Queridos amigos,
En esta primera hora de la mañana, dejo atrás Igualada con la ilusión de quien está a punto de cumplir su objetivo, de quien ha superado todas las dificultades que se han interpuesto en el camino.
Truena con fuerza mientras los rayos recorren las montañas que se alzan ante mí, como si buscaran el lugar exacto donde descargar la tormenta. En cuestión de minutos, el cielo, teñido de negro, desata un aguacero. Siento que la Virgen de Montserrat, la Moreneta, me quiere ante su presencia bien arreglado y limpio.
La lluvia arrecia justo cuando atravieso los polígonos industriales en las afueras de Igualada. Apresurado, encuentro refugio bajo la puerta metálica de una nave industrial, entreabierta —o a medio cerrar, según se mire. No pasan muchos minutos cuando alguien abre por completo el portón y, con amabilidad, me invita a entrar. Asiento con agradecimiento y me presento. Quien me recibe se llama Joan, directivo de la empresa.
Me ofrece un café y subimos juntos a la planta superior, donde se encuentran las oficinas generales. Ya con la taza en la mano, Joan me enseña las distintas dependencias y me presenta a varios empleados. Me sorprendo al descubrir que se dedican a la fabricación de piezas mediante impresión 3D, un trabajo que observo con verdadera fascinación.
Cuando la tormenta empieza a ceder, retomo el viaje, no sin antes agradecer la generosidad y atención con la que he sido acogido.
¡Gracias, Joan!
Varias horas de caminata, acompañado de pequeños aguaceros intermitentes, me acercan a la localidad de Castellolí, el “campo base” podría decirse del macizo montañoso de Montserrat. Aquí soy atendido con amabilidad y simpatía por Asun, funcionaria del ayuntamiento.
Castellolí, cuyo término aparece documentado ya en el año 961, fue conocido antiguamente como Castel Hodelino, origen del nombre actual. El castillo es mencionado en el año 1003 cuando fue atacado por los sarracenos. Durante el siglo XII, estuvo en manos de la familia Castellolí. Posteriormente, el territorio pasó a formar parte de los señoríos de Bell lloc, Jorba y finalmente Cardona, los cuales mantuvieron el control hasta el siglo XIX. En el cerro que domina el pueblo aún se conservan restos dispersos del castillo medieval.
Recientemente, el Ayuntamiento ha lanzado una creativa iniciativa para evitar el éxodo poblacional: ofrece una vivienda y un local comercial gratuitos, junto con 15 000 € para su adecuación, a quien quiera establecer un negocio (idealmente relacionado con productos de kilómetro cero) en el histórico edificio Cal Peret .
A partir de este punto, se acabaron las bromas. Hasta alcanzar el Monasterio de Montserrat serán necesarias un buen número de horas de esfuerzo continuado para salvar la considerable distancia y desnivel.
Situado en la imponente cordillera del mismo nombre, el Monasterio de Montserrat es uno de los centros espirituales y culturales más importantes de Cataluña y de España. Enclavado a 720 metros de altitud, rodeado de formaciones rocosas únicas, este monasterio benedictino es tanto un lugar de profunda espiritualidad como un símbolo de la identidad catalana. Su historia, su patrimonio y su capacidad de sostenibilidad lo convierten en un referente religioso, cultural y turístico de primer orden.
La historia del monasterio comienza en el siglo IX, cuando, según la tradición, unos pastores encontraron una imagen de la Virgen María en una cueva —la Santa Cova— guiados por una misteriosa luz. Este acontecimiento dio lugar a la construcción de una pequeña ermita que, con el tiempo, se convertiría en un gran centro espiritual.
En 1025, el abad Oliba, figura clave del monacato catalán y de la cultura medieval, fundó el monasterio benedictino de Montserrat. Bajo la regla de San Benito, la comunidad creció en número e influencia, convirtiéndose en un importante foco de peregrinación, oración y conocimiento.
Durante los siglos XVI y XVII, Montserrat vivió una etapa de esplendor, pero también de pruebas: fue parcialmente destruido por las tropas napoleónicas en el siglo XIX y más tarde afectado por conflictos civiles y políticos. A pesar de ello, el monasterio fue restaurado y reafirmó su papel como símbolo de la fe, la lengua y la cultura catalana, especialmente durante el franquismo, cuando se convirtió en refugio y defensor del catalanismo espiritual.
Una de las figuras más influyentes de la historia cristiana, San Ignacio de Loyola, también dejó una profunda huella en Montserrat, a pesar de su breve estancia. En marzo de 1522, tras sufrir una grave herida en la pierna durante la Batalla de Pamplona y pasar por una intensa experiencia espiritual durante su convalecencia, Ignacio emprendió una peregrinación hacia Tierra Santa. Antes de seguir su camino, hizo una parada clave en Montserrat, atraído por la devoción a la Virgen y la fama del monasterio. Durante los tres días que pasó allí:
- Realizó una confesión general por escrito, guiado por un monje benedictino.
- Depositó su espada y sus ropas de caballero ante la Virgen de Montserrat, como signo de renuncia a su antigua vida.
- Pasó una noche entera en vigilia y oración ante la imagen de la Virgen, en un acto simbólico comparable a la velada de armas de un caballero medieval, pero al servicio de Dios.
El patrimonio del Monasterio es realmente impresionante y extenso:
- La Virgen de Montserrat (“La Moreneta”). La devoción mariana es el núcleo espiritual del monasterio. La talla de la Virgen de Montserrat, del siglo XII, es una imagen románica de madera oscura que le valido el apelativo de La Moreneta, patrona de Cataluña desde 1881 y centro de constante peregrinación.
- La Basílica. Con un estilo que combina elementos góticos y renacentistas, la actual basílica fue reconstruida tras las destrucciones del siglo XIX. Alberga la imagen de la Virgen y es escenario diario de misas y cantos litúrgicos.
- La Escolanía de Montserrat. Una de las escolanías más antiguas de Europa, con registros desde el siglo XIII. Este coro de niños cantores interpreta cánticos gregorianos y polifónicos durante la misa del mediodía, y es uno de los grandes orgullos culturales del monasterio. He tenido el privilegio de oírles cantar después de los actos de las Vísperas Solemnes, sobre las 19:30h. Todo un lujo.
- El Museo de Montserrat. Ofrece una colección de arte de altísimo nivel, con obras de Caravaggio, El Greco, Monet, Picasso, Dalí, Chagall y otros, así como arte antiguo del Próximo Oriente y Egipto. Un reflejo del compromiso del monasterio con la cultura y la educación.
- El entorno natural. La montaña de Montserrat es también patrimonio espiritual y natural. Su paisaje abrupto y rocoso alberga rutas de senderismo, miradores, ermitas y cuevas que refuerzan la dimensión contemplativa del lugar.
De la mano de Concepción, mi anfitriona en Montserrat, he tenido el privilegio de mantener una larga y enriquecedora conversación con el Padre Juan María, monje benedictino, quien ha certificado mi cumplimiento de la Vía Ignaciana entre Azpeitia y Montserrat. A lo largo de nuestro diálogo, he podido descubrir numerosos puntos en común en nuestra manera de entender la vida. Nos despedimos con un abrazo. Ha sido, sin duda, un verdadero privilegio disfrutar de esta pequeña recepción privada.
Por todo ello, Montserrat no es solo un destino turístico o de fe, sino un lugar donde la historia, la naturaleza, la cultura y la transformación espiritual confluyen de forma única.
Hoy me acuesto con la emoción de todo lo vivido en este lugar realmente extraordinario….
“Uno es más que cero”
Un abrazo,
Jon
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