Queridos amigos,
Hoy me doy un respiro para reincorporarme, poco a poco, al ritmo de la vida. Mis botas de trekking no dan más de sí: las suelas están completamente desgastadas, y eso añade una carga de dolor extra a unos pies ya bastante castigados. Por ello, decido acercarme a un centro comercial con el fin de comprar unas zapatillas nuevas.
Pero antes de continuar mi camino, tras un desayuno compartido y una breve sesión de fotos, me despido de mis anfitrionas: Mamen, de Mallorca, y Claudia, de Francia. Quiero aprovechar este espacio para destacar su simpatía, su dedicación y la amabilidad con la que nos han tratado, tanto a mí como al resto de personas alojadas en el albergue municipal de Zamora. Un lugar espléndido, ubicado en pleno Casco Histórico de la ciudad. ¡Gracias de todo corazón!
Con paso decidido, me dirijo al centro comercial, ubicado en las afueras de la ciudad, decidido a resolver el asunto que me ocupa. A las 10:00 en punto, hora de apertura, accedo al interior. En pocos minutos escojo las zapatillas que necesito y me acerco a un empleado para pagar. Pero entonces… ¡sorpresa!
El establecimiento no cuenta con servicio de cajeros. Es el propio cliente quien debe gestionar el pago a través de una máquina.
—Si nadie me cobra, dejo las zapatillas y me voy— le digo al empleado.
—Le entiendo, pero son las normas de la casa— responde, visiblemente desconcertado.
Reitero mi postura, explicándole que estoy impulsando una propuesta con recogida de firmas para que las máquinas coticen a la Seguridad Social. Al oírme, su rostro cambia; parece no saber cómo reaccionar.
Insisto una vez más:
—Si un empleado no realiza el cobro, dejo el calzado y me voy. Cobrarme yo mismo contradice la propuesta que defiendo. Sería ir contra mi mismo y contra la iniciativa de que las máquinas contribuyan. Además, esto no lo hago por mi, sino por vuestro futuro— añado.
—Lo siento, son políticas de la empresa— zanja él, sin más.
Insisto una vez más:
—Si un empleado no realiza el cobro, dejo el calzado y me voy. Cobrarme yo mismo contradice la propuesta que defiendo. Sería ir contra mi mismo y contra la iniciativa de que las máquinas contribuyan. Además, esto no lo hago por mi, sino por vuestro futuro— añado.
—Lo siento, son políticas de la empresa— zanja él, sin más.
—No, no lo siente. Si lo sintiera, estaría firmando la propuesta, y también sus compañeros— le digo finalmente.
Deposito las zapatillas sobre una repisa y me marcho. Me voy sin el calzado nuevo que necesito, sí, pero con la satisfacción de haber sido fiel a mi propuesta, y, por tanto, a mis convicciones. Nosotros somos responsables de frenar este tipo de imposiciones que, en mi opinión, son una falta de respeto hacia los clientes. El que vende es el responsable de cobrar; NO el que compra que, en ningún caso, debe realizar el trabajo del vendedor.
Hoy visito tres pequeñas poblaciones, aldeas podría decirse, con servicios mínimos y con un número muy bajo de habitantes. La primera de estas localidades: Roales del Pan. Se encuentra en la comarca de Tierra del Pan, una llanura cerealista que da nombre a muchos de los pueblos que la integran. Su historia está íntimamente ligada a la repoblación medieval que tuvo lugar en la cuenca del Duero durante la consolidación del Reino de León. Su nombre ya aparece documentado en la Edad Media, y como muchos pueblos de la Tierra del Pan, ha estado tradicionalmente vinculado a la agricultura cerealista y a la ganadería extensiva. El principal valor patrimonial se halla en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.
La segunda escala la efectúo en Montamarta, localidad situada en un entorno natural cercano al embalse del Esla, también conocido como embalse de Ricobayo. Como otros pueblos del entorno, su origen se remonta a la Edad Media, cuando fue repoblada durante la Reconquista, en el proceso de consolidación del Reino de León en estas tierras.
El principal símbolo patrimonial de Montamarta es la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel, un imponente edificio de origen románico. Del mismo, destaca su espadaña. Uno de los elementos más característicos del municipio es la ermita del Castillo, ubicada en una pequeña isla del embalse, que se convierte en península cuando bajan las aguas. Esta ermita, antigua fortaleza cristiana, es un lugar de gran devoción y centro de las celebraciones en honor a la Virgen del Castillo.
El entorno natural del embalse de Ricobayo y los paisajes de dehesa y monte bajo también forman parte del patrimonio, atrayendo a senderistas, ciclistas y amantes de la pesca y la naturaleza.
Cierro los ojos y la jornada en una pequeña aldea de 20 habitantes, de nombre Fontanillas de Castro, núcleo perteneciente al municipio de San Cebrián de Castro, en la comarca de Tierra del Pan. Este asentamiento tiene orígenes antiguos, vinculado a la desaparecida ciudad fortificada de Castrotorafe, situada junto al embalse del Esla y documentada desde al menos el siglo XII . Castrotorafe, también llamada “Zamora la Vieja”, llegó a ser una plaza estratégica en tiempos medievales —incluso residencia de infantas y enclave de la Orden de Santiago—, aunque entró en declive tras la ruina de su puente en el siglo XVI y los estragos durante la Guerra de la Independencia.
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
Deposito las zapatillas sobre una repisa y me marcho. Me voy sin el calzado nuevo que necesito, sí, pero con la satisfacción de haber sido fiel a mi propuesta, y, por tanto, a mis convicciones. Nosotros somos responsables de frenar este tipo de imposiciones que, en mi opinión, son una falta de respeto hacia los clientes. El que vende es el responsable de cobrar; NO el que compra que, en ningún caso, debe realizar el trabajo del vendedor.
Hoy visito tres pequeñas poblaciones, aldeas podría decirse, con servicios mínimos y con un número muy bajo de habitantes. La primera de estas localidades: Roales del Pan. Se encuentra en la comarca de Tierra del Pan, una llanura cerealista que da nombre a muchos de los pueblos que la integran. Su historia está íntimamente ligada a la repoblación medieval que tuvo lugar en la cuenca del Duero durante la consolidación del Reino de León. Su nombre ya aparece documentado en la Edad Media, y como muchos pueblos de la Tierra del Pan, ha estado tradicionalmente vinculado a la agricultura cerealista y a la ganadería extensiva. El principal valor patrimonial se halla en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.
La segunda escala la efectúo en Montamarta, localidad situada en un entorno natural cercano al embalse del Esla, también conocido como embalse de Ricobayo. Como otros pueblos del entorno, su origen se remonta a la Edad Media, cuando fue repoblada durante la Reconquista, en el proceso de consolidación del Reino de León en estas tierras.
El principal símbolo patrimonial de Montamarta es la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel, un imponente edificio de origen románico. Del mismo, destaca su espadaña. Uno de los elementos más característicos del municipio es la ermita del Castillo, ubicada en una pequeña isla del embalse, que se convierte en península cuando bajan las aguas. Esta ermita, antigua fortaleza cristiana, es un lugar de gran devoción y centro de las celebraciones en honor a la Virgen del Castillo.
El entorno natural del embalse de Ricobayo y los paisajes de dehesa y monte bajo también forman parte del patrimonio, atrayendo a senderistas, ciclistas y amantes de la pesca y la naturaleza.
Cierro los ojos y la jornada en una pequeña aldea de 20 habitantes, de nombre Fontanillas de Castro, núcleo perteneciente al municipio de San Cebrián de Castro, en la comarca de Tierra del Pan. Este asentamiento tiene orígenes antiguos, vinculado a la desaparecida ciudad fortificada de Castrotorafe, situada junto al embalse del Esla y documentada desde al menos el siglo XII . Castrotorafe, también llamada “Zamora la Vieja”, llegó a ser una plaza estratégica en tiempos medievales —incluso residencia de infantas y enclave de la Orden de Santiago—, aunque entró en declive tras la ruina de su puente en el siglo XVI y los estragos durante la Guerra de la Independencia.
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
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Versión Web con los enlaces a la plataforma CHANGE.ORG de firmas

Enhorabuena Jon, 💪🏻💪🏻💪🏻 reivindico tu Accion de dejar sin comprar el calzado, iría en contra de lo que defiendes y por lo que estás luchando. Espero que ello no provoque que tus pies queden desprotegidos hasta el punto de tener que abandonar tu aventura sin terminar 😅.
ResponderEliminarEs increíble hasta que punto nos manipulan 🤦🏼♀️. Un abrazo 🤗
Muchas gracias mi anónimo amigo/a !!
EliminarResulta sangrante cómo nos están convirtiendo -en gran medida lo han hecho- en empleados sin salario en todo tipo de empresas; e incluso, en los servicios de las diferentes administraciones públicas.
Asumimos como corderos todo tipo de imposiciones. En nuestra mano está el decir: NO
Un fuerte abrazo🤗😘
Querido Jon,
ResponderEliminarLeer tu experiencia en el centro comercial me dejó asombrado por tu coherencia y tu determinación. Tu decisión de dejar los zapatos con tal de no traicionar tus convicciones es un ejemplo potente de cómo 'Uno es más que cero' puede traducirse en acción concreta y coherente.
Admito que, personalmente, a menudo la practicidad de una caja automática se impone sobre cualquier otra consideración, pero tu reflexión me obligó a ver la situación desde otro ángulo. Has planteado un debate importantísimo: ¿hasta qué punto la automatización es un progreso y cuándo, en cambio, se convierte en una 'imposición' que reduce el valor del trabajo humano y la dignidad del cliente?
Tu rechazo no es solo una queja, sino un acto de resistencia que espero haga reflexionar a muchos. ¡Felicidades por tu fidelidad a tus ideales, incluso frente a una necesidad física! Esto hace que tu marcha y tu propuesta sean aún más creíbles.
*Quiero añadir que para el español (y no solo) uso la red. 😉☺️
Muchas gracias por tu comentario, mi querido amigo Carlo !!
EliminarHe preparado unas plantillas caseras para paliar la situación hasta que pueda comprar calzado nuevo, y pagar de forma tradicional😊
Con frecuencia digo a mis interlocutores, especialmente a mis hijos: “Tu haz, lo que tengas que hacer, aunque sea solo”. Eso se llama integridad, algo que no tiene precio. Debemos ser consecuentes con nuestro pensamiento, pero no intransigentes ni dogmáticos.
Un abrazote🤗🤗