CAPTACIÓN DE FIRMAS PARA LA REGENERACIÓN POLÍTICA EN ESPAÑA: 1. Abolición del actual Régimen de Aforamientos.... 2.Fijar la edad penal en 16 años.... 3.Eliminación prescripción de los delitos graves.... 4.Mejora Sistema de Pensiones.... 5.Modificación Sistema de Ayudas Sociales.... 6.Modificación Sistema Electoral.... 7.Eliminación asignaciones económicas a las Centrales Sindicales.

domingo, 30 de noviembre de 2025

146 - Cádiz


Queridos amigos,

Desde que abandoné el camino por la regeneración política en San Vicente de la Barquera (Cantabria), he pasado un tiempo recuperándome de Covid, una enfermedad que sospecho contraje en un albergue de Santillana del Mar, donde compartí alojamiento con dos personas. Una de ellas estaba enferma y tosiendo durante toda la noche.

A partir de mañana —lunes— pretendo abordar un tramo de unos 200 kilómetros entre las ciudades de Cádiz y Sevilla, una ruta conocida como la Vía Augusta. Después realizaré un paréntesis de tres/cuatro meses para "poner orden" en todo lo aprendido/vivido a lo largo de los 4.000 kilómetros realizados caminando por España.

Hoy os presento aquí, el punto de inicio de esa travesía: Cádiz "La Tacita de Plata". Esta ciudad se halla situada en el extremo suroccidental de la península ibérica. Abrazada prácticamente en su totalidad por el océano Atlántico, cuenta en la actualidad con algo más de 110.000 habitantes. Esta considerada la ciudad más antigua de Occidente habitada de manera ininterrumpida. Cádiz posee más de tres mil años de historia, una cronología única que ha dejado una huella profunda en su fisonomía, su cultura y su identidad. Su origen se remonta en torno al 1100 a. C., cuando los fenicios fundaron Gadir, una isla fortificada concebida como centro estratégico para el comercio de metales y productos procedentes del interior peninsular. Con el paso de los siglos, la ciudad pasaría a manos cartaginesas y más tarde romanas, adoptando el nombre de Gades y convirtiéndose en una urbe próspera, rica en actividad comercial y plenamente integrada en la dinámica del Imperio. La etapa visigoda y posteriormente la musulmana dejaron también su impronta, hasta la conquista cristiana en el siglo XIII, momento en el que Cádiz comenzó a perfilarse como un puerto clave en las rutas atlánticas.

El periodo de mayor esplendor llegaría durante la Edad Moderna, especialmente desde el siglo XVII. Tras el descubrimiento de América, Cádiz fue desplazando progresivamente a Sevilla como centro del comercio ultramarino hasta convertirse en la puerta de entrada y salida del tráfico con el Nuevo Mundo. La instalación de la Casa de Contratación en 1717 consolidó definitivamente su protagonismo económico. A través de sus muelles circulaban plata, productos exóticos, artesanía, textiles y un sinfín de mercancías procedentes de todo el ámbito colonial. Esta intensa actividad atrajo a comerciantes extranjeros, intelectuales y marinos que alimentaron un ambiente cosmopolita poco habitual en la España de la época. Cádiz se transformó en una ciudad abierta al mundo, culta y bulliciosa, cuya vitalidad se reflejó en la construcción de palacios, torres-mirador —erigidas para vigilar la llegada de barcos— y en una vida social estrechamente vinculada al mar.

El patrimonio arquitectónico y cultural de Cádiz es un reflejo vivo de esa larga y compleja trayectoria histórica. La Catedral Nueva, iniciada en 1722 y concluida en el siglo XIX, exhibe una mezcla de estilos y una inconfundible cúpula dorada que destaca en el perfil de la ciudad. A pocos pasos de ella se encuentra la Catedral Vieja, testimonio de épocas anteriores, y el Teatro Romano, uno de los mayores de la Hispania romana, descubierto en 1980 bajo el barrio del Pópulo. El Gran Teatro Falla, con su inconfundible fachada de ladrillo visto y estilo neomudéjar, constituye hoy un símbolo cultural incontestable. Allí se celebra el Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz, cuya creatividad y sentido del humor proyectan la identidad gaditana a todo el país. Las murallas y baluartes que rodean la ciudad, especialmente la Puerta de Tierra, el Castillo de Santa Catalina y el Castillo de San Sebastián, completan un paisaje urbano en el que el pasado militar y marinero convive con la vida cotidiana contemporánea. A ello se suman barrios emblemáticos como La Viña, el Mentidero o el Pópulo, donde las calles estrechas, las plazas luminosas y el aroma del mar crean una atmósfera singularmente gaditana.

Cádiz ha tenido desde siempre una estrecha relación con el mar. El comercio marítimo, la pesca, los astilleros y la actividad portuaria constituyen sus pilares económicos tradicionales. A lo largo del siglo XX y XXI, estos sectores se han complementado con un peso creciente de los servicios, la administración pública, la educación superior —con la Universidad de Cádiz como actor fundamental en investigación y desarrollo— y, de forma muy destacada, el turismo. Las playas urbanas, como La Caleta, vinculada a escenas míticas del cine y al imaginario gaditano, o la extensa Playa de la Victoria, junto con un clima templado y un patrimonio cultural rico y diverso, conforman una oferta turística sólida que nutre buena parte de la economía local. La Bahía de Cádiz, por su parte, mantiene una notable actividad industrial y logística, especialmente en sectores como los astilleros y el transporte de mercancías.

Quiero mencionar alguna de las muchas anécdotas curiosas que definen el carácter del pueblo gaditano. Una de las más célebres tiene lugar durante la Guerra de la Independencia. En 1810, cuando gran parte del territorio español había sucumbido a la ocupación napoleónica, Cádiz resistió heroicamente un largo asedio. Su posición geográfica, casi insular, y su fortificación natural permitían la llegada de suministros por mar, lo que la convirtió en el último bastión de la resistencia española. Se dice que, mientras los franceses bombardeaban la ciudad desde el cercano fuerte de Matagorda, los gaditanos respondían con ingenio y sátira, lanzando versos burlescos y mensajes irónicos que ridiculizaban al enemigo. Esta actitud desafiante y humorística se convirtió en un sello del carácter local. En ese clima de resistencia, dinamismo intelectual y apertura al mundo se reunieron las Cortes de Cádiz, que dieron lugar a la Constitución de 1812, conocida como La Pepa, un hito fundamental en la historia del constitucionalismo español y europeo, y un símbolo del espíritu liberal y modernizador de 
la época.

Quiero d
ejar constancia en este post de mi opinión sobre la convocatoria realizada hoy (30 de noviembre) en Madrid por Alberto Núñez Feijóo (PP) en contra del Gobierno de España. Un acto que titularé "Quítate tú para ponerme yo". Es lamentable que, a día de hoy, ninguno de los partidos políticos contemple entre sus propuestas una verdadera regeneración política en este país, donde la democracia está ausente, o al menos, parece no tener cabida. Vivimos bajo una partitocracia en la que los ciudadanos somos meros espectadores y, además, víctimas de normativas y leyes que, en muchos casos, son perversas e injustas.

El sistema político actual es corrupto desde sus cimientos, por lo que es urgente llevar a cabo una regeneración política profunda; en otras palabras, abrir un proceso constituyente con el objetivo de redactar una nueva Constitución que acabe con la corrupción, mejore la eficiencia y el control de los servicios públicos, y ponga fin a este "gallinero" en que se ha convertido la política. Esta nueva Constitución debe abordar, entre otras, las siguientes cuestiones:
  • Elecciones con listas abiertas en los diferentes ámbitos de la Administración del Estado. Las personas con condenas firmes no podrán votar hasta cumplir con su condena. Además, para ser candidato electoral, será requisito indispensable tener al menos 30 años.
  • Abolición de los aforamientos en todos los niveles.
  • Garantizar una separación clara de poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial).
  • Fortalecer la independencia del sistema judicial, dotándola de los recursos humanos y económicos necesarios para su correcto funcionamiento. Además, implementar jurados mixtos, 50% jueces, 50% ciudadanos elegidos por sorteo.
  • Abolición de la prescripción de delitos, sin excepción.
  • Reducir la edad penal a los 16 años.
  • Proteger la propiedad privada de manera firme.
  • Responsabilidad subsidiaria de los partidos políticos por los delitos cometidos por sus afiliados o representantes.
  • La cuestiones de gran repercusión social deben someterse a referéndum, como por ejemplo la nacionalización masiva de extranjeros.
  • Compensar las ayudas sociales con trabajos comunitarios. Todas las ayudas del Estado estarán centralizadas en un registro único, que será cruzado con los de otros países de la Unión Europea. Aquellos que cometan fraude en la recepción de ayudas quedarán excluidos permanentemente del sistema; y si son extranjeros, serán deportados a su país de origen.
  • Prohibir que los sindicatos reciban ayudas económicas del Estado bajo ningún concepto, y someterlos a la fiscalización de Hacienda.
No es aceptable convocar una manifestación sin presentar una propuesta seria de cambio, que contemple puntos tan cruciales como los que he mencionado. Desde la Constitución de 1978, hemos sido testigos de un sinfín de abusos, corruptelas, privilegios y atropellos a los derechos de los ciudadanos por parte de los diversos gobiernos que hemos tenido. El pueblo ha permanecido al margen, más allá de aplaudir sin entender.

Podría hablar de los medios de comunicación, cómplices en muchos casos de esta “democracia de pesebre” que tenemos, y de la Unión Europea, principal responsable de los grandes daños que sufre el medio rural en España. En gran medida, han destruido el futuro de los agricultores y ganaderos, imponiendo normativas injustas y una burocracia absurda, creada en muchas ocasiones desde la arrogancia de quienes no distinguen un buitre de una gallina. Más grave aún, han logrado acabar con la sabiduría y el conocimiento de nuestros agricultores y ganaderos. Hoy en día, los jóvenes tienen un conocimiento mínimo o nulo sobre el medio rural. Con frecuencia afirmo que las ciudades ejercen una dictadura despiadada sobre el medio rural, y así nos va…

Estando en Cádiz, sustento esta propuesta de regeneración política en la historia, en las Cortes de Cádiz de 1812, buscando lo
grar un cambio político que represente todo un símbolo, una raya en el agua que sirva de guía para las futuras generaciones.

Quienes me conocen s
aben que llevo a Andalucía en el corazón. A lo largo de mi vida he realizado incontables viajes por esta Comunidad y he tenido la oportunidad de conocer gran parte de sus ocho provincias. Ahora abro una ventana en el tiempo para recorrer a pie Cádiz y Sevilla, una experiencia que, sin duda, me reportará momentos inolvidables.

Acompañaré la caminata con unos buenos vinos: Finos, manzanilla, amontillado..., o palo cortado.

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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martes, 4 de noviembre de 2025

145 - Arroyo / Oreña / Caborredondo / Cigüenza / Cóbreces / Trasierra / La Iglesia / Pando / Comillas / La Revilla / San Vicente de la Barquera


Queridos amigos,

He dormido en la misma estancia con dos “ilustres” ciudadanos de centro Europa. Ayer noche tuvimos nuestro primer conato de amistad. Nada comparado con lo sucedido hoy por la mañana. Ha sido necesaria más de una hora interminable con ruidos de todo tipo, hasta conseguir que sus eminencias lograran embalar su equipaje y salir de la habitación. Yo comprendo las enormes dificultades que tienen muchos de ellos para introducir sus enseres en las bolsas de plástico, para abrir/cerrar las puertas, o las cremalleras de sus mochilas. De verdad que lo entiendo… Puedo asegurar que se han realizado mudanzas con menos ajetreo y más educación.

Con la temperatura corporal en su punto más alto, inicio el camino hacia Comillas, primer gran hito de la jornada, situada a unos veintitrés kilómetros de distancia. La ruta discurre entre verdes valles, prados infinitos y pequeñas aldeas que salpican el paisaje como si el tiempo se hubiese detenido en ellas. A lo largo del trayecto atravesaré, en este orden, ocho pequeñas pedanías que guardan el alma rural de Cantabria.
  • Arroyo, vinculada a Santillana del Mar.
  • Oreña, parte de Alfoz de Lloredo, localidad situada en un entorno bellísimo, donde se pueden admirar numerosas casas de piedra diseminadas por el valle.
  • Caborredondo, perteneciente al municipio de Calbarros.
  • Cigüenza, minúscula localidad vinculada a Alfoz de Lloredo, con la Iglesia de San Martín de Tours y la Casa de Allende como monumentos de gran relevancia.
  • Cóbreces, perteneciente al municipio de Alfoz de Lloredo.
  • Trasierra, parte del municipio de Ruiloba.
  • La Iglesia, igualmente perteneciente a Ruiloba.
  • Y finalmente, Pando, también pedanía de Ruiloba.
Cinco horas de caminata ininterrumpida, sin servicios de ningún tipo en estas localidades, me sitúan finalmente en Comillas, una villa costera con poco más de dos mil habitantes situada en parte occidental de Cantabria. Este pequeño municipio se alza entre verdes colinas y acantilados que miran al Cantábrico, guardando en su interior un legado cultural y artístico que la distingue como uno de los lugares más hermosos y singulares del norte de España.

Sus orígenes se remontan a la Edad Media, cuando era un pequeño puerto pesquero y agrícola. Durante siglos, la vida de sus habitantes giró en torno al mar, la tierra y las estaciones. Sin embargo, el verdadero esplendor de Comillas llegó en el siglo XIX, cuando los llamados “indianos” —emigrantes que hicieron fortuna en América— regresaron a su tierra natal y transformaron por completo su fisonomía. Entre ellos destacó Antonio López y López, el primer marqués de Comillas, quien impulsó la construcción de palacetes, capillas y obras modernistas que hoy conforman la esencia artística del pueblo. Gracias a su mecenazgo, la villa se convirtió en un centro de arquitectura y cultura de primer nivel, atrayendo a artistas y arquitectos de renombre, entre ellos Antoni Gaudí.

El patrimonio de Comillas es extraordinario para un lugar de su tamaño. En la parte alta se alza el Palacio de Sobrellano, una joya neogótica rodeada de jardines, junto a la Capilla-Panteón del marqués, obra maestra del arquitecto Joan Martorell. Muy cerca, la monumental Universidad Pontificia de Comillas domina el paisaje con su mezcla de estilos gótico, mudéjar y modernista, símbolo del esplendor intelectual de la villa en tiempos pasados. Pero si hay un edificio que resume la singularidad de Comillas, ese es El Capricho de Gaudí, una casa llena de fantasía, color y formas inspiradas en la naturaleza, construida entre 1883 y 1885, y una de las pocas obras del genial arquitecto catalán fuera de Cataluña. El casco antiguo conserva el encanto de las villas marineras del norte: calles empedradas, casas con balcones de madera y miradores floridos que descienden hacia el puerto. Todo el conjunto urbano está declarado Bien de Interés Cultural, lo que asegura la preservación de su valor histórico y estético.

Lógicamente, la economía de Comillas ha cambiado con el tiempo, adaptándose a las nuevas realidades. En sus orígenes, la pesca, la ganadería y la agricultura eran el motor de la vida cotidiana. Hoy, sin abandonar del todo esas raíces, el turismo se ha convertido en su principal fuente de riqueza. Miles de visitantes llegan cada año atraídos por su patrimonio artístico, su entorno natural y su atmósfera tranquila. La hostelería, el comercio local y los servicios turísticos son las actividades predominantes, sostenidas por una población que, sin perder su identidad, ha sabido abrirse al mundo.

En Comillas —muy probablemente — sus afortunados residentes escuchen el eco de los indianos que soñaron con embellecer su tierra; en su puerto, la memoria viva de los pescadores que la sostuvieron durante siglos; y en sus edificios modernistas, la huella de un pasado que aún deslumbra. Pequeña en tamaño, pero inmensa en belleza y legado, esta ciudad bien puede representar el alma de Cantabria: discreta, elegante y profundamente unida a su paisaje.

Otras cuatro horas de esfuerzo me llevan finalmente a San Vicente de la Barquera, pasando previamente por La Revilla, una de sus pedanías más próximas. San Vicente de la Barquera es una villa situada en la costa, a unos doce kilómetros de Comillas. Con cerca de cuatro mil habitantes, este pequeño municipio conserva el encanto de los pueblos del norte, donde la vida aún transcurre al ritmo de las mareas. Sus orígenes se remontan a tiempos muy antiguos, pues en su entorno se han encontrado restos que datan de la Edad del Bronce. Durante la época romana ya era un puerto conocido, identificado como Portus Vereasueca, y más tarde, en la Edad Media, alcanzó su mayor esplendor. La villa recibió fueros y privilegios que impulsaron su desarrollo como punto estratégico de comercio y de paso en el Camino de Santiago del Norte. Durante siglos, el mar fue su sustento y su horizonte: desde su puerto salían los barcos pesqueros y mercantes.

El patrimonio de San Vicente de la Barquera es testimonio vivo de ese pasado espléndido. La imponente Iglesia de Santa María de los Ángeles, construida en estilo gótico, se alza sobre la villa como símbolo de su historia y de su fe. A sus pies se extiende la Puebla Vieja, un conjunto de calles empedradas, murallas y casonas que conservan el trazado medieval. El Castillo del Rey, en lo alto del promontorio, guarda todavía la memoria de los siglos en que la villa fue fortaleza y refugio frente a los ataques del mar y de los hombres. La Torre del Preboste y las antiguas puertas de la muralla completan este conjunto monumental, declarado Bien de Interés Cultural.

Pero más allá de su patrimonio histórico, San Vicente vive también de su paisaje. La ría que la abraza, los verdes prados que la rodean y las playas que se abren al Cantábrico forman parte del Parque Natural de Oyambre, un espacio protegido donde la naturaleza y la vida humana conviven en equilibrio. Es en este entorno donde se asienta la principal fuente de riqueza actual de la villa: el turismo. Cada año, miles de visitantes llegan atraídos por su belleza y gastronomía marinera. La pesca sigue siendo un pilar importante, con un puerto que mantiene viva la tradición de generaciones de marineros. Junto a ella, el turismo y los servicios se han convertido en la base de la economía local. Hostales, restaurantes y pequeñas empresas familiares trabajan para ofrecer una experiencia auténtica, respetuosa con la identidad del lugar. En los últimos años, además, se han impulsado proyectos de sostenibilidad y de economía azul, que buscan proteger el medio marino y diversificar los recursos de la comunidad.

Durante buena parte del día he realizado decenas de llamadas telefónicas con la esperanza de encontrar alojamiento para esta noche y para los próximos días, pero sin éxito. En toda esta franja norte, los albergues, hostales y alojamientos turísticos permanecen cerrados desde finales de octubre, la mayoría hasta los primeros días de marzo. Únicamente es posible hospedarse en hoteles, cuyos precios resultan, en estas fechas, demasiado elevados. Esta situación me obliga a detener mi camino en San Vicente de la Barquera, al menos hasta que la normalidad se restablezca. Me entristece hacerlo, pero comprendo que la hostelería también necesita su merecido tiempo de descanso. Aun así, seguiré buscando nuevas rutas y oportunidades para continuar próximamente con mi proyecto de regeneración política.

Quiero dar las gracias de corazón a todas las personas que han seguido mis pasos durante todos estos meses. Su apoyo e interés han sido, y seguirán siendo, un impulso constante en este camino.

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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lunes, 3 de noviembre de 2025

144 - Peñacastillo / Santa Cruz de Bezana / Arce / Oruña / Mar / Requejada / Barreda / Viveda / Santillana del Mar


Queridos amigos,

Tras una jornada de descanso para asistir a un evento familiar, retomo el camino de la regeneración política. Hoy afronto el tramo entre Santander y Santillana del Mar, en el que recorreré siete pedanías de diverso tamaño y dos municipios.

Comienzo la ruta en la primera de estas poblaciones: Peñacastillo, pedanía de Santander con unos 20.000 habitantes y un elevado nivel de vida. Su topónimo hace referencia a un peñasco donde se alzaba un antiguo castillo o fortificación. Conserva un interesante patrimonio material, con restos arqueológicos, vestigios romanos y huellas de la Guerra Civil Española. También destacan construcciones que evocan su pasado obrero e industrial —como la antigua acería de Nueva Montaña—, parte esencial de la memoria colectiva de la zona. Su economía combina la actividad industrial, concentrada en varios polígonos, con un sector servicios en constante desarrollo. Hoy es una de las áreas más pobladas y dinámicas del entorno de la capital cántabra.

Adosada a esta pedanía se encuentra el municipio de Santa Cruz de Bezana. Su historia está ligada al desarrollo agrícola, ganadero y marítimo de la zona, así como al auge del comercio de Santander en los siglos XVI al XVIII, que favoreció la construcción de casonas solariegas y molinos. Entre su patrimonio destacan la Iglesia de Santa Cruz, la Iglesia de San Pedro de Azoños, varias casonas montañesas y el Molino del Ronzón, además de un entorno natural privilegiado con playas como San Juan de la Canal o Covachos, integradas en el Geoparque de la Costa Quebrada. Hoy, es uno de los municipios con mayor renta media de Cantabria. Su economía se centra en el sector servicios y el turismo de costa.

Unas horas de viaje me sitúan en Arce, también conocida como Puente Arce, una población ubicada en el valle del río Pas y perteneciente al municipio de Piélagos. Cuenta con una población aproximada de 2.900 habitantes. Su historia se remonta a la Edad Media, cuando el lugar se consolidó como punto estratégico de paso gracias al puente que cruza el río Pas, del que toma su nombre. El actual puente de piedra, construido en el siglo XVIII sobre uno anterior posiblemente de origen romano, formaba parte del antiguo Camino Real que conectaba la costa con el interior. A lo largo de los siglos, Arce fue también residencia de linajes nobles cántabros, como los Ceballos-Escalante, que levantaron la Torre de Velo —una fortificación medieval que aún se conserva— y varias casas solariegas que atestiguan su pasado señorial. El patrimonio de Arce combina la arquitectura montañesa con un entorno natural excepcional. Destacan sus casonas de piedra con escudos heráldicos, la iglesia de San Juan Bautista, de origen medieval, y el Puente de Arce, que cruza el río Pas y constituye el emblema del pueblo. Con el paso del tiempo la población se ha convertido en un núcleo residencial y de servicios, favorecido por su cercanía a Santander.

A partir de este punto, siempre dentro de un escenario presidido por el color verde, cruzo cinco pequeñas pedanías: Oruña, vinculada al municipio de Piélagos. Mar y Requejada, pedanías de Polanco. Barreda, perteneciente a Torrelavega. Y finalmente, Viveda, minúscula población vinculada a Santillana del Mar, mi destino en el día de hoy.

Amigos, ¿Quién no conoce o ha oído hablar de Santillana del Mar? Sin duda, uno de lo pueblos más bonitos de España. Esta es una villa de alrededor de 4.200 habitantes, con un profundo pasado medieval que se remonta al menos al siglo IX, cuando se fundó un monasterio benedictino en honor a Santa Juliana. El nombre “Santillana” deriva de “Santa Juliana” (Juliana → Illana → Sant-illana), y aunque hay un dicho popular que la califica como “la villa de las tres mentiras” —porque ni es santa, ni llana, ni tiene mar— este apelativo refleja su identidad curiosa.

Durante la Edad Media, su situación en la ruta de peregrinación del Camino del Norte de Santiago y su monasterio/colegiata la convirtieron en centro religioso y de paso, lo que favoreció su crecimiento. En 1889 fue declarada Conjunto Histórico-Artístico. Además, dentro de su término municipal se encuentra la célebre Cueva de Altamira, famosa por sus pinturas rupestres paleolíticas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.

El patrimonio de Santillana del Mar es muy destacable. Algunos de los elementos más significativos son:
  • La Colegiata de Santa Juliana: Un edificio de estilo románico levantado donde antes estuvo el monasterio benedictino. Es una joya arquitectónica y uno de los símbolos de la villa.
  • El casco histórico de la villa: Calles empedradas, palacios señoriales, casas con escudos, balcones de madera, etc., todo perfectamente conservado. Esta unidad histórico-artística le confiere una gran belleza.
  • La Cueva de Altamira: Esta cavidad con pinturas rupestres del Paleolítico se considera un hito universal del arte prehistórico. Eso eleva el valor cultural de todo el entorno.

A lo largo de los 37 kilómetros del recorrido he podido apreciar una sucesión de urbanizaciones y casas unifamiliares, clara evidencia de que el trayecto se desarrolla en una zona residencial que actúa como una prolongación natural de la ciudad de Santander…

Esta noche me hospedo en el alojamiento turístico Gándara, ubicado en una preciosa casa con muchos años de antigüedad. Aquí tengo la oportunidad de compartir la vida por un tiempo con Jorge, dueño del establecimiento, quien se dirige a mi como “Don Jon”. Es lo suyo, cuando hay nivel…😂

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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sábado, 1 de noviembre de 2025

143 - Somo / Pedreña / Santander


Queridos amigos,


Hoy es uno de noviembre, festividad de Todos los Santos. Mientras camino hacia Santander bajo una lluvia intensa que no concede tregua, acuden a mi memoria personas que ya no están presentes. Al volver la mirada hacia atrás, puedo ver a mis padres; a mi hermano pequeño, Kepa, que falleció muy joven; a quienes fueron mis suegros —personas buenas y honestas—; a mis abuelos… En definitiva, a seres queridos que formaron parte de mi vida y que hoy llevo en el corazón. De jóvenes, en demasiadas ocasiones, no somos conscientes ni sabemos valorar debidamente a nuestros progenitores, su esfuerzo y los sacrificios que hicieron para que pudiéramos tener una vida mejor que la suya. Hoy soy plenamente consciente de su lucha diaria por la supervivencia y el cuidado de su familia. Puedo sentir la vida de mis padres, marcada en demasiadas ocasiones por las penurias y con apenas recompensas de ningún tipo, pero también con dignidad inquebrantable. Siento también su protección, dispensada siempre desde la disciplina y el cariño. Descansen en paz❤️

Con estos pensamientos alcanzo la primera de las poblaciones que visitaré en esta jornada: Somo. Esta es una pequeña localidad costera de algo menos de 1800 habitantes situada frente a Santander, en la margen oriental de la bahía. Tradicionalmente fue un pequeño pueblo marinero y agrícola, cuyos habitantes vivían de la pesca, la recolección de mariscos y los cultivos locales. Su historia se remonta a la Edad Media, cuando formaba parte de las antiguas jurisdicciones rurales cántabras y mantenía estrechos lazos comerciales con la capital. A partir de la segunda mitad del siglo XX, experimentó una transformación profunda con la llegada del turismo. Su extensa playa, de más de dos kilómetros y unida a la de Loredo, se convirtió en uno de los grandes atractivos de la costa cántabra, destacando por su belleza y condiciones óptimas para el surf. El arenal del Puntal, que se adentra en la bahía, es uno de sus paisajes más emblemáticos.

El patrimonio de Somo reside sobre todo en su entorno natural —playas, dunas e isla de Santa Marina— y en las tradicionales casas montañesas que aún conserva. El Centro de Surf de Somo y las numerosas escuelas especializadas han dado fama internacional al pueblo como destino deportivo y turístico. Hoy, la economía local depende principalmente del turismo y los servicios asociados: hostelería, restauración y actividades náuticas. Sin embargo, aún se mantienen algunas prácticas tradicionales, como la pesca artesanal o la pequeña ganadería.

Un esfuerzo añadido de tres kilómetros me sitúan en Pedreña. Esta es pequeña pedanía del municipio de Marina de Cudeyo. Se halla situada en la orilla sur de la bahía de Santander, frente a la capital cántabra. De origen medieval, su historia ha estado siempre ligada al mar: durante siglos sus habitantes vivieron de la pesca, la carpintería de ribera y la recolección de marisco, combinando estas tareas con la agricultura y la ganadería de subsistencia.

El pueblo conserva su encanto tradicional, con casas montañesas de piedra, la iglesia parroquial de San Pedro y un entorno natural privilegiado formado por la ría de Cubas, las marismas del Miera y las vistas hacia la bahía. Estas marismas, protegidas por su valor ecológico, son uno de los paisajes más característicos de la zona. Un punto clave en la historia moderna de Pedreña fue la creación del Real Golf de Pedreña en 1928, uno de los campos más prestigiosos de España, y el nacimiento del reconocido golfista Severiano Ballesteros, que dio fama internacional al pueblo. Hoy, su economía se basa en el turismo, los servicios y las actividades deportivas, especialmente el golf y la náutica, aunque aún subsisten algunas labores pesqueras y ganaderas.

Aquí, en el embarcadero situado frente al magnífico Restaurante Tronky donde he tenido la oportunidad de comer en numerosas ocasiones, tomo un barco que me conducirá a Santander, el final de la jornada. Esta ciudad, capital de Cantabria, con alrededor de 175.000 habitantes, se erige en la costa norte de España como una ciudad en la que confluyen historia, naturaleza y modernidad. Situada a orillas de una de las bahías más bellas del mundo —según numerosos geógrafos y viajeros—, su perfil urbano combina la tradición marinera con una elegante arquitectura y un dinamismo que la ha convertido en un referente del norte peninsular.

Sus orígenes se remontan a tiempos prerromanos, aunque su primera mención relevante aparece en época romana bajo el nombre de Portus Victoriae Iuliobrigensium. Este enclave servía de punto de conexión entre las rutas terrestres de la antigua Cantabria y el mar, y su ubicación estratégica favoreció el intercambio comercial. Tras la caída del Imperio romano, la zona fue objeto de incursiones y repoblaciones sucesivas, especialmente a partir de la Alta Edad Media.

Durante el siglo XI, el monasterio de San Emeterio y San Celedonio —en torno al cual se desarrolló el núcleo urbano— consolidó el carácter religioso y marítimo de la villa. El topónimo “Sant Emeter” acabaría derivando en el actual “Santander”. En el siglo XIII, el rey Alfonso VIII le concedió el fuero, lo que significó el reconocimiento de sus privilegios y la apertura a una etapa de prosperidad ligada al comercio marítimo. El puerto de Santander alcanzó una gran relevancia en los siglos XVI y XVII, sobre todo en la exportación de lana castellana hacia los Países Bajos e Inglaterra. Posteriormente, en el siglo XVIII, se convirtió en el principal punto de embarque de las mercancías de Castilla con destino a América, lo que impulsó el crecimiento urbano y el florecimiento de la burguesía local. En 1755, el monarca Fernando VI le otorgó el título de ciudad, y en 1801 se creó el Consulado del Mar, reforzando su papel comercial. El siglo XIX trajo consigo transformaciones notables: la construcción del muelle de Maliaño, la llegada del ferrocarril y la consolidación del barrio de El Sardinero como destino turístico de moda. Santander se convirtió en un centro de veraneo aristocrático, especialmente a raíz de las estancias estivales de la familia real, que impulsaron la edificación del Palacio de la Magdalena (1908-1912). Sin embargo, el devastador incendio de 1941 marcó un antes y un después. El fuego, avivado por un fuerte viento sur, destruyó el casco antiguo y dejó miles de personas sin hogar. La reconstrucción posterior modernizó la ciudad, abriendo amplias avenidas y reorganizando el tejido urbano, lo que dio lugar al Santander que hoy conocemos.

Su patrimonio refleja tanto su pasado histórico como su vocación marítima y cultural. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo gótico, se alza sobre una antigua iglesia románica; su cripta, la del Cristo, conserva restos medievales de gran valor. El Palacio de la Magdalena, símbolo indiscutible de la ciudad, se levanta en una península rodeada por el mar, con jardines, acantilados y una panorámica única de la bahía. Hoy es sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que atrae cada verano a estudiantes y académicos de todo el mundo. Entre los edificios civiles destacan el Banco Santander, cuya sede monumental en el Paseo de Pereda se ha convertido en un icono urbano, y el Gran Casino del Sardinero, ejemplo del modernismo elegante de principios del siglo XX. Otros espacios culturales de relevancia son el Centro Botín, obra del arquitecto Renzo Piano, que combina arte contemporáneo, cultura y ocio en el corazón del puerto, y el Museo Marítimo del Cantábrico, dedicado a la historia y la biología del mar que ha definido la identidad santanderina. Los parques y playas completan su patrimonio natural: el Parque de Mataleñas, el Parque de las Llamas y las playas de El Sardinero, La Magdalena o Los Peligros son espacios emblemáticos.

Históricamente, la economía de Santander se ha apoyado en tres pilares fundamentales: el puerto, la pesca y el comercio. Su puerto sigue siendo uno de los más activos del Cantábrico, especializado en tráfico de automóviles, contenedores y graneles. También mantiene conexiones regulares con puertos británicos y europeos, lo que refuerza su papel logístico y estratégico. El sector servicios, con especial protagonismo del turismo, ha adquirido una importancia creciente desde mediados del siglo XX. La ciudad ofrece una combinación de playas, patrimonio cultural y oferta gastronómica que atrae tanto al turismo nacional como internacional. La restauración, la hostelería y el comercio son, hoy en día, grandes generadores de empleo.

Además, Santander se ha posicionado como un centro de innovación y conocimiento. La Universidad de Cantabria, junto con centros de investigación y empresas tecnológicas, ha fomentado el desarrollo de sectores vinculados a la ingeniería, las energías renovables y las finanzas. En este último ámbito, el Banco Santander —fundado en la ciudad en 1857— constituye una de las mayores entidades financieras del mundo, con un enorme peso en la economía local y global.

El sector pesquero y las industrias conserveras, aunque han perdido parte de su protagonismo tradicional, siguen formando parte de la identidad económica y cultural de la región. En los últimos años, se han impulsado iniciativas orientadas al turismo sostenible, la economía azul y la digitalización de servicios urbanos, enmarcadas en el proyecto “Smart Santander”, que busca convertir la ciudad en un referente europeo de innovación urbana.

Hoy la lluvia ha sido la protagonista de la jornada...

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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viernes, 31 de octubre de 2025

142 - Laredo / Santoña / Noja / Castillo / San Miguel de Meruelo / Bareyo / Güemes


Queridos amigos,

Saliendo de Hazas de Liendo, dos horas de viaje caminando junto al mar me llevan a Laredo. Un trayecto realmente espléndido. Esta es una de las villas más emblemáticas de la costa oriental de Cantabria, situada a orillas del mar Cantábrico y protegida por el monte Buciero y la bahía de Santoña. Su historia se remonta a la Edad Media, aunque la zona estuvo habitada desde tiempos prerromanos. El nombre de Laredo aparece documentado por primera vez en el siglo XI, y ya en el siglo XIII el rey Alfonso VIII le otorgó el título de villa, junto con una serie de privilegios que la convirtieron en uno de los principales puertos del norte peninsular.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, Laredo formó parte del Cuatro Villas de la Costa del Mar, junto con Santander, Castro Urdiales y San Vicente de la Barquera. Estas villas gozaban de fueros y derechos comerciales que las situaban en el centro del comercio marítimo entre Castilla y Europa. Desde su puerto partían mercancías como lana, hierro o madera hacia Flandes e Inglaterra, y regresaban barcos cargados de tejidos, vino o especias. Además, Laredo fue uno de los puntos de partida de Carlos I hacia Flandes en 1517, lo que subraya su importancia política y estratégica.

El casco histórico de Laredo, conocido como la Puebla Vieja, es su principal tesoro patrimonial. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, conserva el trazado medieval de calles estrechas y empedradas, salpicadas de casas nobles, escudos heráldicos y balcones de madera. En él destacan monumentos como la iglesia de Santa María de la Asunción, una magnífica muestra del gótico cántabro iniciada en el siglo XIII, que guarda en su interior un valioso retablo flamenco del siglo XV. También son notables las antiguas murallas, la Casa de las Cuatro Témporas, la Casa de los Gutiérrez Rada o la Casona de Zarauz.

Junto a su patrimonio histórico, Laredo cuenta con un entorno natural privilegiado. Su playa de La Salvé, con más de cuatro kilómetros de arena fina, es una de las más extensas del norte de España y un referente turístico desde el siglo XIX, cuando la villa comenzó a atraer visitantes por su clima, su belleza y su ambiente veraniego. La zona del Puntal y las marismas de Santoña, Victoria y Joyel conforman además un espacio protegido de alto valor ecológico, donde conviven numerosas especies de aves migratorias.

Laredo ha evolucionado a lo largo de los siglos. Tradicionalmente, la pesca fue su principal medio de subsistencia; su puerto, activo y bien situado, sustentó una potente flota pesquera y una industria conservera que aún hoy tiene presencia. Con el paso del tiempo, el turismo se ha convertido en el motor económico de la villa, especialmente durante los meses de verano. Hoteles, restaurantes y actividades náuticas dan vida a su litoral, mientras que la agricultura y la ganadería mantienen un papel secundario en su entorno rural.

Actualmente, combina su pasado marinero con un presente abierto al turismo, los servicios y la cultura. Cada año celebra fiestas de gran arraigo como la Batalla de Flores, declarada de Interés Turístico Nacional, que llena las calles de color y música. La villa sigue siendo, como lo fue en la Edad Media, una puerta abierta al mar y un símbolo del carácter atlántico y hospitalario de Cantabria.

Dejo atrás esta localidad para dirigirme a Santoña a bordo de una de las barcas que realizan el trayecto entre ambas márgenes de la ría de Treto, entre el Puntal de Laredo y el puerto de Santoña.

A mi llegada, encuentro una ciudad bulliciosa, en contraste con Laredo. Me hallo en una de las localidades más importantes del litoral cántabro, situada al este de la región, a orillas de una amplia bahía que comparte con Laredo y rodeada por el monte Buciero, que le otorga una silueta inconfundible. Su ubicación estratégica, protegida y con un puerto natural, ha determinado su historia desde la Antigüedad hasta nuestros días.

Los orígenes de Santoña se remontan a la época romana, cuando ya existía un asentamiento conocido como Portus Victoriae Iuliobrigensium, relacionado con la actual bahía. Sin embargo, el verdadero auge de la villa comenzó en la Edad Media. En el siglo X se fundó el monasterio de San Salvador, núcleo en torno al cual creció el primitivo poblado. En el siglo XIII, Santoña recibió el fuero de las Cuatro Villas de la Costa del Mar —junto con Santander, Laredo y San Vicente de la Barquera—, integrándose así en una importante red de puertos que comerciaban activamente con el norte de Europa.

Durante la Edad Moderna, Santoña consolidó su papel como puerto pesquero y defensivo. En los siglos XVII y XVIII, debido a su posición estratégica en la costa cantábrica, fue fortificada para proteger la bahía de incursiones extranjeras. De este periodo proceden muchas de las construcciones militares que aún se conservan, como el Fuerte de San Martín, el Fuerte de San Carlos y el Fuerte del Mazo (también conocido como “El Dueso”). Estas fortificaciones forman parte del principal patrimonio histórico de la villa y ofrecen un testimonio excepcional de la arquitectura militar costera.

En el casco urbano destacan también la iglesia de Santa María del Puerto, una joya del arte románico-gótico, originaria del siglo XIII y vinculada al antiguo monasterio fundacional. En su interior se conservan interesantes tallas y un bello retablo mayor. La villa cuenta, además, con una arquitectura civil de gran interés, como las casas solariegas de los siglos XVIII y XIX, y un paseo marítimo que refleja la prosperidad de Santoña durante la época moderna.

No obstante, si hay un elemento que define la identidad de Santoña es su relación con el mar. Desde tiempos antiguos, la pesca y la elaboración de productos del mar han sido los principales medios de vida de sus habitantes. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la llegada de empresarios italianos introdujo nuevas técnicas de conservación del pescado, especialmente de la anchoa en salazón y en aceite, lo que dio origen a una industria conservera que convirtió a Santoña en un referente mundial. A día de hoy, las conserveras de anchoa siguen siendo el motor económico y el símbolo de la villa, reconocidas por la calidad artesanal de sus productos.

En las últimas décadas, el turismo y los servicios asociados han adquirido también gran importancia, impulsados por el atractivo natural del entorno: las marismas de Santoña, Victoria y Joyel, declaradas Parque Natural, forman uno de los humedales más valiosos del norte de España y refugio de aves migratorias. Además, la cercanía del monte Buciero ofrece rutas de senderismo que combinan paisaje, historia y naturaleza.

Hoy, es una localidad dinámica que ha sabido conservar su espíritu marinero. Sus calles, su puerto y su tradición conservera conviven con la vida turística y cultural, manteniendo viva la esencia de un pueblo que mira al mar como fuente de historia, riqueza y orgullo.

Estando en Santoña, deseo poner en valor a uno de sus hijos más ilustres, si no el que más: Juan de la Cosa. Fue uno de los marinos y cartógrafos más destacados de la Era de los Descubrimientos. Nació en Santoña, Cantabria, hacia 1460, y dedicó su vida al mar, convirtiéndose en una figura clave en las primeras exploraciones del Nuevo Mundo. Aunque su nombre no es tan célebre como el de Cristóbal Colón o Américo Vespucio, su aportación al conocimiento geográfico y a la expansión ultramarina española fue decisiva.

De la Cosa comenzó su carrera como navegante y propietario de naves en el comercio atlántico. En 1492 formó parte de la primera expedición de Colón, siendo el dueño y maestre de la carabela La Santa María, la nao capitana del viaje que culminó con el descubrimiento de América. Cuando el navío encalló en las costas de La Española, Juan de la Cosa fue uno de los hombres que ayudaron a construir el fuerte de La Navidad, primer asentamiento español en el Nuevo Mundo.

Participó también en el segundo viaje colombino (1493-1496), y su experiencia acumulada en aquellas travesías le convirtió en una figura de confianza para los Reyes Católicos. En los años siguientes navegó al servicio de diversos exploradores, como Alonso de Ojeda y Rodrigo de Bastidas, explorando amplios tramos de las costas de Venezuela, Colombia y Panamá. Fue precisamente junto a Ojeda y con la compañía de Américo Vespucio cuando recorrió el litoral norte de Sudamérica en 1499, un viaje fundamental para el conocimiento de aquellas tierras.

Su fama, sin embargo, se cimentó sobre todo en su labor como cartógrafo. En 1500 elaboró su célebre mapa mundi, conocido como el “Mapa de Juan de la Cosa”, considerado el primer mapamundi que representa las costas del continente americano. Este documento, dibujado sobre pergamino y conservado hoy en el Museo Naval de Madrid, constituye una de las joyas de la cartografía universal. En él se combinan la tradición medieval con los nuevos descubrimientos, mostrando el esfuerzo por comprender un mundo en expansión.

En años posteriores, Juan de la Cosa continuó navegando y explorando al servicio de la Corona española, participando en nuevas expediciones al Caribe y Tierra Firme. En 1509 acompañó a Alonso de Ojeda en su última campaña en las costas de la actual Colombia, donde perdió la vida en combate contra los indígenas en las cercanías de Turbaco.

Su legado perdura como el de un hombre de acción y de ciencia. Juan de la Cosa encarna la figura del marino renacentista: intrépido, práctico y a la vez profundamente consciente de la trascendencia de su tiempo, cuando el mundo se abría ante los ojos de Europa y el mapa del planeta comenzaba a tomar la forma que hoy conocemos.

Dos horas más de viaje me llevan a la tercera localidad de importancia que visitaré en el día de hoy: Noja, una villa costera situada en la comarca de Trasmiera, en el oriente de Cantabria. Sus orígenes se remontan a la Edad Media. Aparece citada por primera vez en documentos del siglo XI, cuando formaba parte de las propiedades del monasterio de Santa María del Puerto (Santoña). Durante siglos fue una pequeña comunidad agrícola y pesquera dentro de la Merindad de Trasmiera, territorio que destacó por la habilidad de sus canteros y maestros de obra, muchos de los cuales participaron en la construcción de catedrales y monasterios por toda España. Noja obtuvo el título de villa en 1644, otorgado por el rey Felipe IV, lo que marcó su consolidación como núcleo independiente y con autonomía administrativa.

En el ámbito del patrimonio histórico y artístico, Noja conserva diversos elementos de interés. Destaca la iglesia parroquial de San Pedro, de origen medieval pero reformada en el siglo XVII. También son notables las casas solariegas y torreones de las familias hidalgas que residieron en la zona, como la Casa del Marqués de Velasco o el palacio de los Venero, ejemplos de la arquitectura señorial montañesa. En el entorno natural, sobresalen sus dos famosas playas —Ris y Trengandín—, separadas por el monte Brusco, y las marismas de Victoria y Joyel, integradas en el Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, uno de los humedales más importantes del norte de España por su biodiversidad.

Noja ha experimentado una profunda transformación a lo largo del último siglo. Tradicionalmente, sus habitantes se dedicaron a la pesca artesanal, la agricultura y la ganadería, actividades que marcaron su ritmo cotidiano hasta mediados del siglo XX. Sin embargo, a partir de los años sesenta, el municipio vivió un fuerte auge del turismo, convirtiéndose en uno de los destinos más populares de Cantabria durante la temporada estival. La belleza de sus playas, su entorno natural protegido y su oferta hostelera atrajeron a visitantes de toda España, lo que impulsó la construcción de alojamientos, restaurantes y servicios.

Hoy en día, el turismo y los servicios asociados son el pilar fundamental de la economía local, complementados por la actividad pesquera y por un incipiente sector vinculado al comercio y a la hostelería de calidad.

Después de atravesar San Miguel de Meruelo, finalizo la jornada en Güemes (pedanía de Bareyo). Esta pequeña población tiene una historia que se remonta a la Edad Media, cuando aparece mencionada en documentos vinculados al monasterio de Santa María del Puerto, en Santoña. Durante siglos, fue una pequeña comunidad agrícola dentro de la Merindad de Trasmiera, región conocida por sus canteros y artesanos que participaron en la construcción de importantes obras religiosas y civiles por toda España.

Su patrimonio histórico y artístico se centra en la iglesia parroquial de San Vicente Mártir, un edificio de origen medieval. También es conocida la Ermita de San Julián, situada en un paraje natural espléndido, desde donde se divisan amplias vistas de la costa.

En las últimas décadas, el desarrollo del turismo rural ha adquirido importancia, gracias a su cercanía a las playas de Ajo y Galizano y a su oferta de alojamientos rurales. Asimismo, la localidad es conocida por el Albergue de Güemes, fundado por el sacerdote Ernesto Bustio, que se ha convertido en un referente del Camino de Santiago del Norte y en símbolo de hospitalidad y solidaridad. Un lugar muy especial, donde tengo el privilegio de alojarme.

Lo que hace especial este lugar no es sólo su función como alojamiento, sino su modelo basado en la hospitalidad. No se trata solo de “pasar la noche”, sino de formar parte de una comunidad, en un entorno que invita a la reflexión. Como se suele decir de este albergue: «una utopía hecha realidad». Con el Padre Ernesto, un hombre totalmente lúcido a sus 88 años de edad, he tenido la oportunidad de conversar durante largo tiempo, además de escuchar atentamente sus sabios consejos.

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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jueves, 30 de octubre de 2025

141 - Ontón / Mioño / Castro-Urdiales / Cerdigo / Islares / El Pontarrón de Guriezo / Liendo


Queridos amigos,

Antes de emprender una nueva jornada, desayuno en compañía de Manolo, en el único bar abierto a estas horas de la mañana: La cueva de Drake. Como decía en el post de ayer, una persona con una visión de la vida muy similar a la mía. ¡Gracias Manolo!

Tras de ascender un graderío de escaleras, accedo a un espléndido paseo acondicionado por toda la costa. A lo largo del recorrido puedo contemplar numerosos cargaderos de mineral, asentados en los acantilados junto al mar. Estos enclaves fueron, en la pasada época industrial, puntos neurálgicos de carga y descarga de hierro y otros materiales, donde los buques atracaban para abastecerse o descargar sus mercancías. Hoy, personas con sensibilidad y memoria histórica están recuperando y poniendo en valor estos vestigios del pasado, integrándolos en el patrimonio de Bizkaia para que las generaciones futuras conozcan, comprendan, y valoren la importancia de este legado.

En este paseo marítimo me cruzo con personas que aprovechan las primeras horas del día para hacer deporte o simplemente dar un tranquilo paseo. De pronto, veo a una joven de unos treinta años, con un problema de obesidad muy importante. Se acerca corriendo como buenamente puede, sin que pueda evitar un sentimiento hacia ella, mezcla de empatía y tristeza.

Esa escena me hace reflexionar sobre la importancia de actuar desde el primer eslabón, desde el primer minuto. En el caso de esta mujer, ha debido transcurrir bastante tiempo sin que tomase medidas —desde un peso “normal” hasta la obesidad—, y me pregunto: ¿por qué es tan común en el ser humano demorar aquello que debe hacerse? ¿Por qué resulta tan habitual no emprender lo necesario, sobre todo cuando está en juego nuestra salud y bienestar?.

Esta falta de voluntad puede aplicarse a innumerables situaciones: en nuestra propia salud (por ejemplo, dejar de fumar), en el ámbito laboral (aceptando injusticias que deberíamos detener desde el inicio), o en la sociedad en la que vivimos (soportando corrupción, injusticias o conformándonos con servicios mediocres). Cuando algo no favorece nuestro crecimiento o mejora como personas, debemos levantarnos, plantar cara a la situación y actuar cuanto antes, en el minuto uno.

Tres horas de caminata ininterrumpida me sitúan en Castro-Urdiales. Antes habré dejado atrás dos pequeñas pedanías de esta ciudad: Ontón, situada en el extremo oriental de Cantabria; y Mioño, igualmente ubicada en un entorno natural marcado por el mar Cantábrico, los acantilados de Dícido y el verde de las colinas circundantes.

El gran cambio en la historia de Mioño llegó a partir del siglo XIX, con la explotación minera del hierro. El subsuelo de la zona contenía importantes filones, especialmente en el monte Dícido, donde se instaló una intensa actividad minera. En 1868 se construyó un cargadero de mineral que permitía embarcar directamente el hierro en los buques fondeados en la costa. Este sistema —una estructura metálica que se adentraba en el mar— es hoy uno de los principales símbolos patrimoniales de Mioño y un ejemplo del patrimonio industrial del norte de España.

El Cargadero de Dícido es el elemento patrimonial más representativo de Mioño. El actual fue reconstruido en 1938 tras la destrucción del original, diseñado en 1895 por el ingeniero francés Gustave Eiffel. La estructura, de acero y hormigón, se alza sobre el mar como un monumento a la era industrial y está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por el Gobierno de Cantabria.

Por otra parte, Castro-Urdiales, municipio al que pertenecen estas pedanías, es una villa costera con alrededor de 34.000 habitantes, situada en el extremo oriental de Cantabria, en la frontera con el País Vasco. Su historia se remonta a la época romana, cuando se fundó la colonia de Flaviobriga en el siglo I d. C. Este asentamiento se dedicaba principalmente a actividades portuarias y comerciales, y sus restos arqueológicos —como mosaicos, termas y estructuras urbanas— aún se conservan en parte bajo el actual casco antiguo.

Tras la caída del Imperio romano, la villa mantuvo su importancia como núcleo costero y en la Edad Media pasó a formar parte del Reino de Castilla, con privilegios de villa concedidos en el siglo XII. A partir de entonces, Castro-Urdiales se consolidó como un puerto pesquero y comercial relevante del Cantábrico.

Su patrimonio histórico y arquitectónico es uno de los más destacados de Cantabria. El edificio más representativo es la iglesia gótica de Santa María de la Asunción, construida entre los siglos XIII y XV, considerada una de las mejores muestras del gótico en el norte de España. Junto a ella se encuentra el castillo-faro de Santa Ana, fortaleza medieval adaptada en el siglo XIX para albergar un faro, y la ermita de Santa Ana, un pequeño templo situado sobre un promontorio unido por el llamado Puente Medieval o Romano, que completa el conjunto monumental más emblemático de la villa.

En el casco antiguo también destacan las casas de pescadores, las murallas medievales y el ayuntamiento barroco, así como un entramado urbano que conserva el trazado original de la villa marinera.

En cuanto a sus medios económicos, tradicionalmente Castro-Urdiales ha estado ligada al mar y la pesca, especialmente la captura de anchoas y bonito, junto con la industria conservera, que tuvo un gran desarrollo entre los siglos XIX y XX. En las últimas décadas, la economía se ha diversificado: el turismo se ha convertido en un sector fundamental, gracias a su patrimonio, su puerto deportivo y sus playas (como Brazomar y Ostende), mientras que el sector servicios y la construcción también tienen un peso importante.

Además, su proximidad a Bilbao ha favorecido un notable crecimiento demográfico y urbanístico, ya que muchos habitantes trabajan en el País Vasco y residen en Castro-Urdiales, que actúa como ciudad dormitorio sin perder su identidad cántabra. En conjunto, Castro-Urdiales combina un importante legado histórico con una economía moderna basada en el turismo, los servicios y su tradicional vínculo con el mar.

Aprovecho mi paso por esta ciudad para acercarme a la maravillosa iglesia de Santa María y dedicar un momento de recogimiento en su interior en memoria de mi querido amigo Ángel, fallecido en esta localidad el pasado año, en el mes de julio. Después, tengo la oportunidad de desayunar con Mari Jose, quien fue su esposa.

Desde este punto, emprendo viaje hacia Cerdigo e Islares, ambas pequeñas pedanías de Castro-Urdiales. En Islares he tenido la suerte de comer estupendamente en el restaurante “La Abuela Santa”. Cocina tradicional y muy bien atendido por una señora de Azerbaijan con la que he tenido la oportunidad de conversar durante largo rato.

Dicen que «saco vacío se inclina y lleno se tumba». Supongo que algo así me ha sucedido en el tiempo que he necesitado para situarme en El Pontarrón de Guriezo —la capital administrativa del valle de Valle de Guriezo, en el extremo oriental de Cantabria, cerca de la frontera con Bizkaia y a pocos kilómetros de Castro‑Urdiales.

El nombre “Pontarrón” proviene del gran puente de piedra que cruza el río Agüera y que, desde la Edad Media, sirvió como paso fundamental entre Cantabria y el País Vasco. Ese puente, y la actividad comercial que generaba el tránsito de mercancías y viajeros, marcaron el origen del actual núcleo.

El valle de Guriezo aparece documentado ya en la Edad Media como parte del corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar, bajo jurisdicción del Reino de Castilla. Su historia está ligada a las actividades agropecuarias, la explotación de hierro y el transporte de mineral hacia los puertos cercanos de Castro-Urdiales y Ontón. Durante los siglos XVIII y XIX, el Pontarrón se consolidó como un pequeño centro administrativo y comercial del valle, donde se concentraban el ayuntamiento, las escuelas y los principales servicios. En el siglo XX, su situación estratégica junto a la carretera nacional N-634 —que une Santander con Bilbao— reforzó su papel como punto de comunicación y paso entre ambas Comunidades.

El patrimonio más emblemático del Pontarrón es precisamente el Puente Viejo sobre el río Agüera, del que toma su nombre. Se trata de una construcción de piedra de origen medieval, con varios arcos que durante siglos fue el principal paso sobre el río en la zona. Aunque ha sido restaurado en distintas épocas, conserva su estructura tradicional y es uno de los símbolos del valle.

Y por fin, Liendo, el final de la jornada. Este municipio se halla situado en la comarca de la Costa Oriental de Cantabria, a unos 57 km de la capital autonómica, Santander. Está encajado entre el valle y la costa, con una geografía que mezcla praderas, montes suaves y un litoral de acantilados.

La actividad agrícola y ganadera ha estado presente históricamente, al igual que la pesca y las labores vinculadas al mar, aunque en menor escala que en otros municipios litorales con playas extensas. Con el paso del tiempo, su cercanía a municipios más turísticos como Castro‑Urdiales o Laredo ha favorecido cierto efecto de transición: de pueblo agrícola/pesquero hacia destino de naturaleza, turismo tranquilo y calidad de vida. En el municipio se pueden admirar numerosas viviendas de gran calidad, mansiones podría decirse.

Si tuviera que resumir/definir la travesía realizada hoy, lo haría con una sola palabra: Bellísima.

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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miércoles, 29 de octubre de 2025

140 - Barakaldo / Sestao / Portugalete / Gallarta / Pobeña


Queridos amigos,

Tras una jornada de pausa para acudir a una revisión médica programada, retomo el camino hacia Oviedo desde Donostia / San Sebastián; en concreto, el tramo comprendido entre Bilbao y Santander, donde realizaré una nueva escala de un día.

Desde Bilbao se puede avanzar hacia el oeste por tres rutas: siguiendo ambas márgenes de la ría del Nervión o internándose tierra adentro. Opto por esta última alternativa con el propósito de recorrer el mayor número posible de localidades. Después de unas tres horas de caminata, alcanzo la primera de ellas: Barakaldo

Situada en la margen izquierda de la ría, esta ciudad, con más de 100.000 habitantes, es la segunda más poblada de Bizkaia después de Bilbao y forma parte del área metropolitana del Gran Bilbao. Su desarrollo histórico está íntimamente vinculado al proceso de industrialización del País Vasco y a las profundas transformaciones sociales y económicas que trajo consigo.

Los orígenes de Barakaldo se remontan a la Edad Media, cuando era una pequeña zona rural compuesta por caseríos dispersos dedicados a la agricultura y la ganadería. Durante siglos, el municipio formó parte de las anteiglesias de Bizkaia, bajo la denominación de Anteiglesia de San Vicente de Barakaldo.

Un hecho especialmente reseñable de la historia de Barakaldo es su papel clave durante la industrialización del País Vasco a finales del siglo XIX y comienzos del XX, especialmente con la creación en 1902 de Altos Hornos de Vizcaya (AHV). Esta empresa, resultado de la fusión de varias siderurgias más pequeñas, llegó a ser la mayor industria siderúrgica de España y uno de los motores económicos de Bizkaia durante casi todo el siglo XX. Su instalación en Barakaldo transformó completamente el municipio. Pasó de ser una zona rural a una ciudad obrera e industrial de primer orden, atrajo a miles de trabajadores de toda España, lo que provocó un fuerte crecimiento demográfico y una gran diversidad cultural y configuró una identidad colectiva muy ligada al trabajo industrial, la solidaridad y el movimiento obrero.

Otro hecho destacable fue el cierre definitivo de Altos Hornos en 1996, que marcó el fin de una era y dio inicio a un ambicioso proceso de reconversión urbana y económica. Tras la desindustrialización, Barakaldo ha experimentado una profunda reconversión económica. Actualmente, su economía se basa principalmente en el sector servicios, el comercio y las actividades vinculadas al ocio y la cultura.

La ciudad conserva varios testimonios de su pasado histórico e industrial. Entre los más destacados se encuentran:
  • La iglesia de San Vicente Mártir, de origen medieval.
  • El Jardín Botánico Ramón Rubial, un espacio verde de gran valor ambiental, con más de 300 especies de árboles y plantas de todo el mundo.
  • El Puente de Rontegi, símbolo de la conexión metropolitana con Bilbao y otras localidades vecinas.
  • El Edificio Ilgner, antiguo centro de formación de Altos Hornos de Vizcaya, hoy rehabilitado como centro de empresas e innovación.
  • El Palacio Munoa, una elegante residencia burguesa del siglo XIX rodeada de un extenso parque, antigua propiedad de la familia Chávarri.
En la actualidad, el Centro Comercial Max Center, el BEC (Bilbao Exhibition Centre) —uno de los recintos feriales más importantes del norte de España— y la amplia oferta de servicios públicos y privados han impulsado la creación de empleo en áreas como el comercio, la hostelería y los servicios profesionales.

Alejada cuarto kilómetros se encuentra Sestao, una ciudad hermana, podríamos decir. Limita con Barakaldo y forma parte del núcleo histórico de la industrialización vasca. Aunque su extensión es reducida —apenas 3,5 km²—, su historia y su identidad están profundamente ligadas a la industria siderúrgica y al movimiento obrero del siglo XX.

Los orígenes de Sestao se remontan a la Edad Media. En sus primeros siglos de existencia, la zona estaba poblada por caseríos dispersos dedicados a la agricultura, la ganadería y la pesca en la ría. Sin embargo, su transformación radical llegó en el siglo XIX con el auge de la Revolución Industrial en Bizkaia.

La abundancia de mineral de hierro en los montes de Triano y la cercanía al puerto de Bilbao convirtieron Sestao en un lugar estratégico para la implantación de la industria pesada. En 1882 se instaló la Sociedad de Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, que más tarde se fusionaría con otras empresas para dar lugar, en 1902, a Altos Hornos de Vizcaya (AHV). Su enorme factoría, situada en los terrenos de Sestao y Barakaldo, fue el corazón industrial de la margen izquierda durante casi un siglo.

La ciudad creció vertiginosamente: miles de trabajadores, muchos procedentes de otras regiones de España, se asentaron en el municipio, dando lugar a una sociedad de carácter obrero y solidario, con una fuerte conciencia de clase. Durante el siglo XX, Sestao vivió intensamente los conflictos laborales, las huelgas y las reivindicaciones sociales.

El cierre progresivo de las industrias siderúrgicas en los años 80 y 90 supuso una grave crisis económica y social. No obstante, en las últimas décadas, Sestao ha iniciado un proceso de reconversión urbana, buscando nuevos horizontes en los sectores tecnológicos, medioambientales y de servicios.

Aunque es principalmente una ciudad de origen industrial, conserva varios elementos patrimoniales y espacios emblemáticos que reflejan su historia y su identidad:
  • La Iglesia de San Pedro Apóstol, construida entre los siglos XIX y XX, es el principal templo religioso del municipio.
  • Los restos de los Altos Hornos de Vizcaya, especialmente el Horno Alto nº 1, restaurado y convertido en símbolo del pasado siderúrgico de la comarca, hoy forma parte del patrimonio industrial vasco.
  • El Ayuntamiento de Sestao, edificio de estilo neoclásico inaugurado en 1903, representa la etapa de consolidación del municipio como núcleo urbano independiente.
  • El Parque de la Benedicta, un amplio espacio verde junto a la ría, ocupa terrenos donde antes se encontraban instalaciones industriales, y hoy es uno de los principales puntos de ocio y encuentro ciudadano.
  • El barrio de Kueto y las antiguas viviendas obreras, que conservan parte de la arquitectura popular vinculada a los primeros trabajadores industriales.
La economía de Sestao ha pasado por una profunda transformación. Durante gran parte del siglo XX, el sector industrial —especialmente el siderúrgico y el naval— fue su principal fuente de empleo y riqueza. Sin embargo, tras el cierre de Altos Hornos y otras fábricas en las décadas finales del siglo XX, el municipio afrontó un proceso de reconversión difícil.

En la actualidad, los principales medios de vida se concentran en el sector servicios, el comercio local y actividades relacionadas con la reparación naval y la industria ligera. Destaca la actividad en los astilleros de La Naval, que aunque han sufrido altibajos, siguen siendo un referente histórico de la construcción naval vasca.

Además, Sestao forma parte de diversos proyectos de regeneración urbana y económica impulsados por la Ría 2000 y el Plan Urban, que buscan transformar antiguos espacios industriales en zonas residenciales, tecnológicas y medioambientales.

Prácticamente adosada a Sestao se halla la villa de Portugalete. Con algo más de 45.000 habitantes, es uno de los municipios más emblemáticos de la comarca, tanto por su historia ligada al comercio marítimo como por su notable patrimonio cultural y arquitectónico.

Fue fundada en 1322 por María Díaz de Haro, señora de Bizkaia, con el objetivo de crear un puerto comercial que compitiera con el de Bilbao, entonces en auge. Su nombre proviene del término “Portu Galete”, que podría traducirse como “puerto hermoso” o “puerto pequeño”.

Durante la Edad Media y la Edad Moderna, Portugalete prosperó gracias a la navegación y el comercio marítimo, aprovechando su estratégica posición en la desembocadura de la ría. El puerto jarrillero (nombre con el que se conoce popularmente a sus habitantes, “jarrilleros”) fue punto clave en el intercambio de hierro, lana, vino y otros productos con distintos puertos del Cantábrico y del norte de Europa.

En el siglo XIX, con la industrialización de Bizkaia, Portugalete experimentó una profunda transformación. Aunque el auge de las fábricas y astilleros se concentró en municipios vecinos antes mencionados, la villa se convirtió en un centro residencial y de veraneo de la burguesía bilbaína, que construyó en ella elegantes edificios y paseos.

Portugalete conserva un valioso conjunto histórico-artístico que refleja su evolución desde la época medieval hasta la modernidad:
  • Puente Colgante o Puente Bizkaia (1893): símbolo por excelencia de la villa y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2006. Fue el primer puente transbordador del mundo construido en estructura metálica, diseñado por el ingeniero Alberto de Palacio, discípulo de Gustave Eiffel. Une Portugalete con Getxo y representa una de las grandes obras de la ingeniería industrial del siglo XIX.
  • Basílica de Santa María, construida entre los siglos XV y XVII, destaca por su monumental portada.
  • Casco histórico, con calles empedradas, soportales y casas nobles que conservan el trazado original medieval.
  • Torre de Salazar, edificio fortificado del siglo XV que perteneció a una de las familias más influyentes de la villa, hoy convertida en museo y centro cultural.
  • Paseo de la Canilla y muelles de la ría, que ofrecen vistas panorámicas del Puente Colgante y del paisaje industrial y marítimo de la margen izquierda.
  • Parque de la Florida y Casa consistorial, ejemplos del esplendor urbanístico del siglo XIX.
A diferencia de sus vecinas Barakaldo o Sestao, Portugalete no desarrolló una industria pesada de gran escala, lo que le permitió mantener un carácter más residencial y comercial. Hoy en día, su economía se basa principalmente en el sector servicios, especialmente el comercio, la hostelería y el turismo.

Antes de continuar hacia la siguiente localidad, quiero dejar constancia de mi afecto y gratitud hacia los numerosos compañeros de trabajo de estas tres localidades con quienes tuve el privilegio de compartir, durante décadas, una intensa vida laboral e industrial. A todos ellos los llevo en el recuerdo y en el corazón.

Gallarta, la cuarta población que visito en el día de hoy, es la capital del municipio de Abanto y Ciérvana-Abanto Zierbena, situada en la comarca de la Margen Izquierda del Nervión, en Bizkaia, dentro del área metropolitana de Bilbao. Aunque hoy es una localidad moderna y residencial, su identidad está profundamente marcada por la minería del hierro, que durante más de un siglo fue el motor económico y social de toda la zona.

Sus orígenes se remontan a tiempos antiguos, pero su desarrollo urbano y económico está estrechamente ligado a la explotación minera de los montes de Triano, una de las cuencas mineras más importantes de Europa durante los siglos XIX y XX.

A finales del siglo XIX, con la industrialización del País Vasco y el auge de la siderurgia, Gallarta se convirtió en el epicentro de la minería del hierro en Bizkaia. De sus minas —como Bodovalle, San Luis o La Concha II— se extraía el mineral que abastecía a las grandes empresas siderúrgicas de la ría, entre ellas Altos Hornos de Vizcaya. Esta actividad transformó profundamente la vida del municipio.

A mediados del siglo XX, la intensificación de la minería a cielo abierto provocó un hecho singular: el antiguo núcleo urbano de Gallarta fue literalmente demolido y trasladado unos cientos de metros más allá, para permitir la expansión de las explotaciones. La actual Gallarta fue reconstruida en la década de 1950 sobre una nueva ubicación. El cierre de las minas en los años 80 marcó el fin de una época.

Su patrimonio está íntimamente vinculado a su pasado minero, conservando varios elementos que recuerdan su papel en la historia industrial de Bizkaia:
  • Museo de la Minería del País Vasco (Euskal Herriko Meatzaritzaren Museoa): inaugurado en 1986, es el principal centro de interpretación de la historia minera vasca. En él se exponen herramientas, fotografías, maquetas y testimonios sobre la vida de los mineros y la transformación del paisaje. Un lugar muy interesante para visitar.
  • Antiguas explotaciones mineras, como el corte de Bodovalle, un enorme cráter resultado de las extracciones a cielo abierto, que hoy constituye un impresionante testimonio paisajístico del pasado minero.
  • Iglesia de San Antonio de Padua, situada en el nuevo núcleo urbano, construida tras el traslado de la localidad.
  • Monumentos y esculturas dedicadas a los mineros, como el Monumento al Minero en el centro de Gallarta, que rinde homenaje a quienes trabajaron en las duras condiciones de las minas.
  • Rutas mineras y miradores, que permiten recorrer los restos de infraestructuras mineras —vías, planos inclinados, hornos de calcinación— integradas en el paisaje natural.
Tras el cierre de las minas, la economía de Gallarta y de todo Abanto Zierbena ha experimentado una importante reconversión. Hoy, los principales medios de vida se basan en:
  • El sector servicios, incluyendo el comercio local, la hostelería y los servicios públicos.
  • El sector industrial y logístico, gracias a la cercanía con los polos industriales de la Margen Izquierda y el puerto de Bilbao.
  • El turismo cultural y patrimonial, centrado en la memoria minera y en el Museo de la Minería, que atrae visitantes de todo el País Vasco.
  • En menor medida, la construcción y las actividades tecnológicas y medioambientales, impulsadas por programas de regeneración de antiguos suelos industriales.
Algo más de treinta kilómetros de caminata me llevan finalmente a Pobeña, el final de la jornada. Este es un barrio perteneciente al municipio de Muskiz, en la provincia de Bizkaia. Las primeras referencias escritas lo sitúan en el año 1102, cuando la noble Eli Velázquez donó la iglesia de Santa María de “Pubeia” junto con sus derechos portuarios al monasterio de San Millán de la Cogolla.

Durante buena parte de su historia fue un pequeño núcleo marinero-rural, hasta que en el siglo XIX entró de lleno en la era industrial. Su costa al mar Cantábrico, la presencia de mineral de hierro en la zona y la instalación de infraestructuras mineras convirtieron a Pobeña en un enclave significativo para la minería del hierro en la margen occidental vizcaína. En esa etapa, se construyeron cargaderos de mineral sobre los acantilados, líneas aéreas de transporte del mineral, lavaderos, y se transformó el paisaje rural e incluso costero original.

En las últimas décadas, Pobeña ha vivido una reconversión hacia el turismo, los servicios y la recuperación del patrimonio industrial, además de conservar su carácter costero y natural. Señalar como principales elementos patrimoniales:
  • Ermita de Nuestra Señora del Socorro: Construida en 1768 por promesa del capitán Pedro de Llano tras salvarse de una tormenta; se ubica junto a la playa de La Arena, en un promontorio rocoso sobre la marisma.
  • Iglesia de San Nicolás de Bari (Pobeña): Edificada en 1750 gracias al legado del arzobispo Pedro de la Quadra y Achiga.
  • Vestigios de la minería del hierro: En Pobeña y sus alrededores se conservan restos de cargaderos de mineral, lavaderos, líneas de cable aéreo y plataformas de carga agrícola/minera. Por ejemplo: el cargadero de “El Castillo” y la ruta peatonal que aprovecha la antigua vía minera.
Hoy comparto estancia con dos personas de Alemania: Andrea y Heike. Y también con Manolito (así le gusta que le llamen), nuestro anfitrión. Con él he compartido un buen rato de conversación. Tenemos en común nuestra vida laboral en la industria, además de una mirada muy similar hacia la vida.

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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lunes, 27 de octubre de 2025

139 - Larrabetzu / Lezama / Zamudio / Bilbao


Queridos amigos,

Antes de emprender el trayecto hasta la localidad de  Larrabetzu dejo una muestra de agradecimiento a los dueños de la Casa Rural y Albergue Turístico “Pozueta” donde he estado alojado, por su atención y amabilidad.

Larrabetzu es un pequeño municipio de dos mil habitantes situado en Bizkaia. Diversos documentos acreditan su fundación en el siglo XIV, concretamente en el año 1376. Sin embargo, en la zona hay presencia mucho más antigua: por ejemplo, la iglesia de Iglesia de San Emeterio y San Celedonio tiene raíz en el siglo IX, ligada a la tradición de las iglesias “juraderas” del antiguo señorío de Bizkaia. Durante la Edad Media, se benefició de su posición en una de las rutas de peregrinación del Camino de Santiago de la Costa, lo que favoreció el tránsito de personas, cultura y comercio.

A pesar de su reducido tamaño, el patrimonio de Larrabetzu combina arquitectura tradicional vasca, palacios rurales y construcciones religiosas de valor. Señalar como elementos más destacados:
  • Su casco histórico fue declarado Bien Cultural, categoría “Conjunto Monumental”, en 1994. En el mismo destacan dos palacios: el Palacio de Icaza, del siglo XV; y el Palacio de Anguleri, que mezcla tipología de caserío vasco con palacio.
  • La Iglesia de San Emeterio y San Celedonio es otra construcción importante.
  • El entorno rural también forma parte de su patrimonio: los numerosos caseríos tradicionales —baserriak— han sido objeto de estudio local. Por ejemplo, se ha publicado un libro que recoge la historia de 162 caseríos del municipio, desde los más antiguos del siglo XVI.
Uno de los pilares más destacados de su economía es la viticultura y el enoturismo. En el municipio se encuentra la Bodega Gorka Izagirre, una empresa familiar dedicada a la producción de txakolí, el vino blanco típico del País Vasco, que ha alcanzado un notable reconocimiento por la calidad de sus productos. Larrabetzu forma parte, además, de los municipios incluidos en la denominación de origen Txakolí de Bizkaia, lo que refuerza su papel dentro de este sector.

Tras una breve pausa para desayunar emprendo viaje a la que será la segunda localidad a visitar en el día de hoy: Lezama. Situada en el valle del Txorierri, sus orígenes se remontan a tiempos medievales: la existencia de torres de linaje y casas solares señala la presencia de familias nobiliarias desde épocas antiguas. Por ejemplo, la Torre de Lezama, según la documentación, ya aparece ligada al siglo XIV. Durante la Edad Media y la Edad Moderna, Lezama se desarrolló como anteiglesia (una entidad tradicional vasca) con una estructura rural consistente, vinculada al caserío vasco, a la agricultura y a la nobleza local. En tiempos más recientes, el municipio ha experimentado transformaciones gracias a su cercanía a Bilbao, con mejoras de comunicaciones y servicios.

Además de la Torre de Lezama, anteriormente mencionada, cabe destacar entre sus elementos patrimoniales la Iglesia de Santa María (siglo XIII), y diversas casas solariegas: el municipio conserva múltiples casas de linaje y caseríos tradicionales dispersos por su territorio, lo que da al paisaje un carácter muy vinculado a la tradición vasca. Añadir, el Humilladero del Santo Cristo (siglo XVII), señalado como uno de los más bellos de la zona.

En referencia a su economía, Lezama combina la tradición agraria con funciones modernas derivadas de su proximidad al área metropolitana de Bilbao. La agricultura, horticultura y viticultura continúan teniendo un peso significativo en la economía local. Aunque no sea un gran centro industrial, su entorno rural alberga numerosas explotaciones agrarias y hortícolas, así como bodegas dedicadas al vino con denominación de origen Bizkaiko Txakolina.

Por otro lado, la proximidad a Bilbao ha favorecido el desarrollo de servicios vinculados al entorno metropolitano y al ámbito deportivo. Lezama acoge infraestructuras deportivas de primer nivel, entre las que destacan las instalaciones de la cantera de futbol del Athletic Club, generadoras de empleo directo e indirecto. Un lugar que frecuenté durante la época en que mi sobrino Andoitz fue jugador de este club.

Apenas un par de kilómetros me separan de la tercera población a visitar: Zamudio. Al igual que Lezama, se halla situada en el valle del Valle del Txorierri. Las primeras noticias documentadas sitúan la creación de la parroquia de San Martín de Arteaga en el año 930 y la existencia de la “Torre de Zamudio” como núcleo noble en esa época. Durante siglos Zamudio desarrolló un carácter rural, con caseríos, agricultura y ganadería, formando su identidad tradicional vasca. A partir de los años 70-80 comenzó a transformarse debido a la llegada de la industria, la construcción de viviendas y la reducción del peso del caserío como modo de vida principal. Hoy Zamudio queda definida por una fuerte presencia tecnológica e industrial.

Esta localidad presenta un caso relevante en Bizkaia por su altísimo nivel de renta per-cápita y por su tejido económico. El Parque Científico y Tecnológico de Bizkaia, ubicado en Zamudio, es un polo de I+D que agrupa numerosas empresas de tecnología, investigación e innovación. Debido a esta presencia, la localidad mantiene el mayor PIB per-cápita de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Además de la industria tecnológica, el municipio dispone de comercio local y servicios tanto para la población residente como para las empresas allí instaladas. Este municipio ejemplifica la transformación de un entorno rural tradicional a un centro de actividad tecnológica e industrial de primer nivel.

El esfuerzo realizado desde primera hora de la mañana ha comenzado a pasar factura y aún queda un largo recorrido y desnivel para situar mi cansado cuerpo en el centro del universo, al menos del mundo conocido: Bilbao. Subiendo las empinadas laderas, el sudor cae ante mí como si de una cascada se tratara. Me ha costado tanto ascender al monte Abril que bien puedo asegurar que he llegado a primeros de mayo. Una vez en la ciudad, visito la Basílica de Nuestra Señora de Begoña, patrona de Bizkaia, con el fin de recuperar el agua bendita perdida en el trayecto.

Bilbao, capital de Bizkaia y principal ciudad del País Vasco, fue fundada oficialmente el 15 de junio de 1300 por Don Diego López V de Haro, señor de Bizkaia, quien otorgó a la villa su carta fundacional. Este documento establecía el núcleo original en la margen derecha de la ría del Nervión, en torno a la actual calle Somera del Casco Viejo. Desde el principio, su posición estratégica —en el estuario navegable que conectaba con el mar Cantábrico— convirtió a Bilbao en un punto clave para el comercio marítimo y el transporte de mercancías hacia Castilla.

Durante los siglos XIV y XV, la villa prosperó como puerto comercial. Se exportaba lana castellana y hierro vizcaíno, mientras llegaban productos del norte de Europa. En 1511, la reina Juana I de Castilla (Juana la Loca) le otorgó privilegios que reforzaron su papel económico, lo que permitió que Bilbao se convirtiera en el puerto más importante del Cantábrico.

En los siglos XVIII y XIX, Bilbao experimentó un gran crecimiento con el comercio ultramarino y, sobre todo, con la industrialización. El hierro y el acero de Bizkaia alimentaron altos hornos, astilleros y fábricas que transformaron el paisaje. Surgieron barrios obreros, bancos (como el Banco de Bilbao, precursor del actual BBVA) y una burguesía poderosa que impulsó la expansión urbana.

Sin embargo, el auge industrial trajo conflictos. Bilbao fue escenario clave en las Guerras Carlistas (siglo XIX): la villa fue sitiada en varias ocasiones. En el sitio de 1874, durante la Tercera Guerra Carlista, Bilbao resistió heroicamente el asedio, y su liberación por el general Serrano el 2 de mayo de 1874 se celebra aún como una de las fechas simbólicas de la historia local.

En el siglo XX, la ciudad se convirtió en el motor económico del País Vasco gracias a la industria pesada, los astilleros y la minería. Pero a finales de siglo la crisis industrial golpeó duramente. A partir de los años 90, Bilbao protagonizó una reconversión urbana ejemplar: la limpieza de la ría, la construcción del Museo Guggenheim (1997), el metro diseñado por Norman Foster, la reordenación de Abandoibarra y la apuesta por la cultura y los servicios marcaron el renacimiento de la ciudad. Este proceso es conocido como el “Efecto Bilbao”, y ha sido estudiado en todo el mundo como modelo de transformación urbana.

Hoy, Bilbao combina su herencia industrial y su identidad vasca con una imagen moderna, sostenible y culturalmente activa…

¿Alguien se anima a compartir alguna jornada conmigo?
**Provincia de Bizkaia:
29/10 Miércoles......POBEÑA
**Provincia de Cantabria:
30/10 Jueves….....…MOLLANEDA
31/10 Viernes…...…GÜEMES
01/11 Sábado……….SANTANDER
02/11 Domingo…….(Sin definir)
03/11 Lunes………… SANTILLANA DEL MAR
04/11 Martes...…….COMILLAS

“Uno es más que cero”

Un abrazo, 
Jon 

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