto estratégico de comercio y de paso en el Camino de Santiago del Norte. Durante siglos, el mar fue su sustento y su horizonte: desde su puerto salían los barcos pesqueros y mercantes.

El patrimonio de San Vicente de la Barquera es testimonio vivo de ese pasado espléndido. La imponente Iglesia de Santa María de los Ángeles, construida en estilo gótico, se alza sobre la villa como símbolo de su historia y de su fe. A sus pies se extiende la Puebla Vieja, un conjunto de calles empedradas, murallas y casonas que conservan el trazado medieval. El Castillo del Rey, en lo alto del promontorio, guarda todavía la memoria de los siglos en que la villa fue fortaleza y refugio frente a los ataques del mar y de los hombres. La Torre del Preboste y las antiguas puertas de la muralla completan este conjunto monumental, declarado Bien de Interés Cultural.

Pero más allá de su patrimonio histórico, San Vicente vive también de su paisaje. La ría que la abraza, los verdes prados que la rodean y las playas que se abren al Cantábrico forman parte del Parque Natural de Oyambre, un espacio protegido donde la naturaleza y la vida humana conviven en equilibrio. Es en este entorno donde se asienta la principal fuente de riqueza actual de la villa: el turismo. Cada año, miles de visitantes llegan atraídos por su belleza y gastronomía marinera. La pesca sigue siendo un pilar importante, con un puerto que mantiene viva la tradición de generaciones de marineros. Junto a ella, el turismo y los servicios se han convertido en la base de la economía local. Hostales, restaurantes y pequeñas empresas familiares trabajan para ofrecer una experiencia auténtica, respetuosa con la identidad del lugar. En los últimos años, además, se han impulsado proyectos de sostenibilidad y de economía azul, que buscan proteger el medio marino y diversificar los recursos de la comunidad.

Durante buena parte del día he realizado decenas de llamadas telefónicas con la esperanza de encontrar alojamiento para esta noche y para los próximos días, pero sin éxito. En toda esta franja norte, los albergues, hostales y alojamientos turísticos permanecen cerrados desde finales de octubre, la mayoría hasta los primeros días de marzo. Únicamente es posible hospedarse en hoteles, cuyos precios resultan, en estas fechas, demasiado elevados. Esta situación me obliga a detener mi camino en San Vicente de la Barquera, al menos hasta que la normalidad se restablezca. Me entristece hacerlo, pero comprendo que la hostelería también necesita su merecido tiempo de descanso. Aun así, seguiré buscando nuevas rutas y oportunidades para continuar próximamente con mi proyecto de regeneración política.

Quiero dar las gracias de corazón a todas las personas que han seguido mis pasos durante todos estos meses. Su apoyo e interés han sido, y seguirán siendo, un impulso constante en este camino.

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

*******
Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas


lunes, 3 de noviembre de 2025

144 - Peñacastillo / Santa Cruz de Bezana / Arce / Oruña / Mar / Requejada / Barreda / Viveda / Santillana del Mar


Queridos amigos,

Tras una jornada de descanso para asistir a un evento familiar, retomo el camino de la regeneración política. Hoy afronto el tramo entre Santander y Santillana del Mar, en el que recorreré siete pedanías de diverso tamaño y dos municipios.

Comienzo la ruta en la primera de estas poblaciones: Peñacastillo, pedanía de Santander con unos 20.000 habitantes y un elevado nivel de vida. Su topónimo hace referencia a un peñasco donde se alzaba un antiguo castillo o fortificación. Conserva un interesante patrimonio material, con restos arqueológicos, vestigios romanos y huellas de la Guerra Civil Española. También destacan construcciones que evocan su pasado obrero e industrial —como la antigua acería de Nueva Montaña—, parte esencial de la memoria colectiva de la zona. Su economía combina la actividad industrial, concentrada en varios polígonos, con un sector servicios en constante desarrollo. Hoy es una de las áreas más pobladas y dinámicas del entorno de la capital cántabra.

Adosada a esta pedanía se encuentra el municipio de Santa Cruz de Bezana. Su historia está ligada al desarrollo agrícola, ganadero y marítimo de la zona, así como al auge del comercio de Santander en los siglos XVI al XVIII, que favoreció la construcción de casonas solariegas y molinos. Entre su patrimonio destacan la Iglesia de Santa Cruz, la Iglesia de San Pedro de Azoños, varias casonas montañesas y el Molino del Ronzón, además de un entorno natural privilegiado con playas como San Juan de la Canal o Covachos, integradas en el Geoparque de la Costa Quebrada. Hoy, es uno de los municipios con mayor renta media de Cantabria. Su economía se centra en el sector servicios y el turismo de costa.

Unas horas de viaje me sitúan en Arce, también conocida como Puente Arce, una población ubicada en el valle del río Pas y perteneciente al municipio de Piélagos. Cuenta con una población aproximada de 2.900 habitantes. Su historia se remonta a la Edad Media, cuando el lugar se consolidó como punto estratégico de paso gracias al puente que cruza el río Pas, del que toma su nombre. El actual puente de piedra, construido en el siglo XVIII sobre uno anterior posiblemente de origen romano, formaba parte del antiguo Camino Real que conectaba la costa con el interior. A lo largo de los siglos, Arce fue también residencia de linajes nobles cántabros, como los Ceballos-Escalante, que levantaron la Torre de Velo —una fortificación medieval que aún se conserva— y varias casas solariegas que atestiguan su pasado señorial. El patrimonio de Arce combina la arquitectura montañesa con un entorno natural excepcional. Destacan sus casonas de piedra con escudos heráldicos, la iglesia de San Juan Bautista, de origen medieval, y el Puente de Arce, que cruza el río Pas y constituye el emblema del pueblo. Con el paso del tiempo la población se ha convertido en un núcleo residencial y de servicios, favorecido por su cercanía a Santander.

A partir de este punto, siempre dentro de un escenario presidido por el color verde, cruzo cinco pequeñas pedanías: Oruña, vinculada al municipio de Piélagos. Mar y Requejada, pedanías de Polanco. Barreda, perteneciente a Torrelavega. Y finalmente, Viveda, minúscula población vinculada a Santillana del Mar, mi destino en el día de hoy.

Amigos, ¿Quién no conoce o ha oído hablar de Santillana del Mar? Sin duda, uno de lo pueblos más bonitos de España. Esta es una villa de alrededor de 4.200 habitantes, con un profundo pasado medieval que se remonta al menos al siglo IX, cuando se fundó un monasterio benedictino en honor a Santa Juliana. El nombre “Santillana” deriva de “Santa Juliana” (Juliana → Illana → Sant-illana), y aunque hay un dicho popular que la califica como “la villa de las tres mentiras” —porque ni es santa, ni llana, ni tiene mar— este apelativo refleja su identidad curiosa.

Durante la Edad Media, su situación en la ruta de peregrinación del Camino del Norte de Santiago y su monasterio/colegiata la convirtieron en centro religioso y de paso, lo que favoreció su crecimiento. En 1889 fue declarada Conjunto Histórico-Artístico. Además, dentro de su término municipal se encuentra la célebre Cueva de Altamira, famosa por sus pinturas rupestres paleolíticas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.

El patrimonio de Santillana del Mar es muy destacable. Algunos de los elementos más significativos son:
  • La Colegiata de Santa Juliana: Un edificio de estilo románico levantado donde antes estuvo el monasterio benedictino. Es una joya arquitectónica y uno de los símbolos de la villa.
  • El casco histórico de la villa: Calles empedradas, palacios señoriales, casas con escudos, balcones de madera, etc., todo perfectamente conservado. Esta unidad histórico-artística le confiere una gran belleza.
  • La Cueva de Altamira: Esta cavidad con pinturas rupestres del Paleolítico se considera un hito universal del arte prehistórico. Eso eleva el valor cultural de todo el entorno.

A lo largo de los 37 kilómetros del recorrido he podido apreciar una sucesión de urbanizaciones y casas unifamiliares, clara evidencia de que el trayecto se desarrolla en una zona residencial que actúa como una prolongación natural de la ciudad de Santander…

Esta noche me hospedo en el alojamiento turístico Gándara, ubicado en una preciosa casa con muchos años de antigüedad. Aquí tengo la oportunidad de compartir la vida por un tiempo con Jorge, dueño del establecimiento, quien se dirige a mi como “Don Jon”. Es lo suyo, cuando hay nivel…😂

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

*******
Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas


sábado, 1 de noviembre de 2025

143 - Somo / Pedreña / Santander


Queridos amigos,


Hoy es uno de noviembre, festividad de Todos los Santos. Mientras camino hacia Santander bajo una lluvia intensa que no concede tregua, acuden a mi memoria personas que ya no están presentes. Al volver la mirada hacia atrás, puedo ver a mis padres; a mi hermano pequeño, Kepa, que falleció muy joven; a quienes fueron mis suegros —personas buenas y honestas—; a mis abuelos… En definitiva, a seres queridos que formaron parte de mi vida y que hoy llevo en el corazón. De jóvenes, en demasiadas ocasiones, no somos conscientes ni sabemos valorar debidamente a nuestros progenitores, su esfuerzo y los sacrificios que hicieron para que pudiéramos tener una vida mejor que la suya. Hoy soy plenamente consciente de su lucha diaria por la supervivencia y el cuidado de su familia. Puedo sentir la vida de mis padres, marcada en demasiadas ocasiones por las penurias y con apenas recompensas de ningún tipo, pero también con dignidad inquebrantable. Siento también su protección, dispensada siempre desde la disciplina y el cariño. Descansen en paz❤️

Con estos pensamientos alcanzo la primera de las poblaciones que visitaré en esta jornada: Somo. Esta es una pequeña localidad costera de algo menos de 1800 habitantes situada frente a Santander, en la margen oriental de la bahía. Tradicionalmente fue un pequeño pueblo marinero y agrícola, cuyos habitantes vivían de la pesca, la recolección de mariscos y los cultivos locales. Su historia se remonta a la Edad Media, cuando formaba parte de las antiguas jurisdicciones rurales cántabras y mantenía estrechos lazos comerciales con la capital. A partir de la segunda mitad del siglo XX, experimentó una transformación profunda con la llegada del turismo. Su extensa playa, de más de dos kilómetros y unida a la de Loredo, se convirtió en uno de los grandes atractivos de la costa cántabra, destacando por su belleza y condiciones óptimas para el surf. El arenal del Puntal, que se adentra en la bahía, es uno de sus paisajes más emblemáticos.

El patrimonio de Somo reside sobre todo en su entorno natural —playas, dunas e isla de Santa Marina— y en las tradicionales casas montañesas que aún conserva. El Centro de Surf de Somo y las numerosas escuelas especializadas han dado fama internacional al pueblo como destino deportivo y turístico. Hoy, la economía local depende principalmente del turismo y los servicios asociados: hostelería, restauración y actividades náuticas. Sin embargo, aún se mantienen algunas prácticas tradicionales, como la pesca artesanal o la pequeña ganadería.

Un esfuerzo añadido de tres kilómetros me sitúan en Pedreña. Esta es pequeña pedanía del municipio de Marina de Cudeyo. Se halla situada en la orilla sur de la bahía de Santander, frente a la capital cántabra. De origen medieval, su historia ha estado siempre ligada al mar: durante siglos sus habitantes vivieron de la pesca, la carpintería de ribera y la recolección de marisco, combinando estas tareas con la agricultura y la ganadería de subsistencia.

El pueblo conserva su encanto tradicional, con casas montañesas de piedra, la iglesia parroquial de San Pedro y un entorno natural privilegiado formado por la ría de Cubas, las marismas del Miera y las vistas hacia la bahía. Estas marismas, protegidas por su valor ecológico, son uno de los paisajes más característicos de la zona. Un punto clave en la historia moderna de Pedreña fue la creación del Real Golf de Pedreña en 1928, uno de los campos más prestigiosos de España, y el nacimiento del reconocido golfista Severiano Ballesteros, que dio fama internacional al pueblo. Hoy, su economía se basa en el turismo, los servicios y las actividades deportivas, especialmente el golf y la náutica, aunque aún subsisten algunas labores pesqueras y ganaderas.

Aquí, en el embarcadero situado frente al magnífico Restaurante Tronky donde he tenido la oportunidad de comer en numerosas ocasiones, tomo un barco que me conducirá a Santander, el final de la jornada. Esta ciudad, capital de Cantabria, con alrededor de 175.000 habitantes, se erige en la costa norte de España como una ciudad en la que confluyen historia, naturaleza y modernidad. Situada a orillas de una de las bahías más bellas del mundo —según numerosos geógrafos y viajeros—, su perfil urbano combina la tradición marinera con una elegante arquitectura y un dinamismo que la ha convertido en un referente del norte peninsular.

Sus orígenes se remontan a tiempos prerromanos, aunque su primera mención relevante aparece en época romana bajo el nombre de Portus Victoriae Iuliobrigensium. Este enclave servía de punto de conexión entre las rutas terrestres de la antigua Cantabria y el mar, y su ubicación estratégica favoreció el intercambio comercial. Tras la caída del Imperio romano, la zona fue objeto de incursiones y repoblaciones sucesivas, especialmente a partir de la Alta Edad Media.

Durante el siglo XI, el monasterio de San Emeterio y San Celedonio —en torno al cual se desarrolló el núcleo urbano— consolidó el carácter religioso y marítimo de la villa. El topónimo “Sant Emeter” acabaría derivando en el actual “Santander”. En el siglo XIII, el rey Alfonso VIII le concedió el fuero, lo que significó el reconocimiento de sus privilegios y la apertura a una etapa de prosperidad ligada al comercio marítimo. El puerto de Santander alcanzó una gran relevancia en los siglos XVI y XVII, sobre todo en la exportación de lana castellana hacia los Países Bajos e Inglaterra. Posteriormente, en el siglo XVIII, se convirtió en el principal punto de embarque de las mercancías de Castilla con destino a América, lo que impulsó el crecimiento urbano y el florecimiento de la burguesía local. En 1755, el monarca Fernando VI le otorgó el título de ciudad, y en 1801 se creó el Consulado del Mar, reforzando su papel comercial. El siglo XIX trajo consigo transformaciones notables: la construcción del muelle de Maliaño, la llegada del ferrocarril y la consolidación del barrio de El Sardinero como destino turístico de moda. Santander se convirtió en un centro de veraneo aristocrático, especialmente a raíz de las estancias estivales de la familia real, que impulsaron la edificación del Palacio de la Magdalena (1908-1912). Sin embargo, el devastador incendio de 1941 marcó un antes y un después. El fuego, avivado por un fuerte viento sur, destruyó el casco antiguo y dejó miles de personas sin hogar. La reconstrucción posterior modernizó la ciudad, abriendo amplias avenidas y reorganizando el tejido urbano, lo que dio lugar al Santander que hoy conocemos.

Su patrimonio refleja tanto su pasado histórico como su vocación marítima y cultural. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo gótico, se alza sobre una antigua iglesia románica; su cripta, la del Cristo, conserva restos medievales de gran valor. El Palacio de la Magdalena, símbolo indiscutible de la ciudad, se levanta en una península rodeada por el mar, con jardines, acantilados y una panorámica única de la bahía. Hoy es sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que atrae cada verano a estudiantes y académicos de todo el mundo. Entre los edificios civiles destacan el Banco Santander, cuya sede monumental en el Paseo de Pereda se ha convertido en un icono urbano, y el Gran Casino del Sardinero, ejemplo del modernismo elegante de principios del siglo XX. Otros espacios culturales de relevancia son el Centro Botín, obra del arquitecto Renzo Piano, que combina arte contemporáneo, cultura y ocio en el corazón del puerto, y el Museo Marítimo del Cantábrico, dedicado a la historia y la biología del mar que ha definido la identidad santanderina. Los parques y playas completan su patrimonio natural: el Parque de Mataleñas, el Parque de las Llamas y las playas de El Sardinero, La Magdalena o Los Peligros son espacios emblemáticos.

Históricamente, la economía de Santander se ha apoyado en tres pilares fundamentales: el puerto, la pesca y el comercio. Su puerto sigue siendo uno de los más activos del Cantábrico, especializado en tráfico de automóviles, contenedores y graneles. También mantiene conexiones regulares con puertos británicos y europeos, lo que refuerza su papel logístico y estratégico. El sector servicios, con especial protagonismo del turismo, ha adquirido una importancia creciente desde mediados del siglo XX. La ciudad ofrece una combinación de playas, patrimonio cultural y oferta gastronómica que atrae tanto al turismo nacional como internacional. La restauración, la hostelería y el comercio son, hoy en día, grandes generadores de empleo.

Además, Santander se ha posicionado como un centro de innovación y conocimiento. La Universidad de Cantabria, junto con centros de investigación y empresas tecnológicas, ha fomentado el desarrollo de sectores vinculados a la ingeniería, las energías renovables y las finanzas. En este último ámbito, el Banco Santander —fundado en la ciudad en 1857— constituye una de las mayores entidades financieras del mundo, con un enorme peso en la economía local y global.

El sector pesquero y las industrias conserveras, aunque han perdido parte de su protagonismo tradicional, siguen formando parte de la identidad económica y cultural de la región. En los últimos años, se han impulsado iniciativas orientadas al turismo sostenible, la economía azul y la digitalización de servicios urbanos, enmarcadas en el proyecto “Smart Santander”, que busca convertir la ciudad en un referente europeo de innovación urbana.

Hoy la lluvia ha sido la protagonista de la jornada...

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

*******
Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas