Queridos amigos,
Tras despedirme de Ronny, mi compañero ecuatoriano, retomo el viaje por la regeneración política en España, sin imaginar lo complicado que se tornará el día. Me acompaña una inquietud persistente: no tengo aún un lugar donde pasar la noche.
Después de varias horas de caminata entre vías pecuarias y paisajes industriales, llego a la primera parada de la jornada: Fuentes de Ebro.
La historia de este pequeño municipio se remonta a la época romana. Durante la Edad Media, formó parte del Reino de Aragón y fue un enclave estratégico por su cercanía a Zaragoza, participando en distintos momentos de conflicto y reorganización territorial. En la Edad Moderna y Contemporánea, el pueblo se consolidó como núcleo agrícola, desarrollando infraestructuras y fortaleciendo su identidad local.
Entre su patrimonio destaca la Iglesia de San Miguel Arcángel, una construcción barroca del siglo XVIII. También es reseñable la Ermita de San Miguel, situada en un cerro próximo, desde donde se puede contemplar una amplia vista del valle del Ebro.
Su economía ha estado tradicionalmente vinculada al sector agrícola, siendo uno de los municipios más representativos del cultivo de cebolla dulce, que ha alcanzado reconocimiento dentro y fuera de Aragón. Este producto agrícola ha dado lugar incluso a una fiesta gastronómica y cultural en torno a la cosecha.
Desde este punto hasta la localidad de Pina de Ebro, el camino guarda muchas similitudes con el tramo anterior: un paisaje llano, vías pecuarias cubiertas de piedra suelta y zonas industriales que rompen la monotonía del entorno. Todo ello bajo el azote constante del viento del noroeste y con la creciente inquietud de no haber logrado aún un alojamiento, pese a las numerosas llamadas realizadas.
Pina de Ebro es un municipio aragonés situado en la Ribera Baja del Ebro. Su origen como núcleo urbano consolidado data de la Edad Media. Durante el periodo musulmán, Pina fue una alquería importante dentro de la estructura agrícola de al-Ándalus. Tras la reconquista cristiana en el siglo XII, pasó a formar parte del Reino de Aragón, y desde entonces mantuvo un papel relevante en la vida rural de la ribera.
En épocas posteriores, vivió un desarrollo agrícola importante, especialmente a partir de la construcción de sistemas de riego tradicionales que permitieron el cultivo intensivo en su entorno. Su historia también está ligada a los avatares del siglo XX, especialmente durante la Guerra Civil, cuando la zona fue escenario de importantes combates.
El principal patrimonio de Pina de Ebro es su Monasterio de la Asunción, una antigua abadía cisterciense femenina fundada en el siglo XIII. Este monasterio, que combina elementos góticos y renacentistas, es uno de los conjuntos monásticos más destacados del valle del Ebro. Aunque ya no está habitado por monjas, su estructura se conserva y es un testimonio vivo del papel de las órdenes religiosas en la historia rural de Aragón.También destaca la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, construida en estilo mudéjar durante los siglos XIV y XV.
Su economía se basa fundamentalmente en el sector agrícola, especialmente en el cultivo de cereales, hortalizas y frutales. La huerta tradicional sigue siendo un eje económico importante, favorecida por la fertilidad de los suelos y la existencia de acequias que riegan los campos desde tiempos antiguos.
El sector ganadero también tiene presencia, particularmente en explotaciones de porcino y avícola, que complementan la actividad agraria. En las últimas décadas, Pina ha experimentado cierto crecimiento industrial, con pequeñas empresas del sector agroalimentario, transformación de productos y logística.
La imposibilidad de encontrar alojamiento me obliga a tomar una decisión arriesgada: continuar hasta la Venta de Santa Lucía, sin tener la certeza de que allí podré pernoctar. He intentado contactar por teléfono, pero nadie responde. Aun así, decido seguir adelante.
Tres horas más tarde, los peores presagios se confirman: el establecimiento está cerrado por vacaciones. Me encuentro exhausto, sin fuerzas para continuar. No me queda más opción que regresar en autobús a Zaragoza capital. Tras numerosas llamadas, finalmente consigo un lugar donde pasar la noche.
Pero las sorpresas no terminan ahí. Al llegar, descubro que el alojamiento es, en realidad, un centro de acogida para menores migrantes no acompañados. Más tarde, converso con algunos de ellos: vienen de países como Senegal, Malí y Somalia. Todos están tutelados por Cruz Roja y proceden de centros de acogida ubicados en Las Palmas de Gran Canaria.
Mañana regresaré al punto exacto donde hoy me vi obligado a detener el camino. A estas horas de la noche, mientras escribo esta crónica, aún no sé cómo lo haré. En fin, es agosto, y esta ruta no deja de ser un reto, especialmente desde el punto de vista logístico…
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
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